Yo y tú de martín buber

Martin Buber: Yo y Tu Traduccion de Horacio Crespo. Ed. Nueva Vision, Buenos Aires, 1969 Seleccion por Enrique Eskenazi Para el hombre el mundo tiene dos aspectos, en conformidad con su propia doble actitud ante el. La actitud del hombre es doble en conformidad con la dualidad de las palabras fundamentales que pronuncia. Las palabras fundamentales del lenguaje no son vocablos aislados, sino pares de vocablos. Una de estas palabras primordiales es el par de vocablos Yo-Tu. La otra palabra primordial es el par Yo-Ello, en el que El o Ella pueden reemplazar a Ello.

De ahi que tambien el Yo del hombre sea doble. Pues el Yo de la palabra primordial Yo-Tu es distinto del Yo de la palabra primordial Yo-Ello. Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones. Las palabras primordiales no expresan algo que pudiera existir independientemente de ellas, sino que, una vez dichas, dan lugar a la existencia. Esas palabras primordiales son pronunciadas desde el Ser. Cuando se dice Tu, se dice al mismo tiempo el Yo del par verbal Yo-Tu. Cuando se dice Ello, se dice al mismo tiempo el Yo del par verbal Yo-Ello.

La palabra primordial Yo-Tu solo puede ser pronunciada por el Ser

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entero. La palabra primordial Yo-Ello jamas puede ser pronunciada por el Ser entero. No hay Yo en si, sino solamente el Yo de la palabra primordial Yo-Tu y el Yo de la palabra primordial Yo-Ello. Cuando el hombre dice Yo, quiere decir uno de los dos. El Yo al que se refiere esta presente cuando dice Yo. Tambien cuando dice Tu o Ello, esta presente el Yo de una u otra de las palabras primordiales. Ser Yo y decir Yo son una sola y misma cosa. Decir Yo y decir una de las palabras primordiales son lo mismo.

Quien pronuncia una de las palabras primordiales penetra en esta palabra y se instala en ella. La vida de los seres humanos no se reduce solo al circulo de los verbos transitivos. No existe solamente en virtud de actividades que tienen por objeto alguna cosa. Percibo algo. Tengo la experiencia de algo. Imagino algo. Quiero algo. Siento algo. La vida del ser humano no consiste solamente en todas estas cosas y en otras semejantes a ellas. Todas estas cosas y otras similares a ellas dan fundamento al reino del Ello. Pero el reino del Tu tiene una base diferente.

Cuando se dice Tu, quien lo dice no tiene ninguna cosa como su objeto. Pues donde hay una cosa, hay otra cosa. Cada Ello confina con otros; Ello no existe sino porque esta limitado por otros Ello. Pero cuando uno dice Tu, no tiene en vista cosa alguna. Tu no tiene confines. Cuando se dice Tu, para quien lo dice no hay ninguna cosa, nada tiene. Pero si esta en una relacion. Se dice que el hombre posee una experiencia del mundo al que pertenece. ?Que significa esto? El hombre explora la superficie de las cosas y las experimenta. Extrae de ellas un saber relativo a su constitucion; adquiere de ellas experiencia.

Experimenta lo que pertenece a las cosas. Pero las experiencias solas no acercan el mundo al hombre. Pues el mundo que ellas le ofrecen solo esta compuesto de esto y de aquello, de El y de Ella, y de Ella y Ello. Tengo la experiencia de algo. Nada cambiara con agregar a las experiencias “externas” las experiencias internas, segun una distincion en ningun modo eterna, que nace de la necesidad que la especie humana tiene de hacer menos agudo el misterio de la muerte. ?Cosas externas o cosas internas, no son sino cosas y cosas! Tengo la experiencia de algo.

Nada cambiara la situacion si anadimos “secretos” a las experiencias “visibles”, segun esa presuntuosa sabiduria que conoce en la cosa un compartimiento cerrado y reservado solamente a los iniciados y del cual se tiene la llave. ?Oh secreto sin misterio! ?Oh amontonamiento de informacion! ?Ello, siempre Ello! El hombre que tiene experiencia de las cosas no participa en absoluto en el mundo. Pues es “en el” donde la experiencia surge, y no entre el y el mundo. El mundo no tiene parte en la experiencia. Se deja experimentar, pero no compromete su interes.

Pues esta experiencia nada le agrega y nada agrega a la experiencia. En cuanto experiencia, el mundo pertenece a la palabra primordial Yo–Ello. La palabra primordial Yo-Tu establece el mundo de la relacion. Tres son las esferas en que surge el mundo de la relacion. La primera es la de nuestra vida con la naturaleza. La relacion es alli oscuramente reciproca y esta por debajo del nivel de la palabra. Las criaturas se mueven en nuestra presencia, pero no pueden llegar a nosotros, y el Tu que les dirigimos llega hasta el umbral del lenguaje. La segunda esfera es la vida con los hombres.

La relacion es alli manifiesta y adopta la forma del lenguaje. Alli podemos dar y aceptar el Tu. La tercera esfera es la comunicacion con las formas inteligibles. La relacion esta alli envuelta en nubes, pero se devela poco a poco; es muda, pero suscita una voz. No distinguimos ningun Tu, pero nos sentimos llamados y respondemos, creando formas, pensando, actuando. Todo nuestro ser dice entonces la palabra primordial, aunque no podamos pronunciar Tu con nuestros labios. ?Pero que derecho tenemos de integrar lo inefable en el mundo de la palabra fundamental?

En las tres esferas, gracias a todo lo que se nos torna presente, rozamos el ribete del Tu eterno, sentimos emanar un soplo que llega de El; cada Tu invoca el Tu eterno, segun el modo propio de cada una de las esferas. Considero un arbol. Puedo encararlo como a un cuadro; pilar rigido bajo el asalto de la luz, o verdor resplandeciente, suavemente inundado por el azul argentado que le sirve de fondo. Puedo percibirlo como movimiento: red hinchada de vasos ligados a un centro fijo y palpitante, succion de as raices, respiracion de las hojas, incesante intercambio con la tierra y el aire… ese oscuro crecimiento mismo. Puedo clasificarlo en una especie y estudiarlo como un ejemplar tipico de su estructura y de su modo de vida. Puedo deshacer su presencia y su forma al extremo de no ver en el mas que la expresion de una ley; de una de las leyes en virtud de las cuales siempre concluye por resolverse un conflicto permanente de fuerzas, o de leyes de acuerdo con las cuales se produce la mezcla y la disociacion de las materias vivientes. Puedo volatilizarlo y conservarlo solo como u n numero o una pura relacion numerica.

A pesar de ello, el arbol sigue siendo mi objeto, ocupa un lugar en el espacio y en el tiempo y conserva su naturaleza y constitucion. Pero tambien puede ocurrir que por un acto de voluntad o por inspiracion de la gracia, al considerar este arbol yo sea conducido a entrar en relacion con el. Entonces el arbol deja de ser un Ello. Me ha captado la potencia de su exclusividad. Para esto no es necesario que yo renuncie a alguno de los modos de mi contemplacion. Nada hay de lo cual deba hacer abstraccion para verlo, nada debo olvidar de lo que sepa.

La imagen y el movimiento, la especie, el ejemplar, la ley y el numero se hallan indisolublemente unidos en esta relacion. Todo lo que pertenece al arbol esta ahi. Su forma y su estructura, sus colores y su composicion quimica, su intercambio con los elementos del mundo y con las estrellas, todo esta presente en una totalidad unica. El arbol no es solo una impresion, ni un juego de mi imaginacion, ni un valor dependiente de mi estado de animo. Erige frente a mi su realidad corporal, tiene que ver conmigo como yo con el, pero de una manera distinta.

No procureis debilitar el sentido de esta relacion; toda relacion es reciproca. ?Tendra este arbol una conciencia, y una conciencia similar a la nuestra? De tal cosa no tengo experiencia. Pero, porque aparentemente teneis exito al hacerlo con vosotros mismos, ? volvereis a intentar la descomposicion de lo indescomponible? Quien se hace presente a mi no es el alma ni la driada del arbol, sino el arbol mismo. Cuando colocado en presencia de un hombre que es mi Tu, le digo la palabra fundamental Yo-Tu, el no es ya una cosa entre las cosas, ni se compone de cosas.

Este ser humano es El o Ella, limitado por otros El o Ella, un punto destacado del espacio y del tiempo y fijo en la red del universo. No es un modo del ser perceptible, descriptible, un haz flojo de cualidades definidas, sino que, sin vecinos y fuera de toda conexion, el es el Tu y llena el horizonte. No es que nada existe fuera de el; pero todas las cosas viven a su luz. La melodia no se compone de sonidos ni el verso de palabras ni la estatua de lineas, sino que solo mediante desgarraduras se llega hacer de su unidad una multiplicidad; lo mismo acontece con el hombre a quien digo Tu.

Puedes abstraer de el el color de su cabello, o el color de sus frases, o el matiz de su bondad. Estoy sin cesar obligado a hacerlo. Pero cada vez que lo hago deja de ser Tu. Y asi como la plegaria no tiene existencia en el tiempo, sino el tiempo en la plegaria; asi como el sacrificio no tiene existencia en el espacio, sino el espacio en el sacrificio, y que invirtiendo esta relacion se llega a abolir la realidad, asi tambien no descubro al hombre que llamo Tu en ningun tiempo y en ningun lugar determinado. Puedo situarlo en ellos, estoy sin cesar obligado a hacerlo, pero desde entonces es un El o Ella, esto es, un Ello, y no mas mi Tu.

Mientras se despliega sobre mi cabeza el cielo del Tu, los vientos de la causalidad se aplastan bajo mis talones, y el torbellino de la fatalidad se detiene. Del hombre a quien llamo Tu no tengo un conocimiento empirico. Pero estoy en relacion con el en el santuario de la palabra primordial. Solamente cuando salgo de este santuario lo conozco de nuevo por la experiencia. La experiencia es el alejamiento del Tu. La relacion puede existir aunque el hombre a quien digo Tu no lo sepa en su experiencia. Pues el Tu es mas que lo que el Ello conoce.

El Tu es mas activo y experimenta mas de lo que el Ello tiene consciencia. Ninguna decepcion tiene acceso aqui; aqui esta la cuna de la Vida Verdadera. He aqui la fuente eterna del arte; a un hombre se le presenta una forma que desea ser fiada. Esta forma no es producto de su alma, es una aparicion de fuera que se le presenta y le reclama su fuerza eficiente. Se trata de un acto esencial del hombre; si lo realiza, si con todo su Ser dice la palabra primordial a la forma que se le aparece, entonces brota la fuerza eficiente, la obra nace. El acto envuelve un sacrificio y un riesgo.

El sacrificio: la infinita posibilidad inmolada en el altar de la forma. Sera menester arrasar todo lo que hasta ese momento aparecia en la perspectiva. Nada de ello penetrara en la obra. Asi ha de ser por una exigencia de exclusividad. El riesgo: la palabra primordial solo puede ser dicha por el Ser entero; quien se decida a decirla nada puede reservar de si. La obra no tolera, como lo hacen el arbol y el hombre, que yo me aparte y descanse en el mundo del Ello; pues es la obra la que manda. Si no la sirvo bien , ella se quiebra o me quiebra a mi. No puedo ni onocer por la experiencia ni describir esa forma que se me aparece; solo puedo realizarla. Y sin embargo, la contemplo esplendida en el radiante brillo de lo que me confronta, mas clara que toda la claridad del mundo empirico. No la contemplo como una cosa entre las cosas “interiores”, ni como una construccion de mi “fantasia”, sino como la presencia. Si se le aplica el criterio de la objetividad, esta forma no tiene existencia. Mas ? que hay que sea tan presente como ella? Y la relacion en que me encuentro actua sobre mi como yo actuo sobre ella.

Actuar es crear; inventar es encontrar; dar una forma es descubrir. Al crear descubro. Introduzco a forma en el mundo del Ello. La obra producida es una cosa entre cosas, una suma de cualidades; es, entonces, experimentable y descriptible. Pero a quien la contempla y la crea, ella puede algunas veces reaparecersele en la plenitud de su forma corporizada. -? Cual es, entonces, la experiencia que uno puede tener del Tu? -Ninguna. Pues no se puede experimentarlo. -Entonces ? que se sabe del Tu? -Todo o nada. Pues no se sabe nada parcial a su respecto.

El Tu viene a mi a traves de la gracia; no es buscandolo como lo encuentro. Pero el dirigirle la palabra primordial es un acto de mi ser; es, en verdad, el acto de mi ser. El Tu llega a mi encuentro. Pero soy yo quien entro en relacion directa, inmediata, con el. Asi la relacion significa elegir y ser elegido; es un encuentro a la vez activo y pasivo. La accion del ser total suprime las acciones parciales y, por lo tanto, las sensaciones de accion, todas ellas fundadas en el sentimiento de un limite; esta accion se asemeja entonces a la pasividad.

La palabra primordial Yo-Tu solo puede ser dicha con la totalidad del ser. La concentracion y la fusion en todo el ser nunca pueden operarse por obra mia, pero esta concentracion no puede hacerse sin mi. Me realizo al contacto del Tu; al volverme Yo, digo Tu. Toda vida verdadera es encuentro. La relacion con el Tu es directa. Entre el Yo y el Tu no se interpone ningun sistema de ideas, ningun esquema y ninguna imagen previa. La memoria misma se transforma en cuanto emerge de su fraccionamiento para sumergirse en la unidad de la totalidad.

Entre el Yo y el Tu no se interponen ni fines, ni placer, ni anticipacion. El deseo mismo cambia cuando pasa de la imagen sonada a la imagen aparecida. Todo medio es un obstaculo. Solo cuando todos los medios estan abolidos, se produce el encuentro. El presente, y esto no significa el instante puntual que meramente designa en nuestro pensamiento el termino del tiempo “transcurrido”, la sola apariencia de una detencion en este fluir, sino el instante realmente presente y pleno, solo existe si hay presencia, encuentro y relacion.

La presencia nace cuando el Tu se torna presente. El Yo de la palabra primordial Yo-Ello, el Yo no confrontado por un Tu concreto, sino rodeado por una multitud de “contenidos”, no tiene presente, sino solamente pasado. Dicho de otra manera, en la medida en que el hombre se satisface con las cosas que experimenta y utiliza, vive en el pasado, y su instante esta desnudo de presencia. Solo tiene objetos, y los objetos subsisten en el tiempo que ha sido. El presente no es algo fugitivo, pasajero, sino algo continuamente persistente y duradero.

El objeto no es duracion, sino cesacion, detencion, interrupcion, corte, tiesura, ausencia de relacion y de presencia. Los seres verdaderos son vividos en el presente, la vida de los objetos esta en el pasado. Esta dualidad esencial no se supera invocando un “mundo de ideas”, que seria una tercera realidad, colocada por encima de las contradicciones. Pues no hablo sino del hombre real, de ti y de mi, de nuestra vida y de nuestro mundo, no hablo de un Yo en si ni de un ser en si mismo. Para el hombre real, la linea divisoria atraviesa tambien el mundo de las ideas.

Sin duda, mas de un hombre que en el mundo de las cosas se satisface con el conocimiento empirico y el uso que hace de ellas, se ha construido por sobre el mismo un sistema y una estructura de ideas donde encuentra refugio y paz de la agresion de la nada. Deposita en el umbral la vestidura de su mediocre vida cotidiana. Se envuelve en lino inmaculado y se regala con el espectaculo del ser primordial o del ser necesario; pero su vida no participa de eso y hasta puede encontrar agrado en proclamarlo.

Pero la humanidad del mero Ello, tal como un hombre asi puede imaginarla, postularla y ensenarla, nada tiene en comun con una humanidad viviente en la que el hombre dice Tu con todo su ser. La ficcion, por noble que sea, solo es un fetiche; la creencia mas sublime, si es ficticia, resulta depravada. Las ideas no estan entronizadas por encima de nuestra cabeza mas de lo que habitan en ellas; vagan entre nosotros y se dirigen a nosotros. ?Desdichado aquel que descuida decirles la palabra primordial, y pobre de aquel que para hablarles emplea un concepto o una formula como si fuese su nombre!

En uno de los ejemplos es obvio que la relacion directa implica una accion sobre lo que me confronta. En el arte el acto del ser determina la situacion en la cual la forma se convierte en una obra. La simple coexistencia adquiere todo su sentido en el encuentro; entra en el mundo de las cosas para prolongar alli su accion al infinito, para tornarse infinitamente en Ello, pero tambien infinitamente Tu, para comunicar la inspiracion y la dicha. Ella “adquiere cuerpo”; su cuerpo emerge del flujo inespacial e intemporal, a la orilla de la existencia. El sentido de este efecto es menos evidente en la relacion con un Tu humano.

El acto esencial que crea aqui la inmediatez es lo frecuentemente interpretado erroneamente en terminos de sentimiento. Los sentimientos acompanan al hecho metafisico y metapsiquico del amor, pero no lo constituyen. Los sentimientos concomitantes pueden ser de especies muy diversas. El sentimiento de Jesus para con el poseso es otro que su sentimiento para el discipulo bienamado; pero el amor es uno. No hay en esto metafora: es la realidad. El amor no es un sentimiento que se adhiere al Yo de manera que el Tu sea su “contenido” u objeto; el amor esta entre el Yo y el Tu.

Quien no sepa esto, y no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que experimenta, que siente, que goza y que expresa. El amor es una accion cosmica. Para quien habita en el amor y contempla en el amor, los hombres se liberan de todo lo que los mezcla a la confusion universal; buenos y malvados, sabios y necios, bellos y feos, todos, uno despues de otro, se tornan reales a sus ojos, se tornan otros tantos Tu, esto es, seres liberados, determinados, unicos; los ve a cada uno cara a cara.

De una manera maravillosa surge de vez en cuando una presencia exclusiva. Entonces puedo ayudar, curar, educar, elevar, liberar. El amor es la responsabilidad de un Yo por un Tu. En esto reside la igualdad entre aquellos que se aman, igualdad que no podria residir en un sentimiento, cualquiera que fuese, igualdad que va del mas pequeno al mas grande, del mas dichoso, del mas protegido, de aquel cuya vida entera se halla incluid en la de un ser amado, hasta aquel que toda su vida esta clavado sobre la cruz de este mundo porque pide y exige esta cosa tremenda: amar a todos los hombres.

Quede en el misterio el significado de la accion reciproca en el tercer caso; el de la criatura y nuestra contemplacion de ella. Si crees en la simple magia de la vida, si crees que se puede vivir al servicio del todo, presentiras lo que significa esta espera, este quien vive, ese “cuello tendido” de la criatura. Toda palabra falsearia los hechos; ? pero observa! : en torno de ti viven su vida seres y en cualquier punto adonde te diriges siempre llegas al ser. La relacion es mutua. Mi Tu me afecta como Yo lo afecto a el. Nuestros discipulos nos forman, nuestras obras nos edifican.

El “malvado” se torna revelador cuando la sagrada palabra primordial ha tocado su ser. ?Cuantas cosas aprendemos de los ninos y de los animales! Vivimos nuestras vidas inescrutablemente incluidos en la fluyente vida mutua del universo. -Te refieres al amor como si fuera la sola relacion entre los hombres. Mas, hablando con propiedad, ? puedes elegirlo como ejemplo unico, si tambien existe el odio? -En cuanto el amor es “ciego”, esto es, en cuanto no ve la totalidad de un ser, todavia no esta sometido a la nocion primordial de la relacion. El odio es, por su naturaleza, ciego.

Solo puede ser odiada una parte de un ser. Quien percibe un ser en su totalidad y esta constrenido a repudiarlo, no se halla mas en el reino del odio; se encuentra en el reino de la limitacion humana de la capacidad de decir Tu. Es incapaz de decir la palabra primordial al otro ser humano que lo confronta. Esta palabra envuelve coherentemente una afirmacion del ser a quien se dirige. Por eso esta obligado a renunciar a si mismo o al otro. El poder de entrar en relacion reconoce su propia relatividad en esta barrera, barrera que solamente puede ser abolida con esa misma relatividad.

Sin embargo, el hombre que experimenta inmediatamente el odio esta mas cerca de la relacion que cuando no siente ni amor ni odio. La exaltada melancolia de nuestro destino reside en el hecho de que en el mundo en que vivimos todo Tu se torna invariablemente en Ello. Es indiferente el grado de exclusividad en que el Tu se hallaba presente. Desde que se ha agotado la obra de la relacion, o desde que ella ha sido contaminada de mediatez, el Tu se vuelve un objeto entre objetos, quizas el objeto principal, pero un bjeto en todo caso, fijado en su tamano y en sus limites. En la obra de arte, la realizacion de cierto sentido significa perdida de realizacion en otro. La intuicion verdadera pasa en tiempo breve; luego la vida natural que se me habia revelado en el misterio de la accion reciproca se ha vuelto descriptible, descomponible, clasificable. Ya es solo el punto de interseccion de innumerables sistemas de leyes. Y el amor mismo no puede mantenerse en la inmediatez de la relacion; dura, pero con una alternancia de actualidad y de latencia.

El ser humano que habia sido unico e incondicionado, no algo al alcance de la mano, sino presente, no es susceptible de ser experimentado, sino realidad plena, se ha vuelto un El o un Ella, una suma de cualidades, una cierta cantidad con cierta forma. Ahora puedo de nuevo abstraer de el o ella el color de su cabello, el color de sus dichos y el matiz de su bondad. Pero tengo esta posibilidad en tanto que ya no es mas mi Tu, y ya no puede volver a serlo. Cada Tu en el mundo esta, por su naturaleza, condenado a volverse una cosas, o por lo menos a recaer sin cesar en la condicion de cosa.

Se podria decir en lenguaje objetivo que toda cosa en este mundo puede, antes o despues de que se ha hecho cosa, aparecer a un Yo como su Tu. Pero el lenguaje objetivo nunca capta mas que un jiron de la vida real. El Ello es la eterna crisalida, el Tu es la mariposa eterna. Mas no siempre los estados se distinguen netamente, sino que a menudo hay un proceso profundamente dual, confusamente intrincado. La diferencia fundamental entre las dos palabras primordiales se pone de manifiesto en la historia del hombre primitivo.

Ya en el fenomeno de relacion elemental pronuncia la palabra Yo-Tu con una naturalidad que precede a lo que cabe llamar visualizacion de las formas, esto es, antes de conocerse a si mismo como un Yo. En cambio, la palabra primordial Yo-Ello, solo se torna posible una vez adquirido este conocimiento, una vez efectuado el aislamiento del Yo. La primera palabra primordial ciertamente puede descomponerse en Yo y Tu, pero no ha nacido de la reunion de ambos; es por su indole anterior al Yo. La segunda palabra primordial Yo-Ello ha nacido de la union del Yo y del Ello; por su indole es posterior al Yo.

Las experiencias de relacion del hombre en el tiempo mas lejano no eran blandas y placenteras. fueron, en verdad, violencia ejercida sobre un ser que se ofrece realmente a la experiencia y no una sombra de solicitud hacia numeros sin rostro. A partir de esa violencia hay un camino que conduce a Dios. A partir de esa solicitud hay una ruta hacia la nada. La realidad de la palabra primordial Yo-Tu nace de una vinculacion natural; la realidad de la palabra primordial Yo-Ello nace de una distincion natural.

El hombre que se ha hecho consciente del Yo, el hombre que dice Yo-Ello, se coloca ante las cosas como observador, en vez de colocarse frente a ellas para el viviente intercambio de la accion reciproca. Inclinado sobre las cosas, con la lupa objetivadora de su mirada de miope, y ordenandolas una a una en un panorama, gracias al telescopio objetivador de su mirada de presbite, las aisla para considerarlas sin ningun sentimiento de exclusividad, o las dispone en un esquema de observacion sin ningun sentimiento de universalidad.

Solo podra encontrar el sentimiento de exclusividad en una relacion; el sentimiento de universalidad, solo a partir de una reaccion. Ahora por primera vez, experimenta las cosas como sumas de cualidades. Y tambien ahora por primera vez dispone las cosas en el espacio y el tiempo, en conexion causal, cada una con su lugar propio y su curso, su medida y su condicion. El Tu, es verdad, aparece en el espacio, pero aparece en ese frente a frente exclusivo en el que todo el resto de los seres solo puede servir como un fondo del cual el emerge, sin encontrar alli ni su limite ni su medida.

El Tu tambien aparece en el tiempo, pero en el instante que posee por si mismo la plenitud; no es vivido en una cadena fija y solidamente articulada, sino que es vivido en una duracion cuya dimension puramente intensiva solo se define en terminos que le son propios. Finalmente, el Tu aparece simultaneamente actuando y sujeto a accion, pero no esta comprometido en una cadena de causas. Pues la relacion de reciprocidad en que esta con el Yo es al tiempo el origen y el fin del fenomeno. Una de las verdades fundamentales del mundo es: solo el Ello puede ser dispuesto dentro de un orden.

Cuando dejan de ser nuestro Tu para tornarse en nuestro Ello, las cosas se convierten en coordinables. El Tu no conoce ningun sistema de coordinacion. Mas al haber llegado a este punto, es menester tambien expresar la otra parte de la verdad basica sin la cual esta parte quedaria como un fragmento inutilizable: un mundo ordenado no es el orden del mudo. Hay momentos de profundidad silenciosa en los que mirais el orden del mundo en su plena presencia. Entonces se oye como un destello el sonido del cual el mundo “ordenado” es la notacion indescifrable.

Esos momentos son inmortales y, los mas, fugitivos. No se puede retener de ellos ningun contenido, pero su virtud se entrega en la creacion y en el conocimiento del hombre; efluvios de esta virtud penetran en el mundo “ordenado” y lo descongelan, lo licuan una y otra vez. Esto acontece en la historia del individuo y en la historia de la especie. Para el hombre el mundo es doble, en conformidad con su propia doble actitud. Percibe todo lo que le rodea, las simples cosas, los seres vivientes en cuanto cosas.

Percibe lo que ocurre en torno de si, los meros hechos y las acciones en cuanto hechos; las cosas compuestas de cualidades y los hechos compuestos de momentos; las cosas tomadas de la red del espacio, los sucesos tomados de la red del tiempo; las cosas y los hecho delimitados por otras cosas y otros hechos, mensurables entre ellos, comparables entre ellos, un mundo bien ordenado, un mundo aislado. Este mundo merece hasta cierto punto nuestra confianza. Tiene densidad y duracion. Su ordenamiento puede ser abarcado con la mirada; se lo tiene bajo la mano, se lo puede representar con los ojos cerrados y examinarlo con los ojos abiertos.

Esta siempre alli, contiguo a tu piel, si lo consientes, acurrucado en tu alma, si lo prefieres, es tu objeto, permanece siendolo mientras asi lo deseas; te es familiar, ya sea en ti o fuera de ti. Lo percibes, haces de el tu “verdad”, se deja captar, pero no se te entrega. Es el solo objeto sobre el cual puedas “entenderte” con otro; aunque se presenta diferentemente a cada uno, esta siempre pronto para servirte de objeto comun. Pero no es el lugar donde puedas encontrarte con otro. No podrias vivir sin el, su solida realidad te conserva; pero si mueres en el, tu sepulcro estara en la nada.

Por otro lado, el hombre que encara lo que existe y lo que deviene como su interlocutor, siempre lo confronta simplemente como un ser singular; y a cada cosa la confronta simplemente como un ser. Lo que existe se le descubre en el acontecer, y lo que acontece se le presenta como lo que es. Solo le esta presente esa cosa unica, pero ella implica el mundo en su totalidad. Medida y comparacion se borran; de ti depende que una parte de lo inconmensurable se vuelva para ti realidad. Esos encuentros no se ordenan de manera de formar un mundo, sino que cada uno es una senal del orden del mundo.

No estan ligados entre si, sino que cada uno te garantiza tu solidaridad con el mundo. El mundo que se te aparece bajo esta forma apenas merece tu confianza, porque continuamente adquiere otro aspecto; no puedes tomarle la palabra. No tiene densidad, pues todo en el lo penetra todo ; no tiene duracion, pues aparece sin que se le llame y se desvanece cuando se lo retiene. No puede ser examinado, y si quieres hacerlo susceptible de examen, lo pierdes. viene a ti, viene a revelarte; pero si no te alcanza y no te encuentra, se disipa; pero vuelve en otra forma. No esta fuera de ti.

Toca lo profundo de tu ser, y al llamarlo “alma de mi alma” nada de excesivo has dicho. Pero cuidate de querer transportarlo en su alma, pues lo aniquilarias. Es para ti la presencia; solo por el tienes presencia. Puedes convertirlo en un objeto para ti, puedes experimentarlo, utilizarlo. Hasta estas constrenido a hacerlo una y otra vez. Pero en cuanto lo haces, ya no tienes mas presencia. Entre el y tu hay reciprocidad de dones: le dices Tu y te das a el; el te dice Tu y se da a ti. No puedes con nadie entenderte a su respecto. En el encuentro con el, estas con el solo.

Pero el te ensena a encontrarte con otros y a sobrellevar el encuentro. Por el favor de sus apariciones y por la solemne melancolia de sus partidas, te conduce hasta el Tu en el cual las lineas paralelas de las relaciones se encuentran. Nada hace para conservarte en vida; solo te ayuda a atisbar la eternidad. El mundo del Ello es coherente en el espacio y en el tiempo. El mundo del Tu no es coherente ni en el espacio ni en el tiempo. Cada Tu, una vez transcurrido el fenomeno de la relacion, se vuelve forzosamente un Ello. Cada Ello, si entra en la relacion, puede volverse un Tu. Tales son los dos privilegios basicos del mundo del Ello.

Llevan al hombre a encarar el mundo del Ello como el mundo en el que ha de vivir y en el cual el vivir es comodo, como el mundo que le ofrece toda suerte de atractivos y de estimulos, de actividades, de conocimientos. En esta cronica de beneficios solidos, los momentos en que se realiza el Tu aparecen como extranos episodios liricos y dramaticos de un encanto seductor, ciertamente, pero que nos llevan a peligrosos extremos que diluyen la solidez del contexto bien trabado y dejan atras de ellos mas inquietud que satisfaccion, quebrantando nuestra seguridad; se los encuentra inquietantes y se los juzga inutiles.

Como es menester, despues de tales momentos, volver a la realidad, ? por que no quedar en la realidad? ?por que no llamar al orden a la aparicion que se nos presenta y enviarla de oficio hacia el mundo de los objetos? ?Por que, si uno no puede evitar decir Tu a un padre, a una mujer, a un companero, no decir Tu pensando en Ello? Producir el sonido Tu con la ayuda de los organos vocales no es, en verdad, pronunciar esa inquietante palabra fundamental. Mas aun: murmurar desde el fondo del alma un Tu amoroso es algo sin peligro si no se tiene otra intencion que la de experimentar y utilizar.

No se puede vivir en el solo presente. La vida seria devorada si no se hubieran tomado precauciones para superarlo rapidamente y totalmente. Pero es posible vivir en el pasado unicamente; mas todavia; solo en el pasado cabe organizar una vida. Para ello es suficiente dedicar todos los momentos a experimentar y a utilizar, y entonces no nos quemaran mas. Con toda la seriedad de lo verdadero has de escuchar esto: el hombre no puede vivir sin el Ello. Pero quien solo vive con el Ello, no es un hombre.