Sangre De Mestizos

Sangre De Mestizos gyzclJdD86g72S6 la, 2016 | 12 pagos TERCIANA MUDA Tarta sobre una persona que se encuentra en el Chaco y lo describe como un infierno pálido y lejano, rezando por las personas y animales que murieron en la guerra. La llanura unaerupción cutánea de tuscales, Chaco país insepulto que vuelve su alma extraviada en los montes después de un siglo, un alma que no existe un alma vacía. El alma un monstruo perdido sin rumbo al ladodel camión, hermano muerto trae la brújula y orienta al Chaco hacia la vida.

Chaco tras las guerras tus suelos pintados con marcas de buitres, rado con gritos y cañones, eres como una planta tus rosasson tus heridas maduras, tus frutos las granadas arrojadas. Ya se acaba tu paisaje Chaco puedo observar bajo los esqueletos de tus arboles esqueletos de muertos. Enciende un cigarro to View nut*ge hermano muertoen I PACE 1 or12 EL pozo Casi un año buscand gua pozo sin la certeza d en la Guerra del Cha infierno. la ti a, luego proteger ese o lo colmaba todo s. El pozo, cuento del libro Sangre de Mestizos (de Augusto Céspedes), encierra toda esa angustia.

A través del recuerdo, el suboficial Miguel Navajas

Lo sentimos, pero las muestras de ensayos completos están disponibles solo para usuarios registrados

Elija un plan de membresía
narra esa historia. Carlos Centeno tiene 95 años. En la pared de su dormitorio cuelga las fotografías de cuando era soldado. Todas están en blanco y negro y desgastadas y son una secuencia d SWipe page de los últimos días en La Paz antes de ser trasladado a la guerra. «Fuimos trasladado al infierno. Fueron tres años en los que yo estuve muerto». «1 5 de enero de 1933: Verano sin agua. En esta zona del Chaco, al norte de Platanillos casi no llueve, y lo poco que llovió se ha evaporado».

Así inicia el diario de Miguel Navajas. En él se cuenta el inicio de una tarea casi forzada para encontrar agua, cavar un ozo, mientras existe el acecho de los enemigos: paraguayos que caminan descalzos sobre la arena que refleja el sol que lo quema todo. «En el Chaco no existe nada, es un desierto en donde se te muere todo. Cuando me trasladaron fui despedido con un bolero de caballería, de esos que ponen en los funerales», dice Carlos Centeno. En Platanillos fue herido en el hombro y estuvo con fiebre por tres meses.

En sus alucinaciones siempre veía a una mujer vestida de moscas negras que revoloteaban y eran chamuscadas por el sol. A cada golpe con la pala los soldados esperaban encontrar agua. Las fechas pasaban y en el diario se muestra ese padecimiento: «18 de febrero. El chofer descamisado ha traído la mala noticia: — La cañada se acabó. Ahora traeremos agua desde «La china». 28 de abril. Pienso que hemos fracasado en las búsqueda del agua». Carlos Centeno vio morir a sus compañeros de sed. «Primero se echaban en la tierra.

Respiraban agitados. Sus labios se volvían tan blancos, tan si vida, se les partían hasta causarles llagas donde 2 OF V agitados. Sus labios se volvían tan blancos, tan si vida, se les partían hasta causarles llagas donde no salía la sangre, sino e quedaban como costras secas. Después empezaban las convulsiones y los grltos apagados y se ladeaban hacia el suelo como muñecos. Parecía una muerte falsa, de teatro». Los indios no tenían nombre en El pozo, sólo los mestizos a cargo de Miguel Navajas.

Todos ellos cavaron hasta llegar a los 40 metros de profundidad. A momentos había barro pero nada más. De alguna forma los paraguayos se enteraron de la existencia del pozo. Lo asediaron. Carlos Centeno mató a trece paraguayos. «Un muerto es dificil de llevar, trece son noches de pesadilla que no tienen final. Mi sposa a veces debe despertarme porque empiezo a gritar. Cada uno de ellos me reprocha los hijos que dejaron, sus esposas, pero lo peor de todo es que me reprochan seguir vagando por aquel desierto».

En el poema que precede a El pozo se dice que el desierto del Chaco no pertenecía a nadie hasta que el primer muerto fue enterrado por el polvo. Se dice que este cuento es una alegoría de la inutilidad de la guerra, de la animalidad de los hombres, del infierno en la tierra que tiene nombre de desierto, que tiene el nombre de la nada. Carlos Centeno dice que cuando muera no irá l cielo, sino vagará por esa llanura que le pertenece: «Me he dado cuenta que sólo soy polvo» SEIS MUERTOS EN CAMPAÑA La Guerra del Chaco es un tema intenso aborda V sólo soy polvo».

La Guerra del Chaco es un tema intenso abordado muchas veces en la literatura boliviana. La sangre derramada provocó un gran impacto en los escritores y pensadores de esa época. Augusto Céspedes se inscribe dentro de esta escritura para abrir una posibilidad de nombrar y terminar con una época de oscuridad. Seis muertos en campaña forma parte del libro Sangre de Mestizos, los títulos ponen en evidencia temas importantísimos n la literatura de Céspedes: la muerte, la guerra y el mestizaje.

Sin embargo, empezamos diciendo que Céspedes aborda también el hecho de nombrar esa realidad, el lenguaje es un tópico central en su labor escritural. El cuento comienza con un epígrafe, un fragmento de una carta escrita por el Mayor de la Sanidad Boliviana V… La carta habla a cerca de las notas del sargento Cruz Vargas. No es casual que Céspedes comience su texto de esta manera, ya que con ello logra poner en evidencia la importancia de la escritura, el autor de Sangre de Mestizos, parte de la escritura misma, del hecho e escribir, más que del contexto histórico.

El narrador comienza describiendo las notas del Sargento Cruz Vargas: (… ) están escritas en papeles sueltos, al ápiz, son difíciles de captar por la caligrafía irregular y el concepto. Coordinándolas en forma novelable son las siguientes (… ) Desde el inicio del cuento, sabemos que nos enfrentamos a un texto fragmentado, y que ha sido d 40F Desde el inicio del cuento, sabemos que nos enfrentamos a un texto fragmentado, y que ha sido dispuesto por un agente externo quien dirige nuestra lectura, en un determinado orden novelable, es decir ficcional.

Un «orden» establecido por un narrador que dirige y guia al lector, pero haciendo énfasis de que los hechos narrados son ante todo escritura. Así mismo, nos encontramos frente a un texto fragmentado, incompleto, que refleja a su vez una realidad y un individuo escindido. Al final del capítulo primero encontramos una frase que refleja y ejemplifica lo expuesto en el párrafo anterior: (… ) Uno murió así: Ese es el «finar’ del primer capitulo.

Los dos puntos detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue. Sin embargo, «‘nada» sigue, el vacío es la continuidad. Si, efectivamente continúa l siguiente capítulo (ordenado de manera novelable por un narrador), pero dentro del texto anterior, después de los dos puntos no hay nada, rompiendo así con el énfasis y con su uso convencional, haciendo evidente el carácter fragmentario del texto, que refleja también una realidad fragmentada donde se produce una hendidura en el lenguaje.

El lector se enfrenta a un texto que le demanda, en primer lugar, reordenar el caos, es decir, jugar el juego establecido por el autor del «orden» novelable de los fragmentos de las cartas, o establecer su propio orden; y en segundo lugar, descubrir y eestablecer los sentidos posib s OF V reestablecer los sentidos posibles. Por ello la ambigüedad y la fragmentación son la esencia misma de este cuento, ya que el lector es quien dará sentido a la obra. Julia Kristeva afirma que el texto es un espacio dialógico, que puede dar lugar a diferentes lecturas, totalmente opuestas.

Seis muertos en campaña ha sido leído desde las vertientes históricas y estructuralistas; se han revisado los personajes, el manejo del tiempo del espacio, y otros. ambién ha sido leída desde la formación y el pensamiento politico de Augusto Céspedes. Sin embargo, la apuesta del autor, al hacer énfasis en el metalenguaje y la metaficción, lleva a este texto a otro nivel, donde el cuestionamiento no es solamente a cerca de la escena política, social, económica del país, sno a la esencia misma del ser humano.

El personaje, a pesar de estar inmerso en la realidad de la guerra, rodeado de muerte, en el «Infierno Verde», en un estado de muerto-viviente, tiene una preocupación y una ocupación: la de la escritura: en el capítulo III el personaje enuncia: … ¿Cuándo escribiré la historia de Aniceto? A través del recuerdo y de la propia escritura de las «notas»), el personaje logra recordar: Lo estoy viendo, a través de la escritura las cosas, las personas y los hechos se hacen visibles y presentes.

Sin embargo, el lenguaje entra en crisis en un punto de la narracion, pues el sujeto, el pe 6 OF V presentes. narración, pues el sujeto, el personaje, vive la experiencia del horror de la guerra, una experiencia cercana a la muerte, donde el lenguaje va desapareciendo: ¿Me dejaré entender? Es posible que no. Advierto que me he acostumbrado a no escribir y ni siquiera a pensar con palabras. A mi cabeza acuden no las figuras ni los nombres de las cosas, sino las cosas mismas, sin nombre: los árboles, las picadas, los soldados, los enfermos, las caravanas de camiones (… Las cosas llegan sin nombre al personaje, directamente, en su más cruda esencia, no hay un lenguaje como mediador, tampoco las flguras llegan a él, solo las cosas mismas, desprovistas de palabra, de lenguaje. Esto produce una despersonalización, pues el lenguaje es la casa del ser. El hombre mora en esta casa. Los pensadores y los poetas son los custodios de esta morada. Sólo donde está el lenguaje, está el mundo, es decir: el recinto ambiante de la decisión y la obra, de la responsabilidad y la acción, pero también de la arbitrariedad y el ruido, de la caída y la confusión.

Sólo donde impera el mundo se encuentra la historia. No es el hombre el que determina al Ser, sino el Ser el que, a través del lenguaje, se revela a si mismo al hombre y en el hombre. El hombre se vuelve entonces guardián de esta verdad, el centinela en este claro del bosque, el pastor del Ser[ll. Así, al perder las cosas su el centinela en este claro del bosque, el pastor del Ser[l]. Así, al perder las cosas su nombre, se pierde el mundo, se pierde a esencia de ser, se pierde la vida, y sólo queda el silencio y la muerte: el hombre deja de ser hombre.

El personaje empieza a despersonalizarse, expresa que no puede retener ya sus ideas (pues estas están hechas de lenguaje): Mi cabeza es una caja llena de tierra árida, de arena sacudida. Raquel Montenegro expone: Lo primero que llama la atención es que cada cuento tiene un personaje-relator que va narrando la anécdota, pero poco a poco al sucederse la acción, éste va dejando lugar a un elemento especial (un objeto, un recuerdo, un animal, etc. ), que va adueñándose del relato y del mismo hombre asta convertirse en real protagonista o amo del personaje-titere.

El hombre va empequeñeciéndose y minimizando su rol a tal extremo que este ya no es importante. [21 A primera vista se podría decir que el protagonista de Seis muertos en campaña se reduce a las cartas que escribe, pero en realidad se reduce a la escritura misma. Las cartas son el único trazo que va quedando de él ante la violencia, el maltrato, la angustia, el hambre, la soledad y todos los horrores de la guerra. Pero incluso, por momentos, como lo vimos anteriormente, incluso el rastro de su lenguaje se pierde, y las cosas llegan a él in nombre.

Fernando Baéz dirá: es el lenguaje, claro. Como autobiografía plena del ser, por ejemplo. Como plena del ser, por ejemplo. Como destino, coartada, maldición, revelación, encuentro. Como relación natural o arbitraria. Es esto: ser deberla entenderse como ser dicho. un poco lo que ha escrito Heidegger: «El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre». ¿El lenguaje como casa? También como orilla, vértigo, intemperie, divinidad. 3] En el capítulo III el personaje escribe: Me acuerdo, no sé porqué, de un perro y de mi primo Aniceto cuya historia he querido siempre escribir. Pero ocurre que generalmente me olvido de lo que quiero y ahuyento las palabras para quedarme mudo, por dentro y por fuera, siendo así que lo único que ya vive de mi cuerpo son mis palabras y mis piojos. Mi vida antigua, los mil años que me separan de mi terruño, dormido en las faldas de la montaña, mi madre, mi hermana, y mis terribles dolores de la campaña, todo eso ¿acaso existe ahora?

Sólo mis palabras lo desentierran de mi corazón. il_as palabras! Son lo más inútil y lo más cierto de la creación. Por eso yo quiero escribir. Yo sé que los hombres nacemos con n destino de palabras, y mientras no las hayamos vaciado, no podremos morir, aunque aún no habremos vivido. Nuestro mundo existe sólo durante un millonésimo de segundo para dar lugar al nuevo hecho, pero los renglones lo pueden enjaular. Y entonces el hecho —dolor, sombra o muerte— ya es nuestro, ya es permanente y manso pueden enjaular.

Y entonces el hecho —dolor, sombra o muerte— ya es nuestro, ya es permanente y manso. ¿Para qué hubiera ocurrido, señor, todo aquello si no fuese para escribirlo?… Escribirlo, aunque sea nada más que para que lo lea Dios. Que sepa este señor el sufrimiento inédito que no vio nadie en la selva desierta y abone en nuestra cuenta el anticipo de infierno que vivimos. Lo que se hizo y no se dijo, no ha existido. Vengan a mí las palabras.

Son como un sacramento, son más reales que la acción, valen más que ella y nos consuelan más. Señor mío Jesucristo… El personaje no escribe desde «el holocausto»; desde la guerra y la muerte. Escribe desde la propia catástrofe, buscando un lenguaje que sea capaz de nombrar el horror de la guerra, del Infierno Verde. El personaje es conciente de que la palabra no le basta, y sí se orilla y se mantiene en el límite de lo inexpresable. Siempre ha querido escribir una historia, pero no lo hace.

El personaje se fuerza al mutismo, al silencio, otorgando a las palabras el poder de decidir sobre su mente y sobre su cuerpo. Sólo las palabras son capaces de evocar, de traer y revivir lo que ya no existe o parece que ha dejado de existir. ¿Cómo se muere? Yo podré decir ahora una de las maneras de morir contando la histona de Aniceto. pero antes es un perro quien reclama su aparición en estas líneas, un perro a quien mató Aniceto hace muchos años. La performatividad y el metalenguaje 2