Posdata te amo

POSDATA: TE AMO Cecelia Ahern CAPITULO 1 Holly hundio la nariz en el sueter azul de algodon y un olor familiar la golpeo de inmediato: un abrumador desconsuelo le cerro el estomago y le partio el corazon. Le subio un hormigueo por el cogote y un nudo en la garganta amenazo con asfixiarla. Le entro el panico. Aparte del leve murmullo del frigorifico y de los ocasionales gemidos de las tuberias, en la casa reinaba el silencio. Estaba sola. Tuvo una arcada de bilis y corrio al cuarto de bano, donde cayo de rodillas ante el retrete. Gerry se habia ido y jamas regresaria. Esa era la realidad.

Nunca volveria a acariciar la suavidad de su pelo, a intercambiar en secreto una broma con el durante una cena con amigos, a lloriquearle al llegar a casa tras una dura jornada en el trabajo porque necesitaba algo tan simple como un abrazo; nunca volveria a compartir la cama con el, ni la despertarian cada manana sus ataques de estornudos, ni reiria con el hasta dolerle la barriga, nunca volverian a discutir sobre a quien le tocaba levantarse para apagar la luz del dormitorio. Lo unico que le quedaba eran un punado de recuerdos y una imagen de su rostro, que dia tras dia iba haciendose mas vaga.

Su plan habia sido muy sencillo: pasar juntos el resto de sus vidas. Un plan que todo su circulo considero de lo mas factible. Nadie dudaba de que fueran grandes amigos, amantes y almas gemelas destinadas a estar juntas. Pero dio la casualidad de que un dia el destino cambio de parecer. El final habia llegado demasiado pronto. Despues de quejarse de una migrana durante varios dias, Gerry se avino a seguir el consejo de Holly y fue a ver a su medico. Lo hizo un miercoles, aprovechando la hora del almuerzo.

El medico penso que el dolor de cabeza se debia al estres o al cansancio y aventuro que en el peor de los casos quiza necesitase usar gafas. A Gerry no le gusto nada aquello. Le molestaba la idea de tener que usar gafas. No deberia haberse preocupado, pues resulto que su problema no residia en los ojos, sino en el tumor que estaba creciendo en su cerebro. Holly tiro de la cadena del retrete y, temblando por lo frias que estaban las baldosas del suelo, se puso de pie. Gerry solo tenia treinta anos. Ni mucho menos habia sido el hombre mas sano de la Tierra, pero habia gozado de suficiente salud para… ueno, para llevar una vida normal. Cuando ya estaba muy enfermo, bromeaba a proposito de haber vivido con demasiada prudencia. Deberia haber tomado drogas, haber bebido y viajado mas, tendria que haber saltado de aviones y depilarse las piernas en plena caida. La lista seguia. Aunque el se riera de todo eso, Holly veia pesar y arrepentimiento en sus ojos. Arrepentimiento por las cosas para las que nunca habia sabido tener tiempo, los lugares que nunca habia visitado, y pesar por la perdida de experiencias futuras. ?Acaso lamentaba la vida que habia llevado con ella?

Holly jamas dudo de que la amara, pero temia que tuviera la impresion de haber desperdiciado un tiempo precioso. Hacerse mayor se convirtio en algo que Gerry deseaba desesperadamente lograr, dejando asi de ser un hecho inevitable y temido. ?Que presuntuosos habian sido ambos al no considerar nunca que hacerse mayor constituyese un logro y un desafio! Los dos habian querido evitar envejecer a toda costa. Holly vagaba de una habitacion a otra mientras sorbia lagrimones salados. Tenia los ojos enrojecidos e irritados y la noche parecia no tener fin. Ningun lugar en la casa le proporcionaba el menor consuelo.

Los muebles que contemplaba solo le devolvian inhospitos silencios. Anhelo que el sofa tendiera los brazos hacia ella, pero tampoco este se dio por aludido. A Gerry no le hubiese gustado nada esto, penso. Exhalo un hondo suspiro, se enjugo las lagrimas y procuro recobrar un poco de sentido comun. No, a Gerry no le hubiese gustado en absoluto. Igual que cada noche durante las ultimas semanas, Holly se sumio en un profundo sueno poco antes del alba. Cada dia despertaba incomodamente repantingada en un lugar distinto; hoy le toco el turno al sofa. Una vez mas, fue la llamada telefonica de un familiar o un amigo preocupado la que la desperto.

Probablemente pensaran que no hacia mas que dormir. ?Por que no la llamaban mientras vagaba con desgana por la casa como un zombi, registrando las habitaciones en busca de… de que? ?Que esperaba encontrar? —? Diga? —contesto adormilada. Tenia la voz ronca de tanto llorar, pero ya hacia bastante tiempo que no se molestaba en disimular. Su mejor amigo se habia ido para siempre y nadie parecia comprender que ninguna cantidad de maquillaje, de aire fresco o de compras iba a llenar el vacio de su corazon. —Oh, perdona, carino, ? te he despertado? —pregunto la voz inquieta de su madre a traves de la linea. Siempre la misma conversacion.

Cada manana su madre llamaba para ver si habia sobrevivido a la noche en soledad. Siempre temerosa de despertarla no obstante, aliviada al oirla respirar; a salvo al constatar que su hija se habia enfrentado a los fantasmas nocturnos. —No, solo estaba echando una cabezada, no te preocupes. Siempre la misma respuesta. —Tu padre y Decian han salido y estaba pensando en ti, cielo. ?Por que aquella voz tranquilizadora y comprensiva conseguia siempre que se le saltaran las lagrimas? Imaginaba el rostro preocupado de su madre, el ceno fruncido, la frente arrugada por la inquietud. Pero eso no sosegaba a Holly.

En realidad hacia que recordara por que estaban preocupados y que no deberian estarlo. Todo tendria que ser normal. Gerry deberia estar alli junto a ella, poniendo los ojos en blanco e intentando hacerla reir mientras su madre le daba a la sinhueso. Un sinfin de veces Holly habia tenido que pasarle el telefono a Gerry, incapaz de contener el ataque de risa. Entonces el seguia la charla, ignorando a Holly mientras esta daba brincos alrededor de la cama, haciendo muecas y bailes estrafalarios para captar su atencion, cosa que rara vez conseguia. Siguio toda la conversacion contestando casi con monosilabos, oyendo sin escuchar una sola palabra. Hace un dia precioso, Holly. Te sentaria la mar de bien salir a dar un paseo. Respirar un poco de aire fresco. —Si… Supongo que si. —Otra vez el aire fresco, la presunta solucion a sus problemas. —Igual paso por ahi mas tarde y charlamos un rato. —No, gracias, mama. Estoy bien. Silencio. —Bueno, pues nada… Llamame si cambias de idea. Estoy libre todo el dia. —De acuerdo. Otro silencio. —Gracias de todos modos —agrego Holly. —De nada. En fin… Cuidate, carino. —Lo hare. Holly estaba a punto de colgar el auricular pero volvio a oir la voz de su madre. —Ah, Holly, por poco me olvido. Ese sobre sigue aqui, ya sabes, ese que te comente.

Esta en la mesa de la cocina. Lo digo por si quieres recogerlo. Lleva aqui semanas y puede que sea importante. —Lo dudo mucho. Lo mas probable es que sea otra tarjeta de pesame. —No, me parece que no lo es, carino. La carta va dirigida a ti y encima de tu nombre pone… Espera, no cuelgues, que voy a buscarla… Holly oyo el golpe seco del auricular, el ruido de los tacones sobre las baldosas alejandose hacia la mesa, el chirrido de una silla arrastrada por el suelo, pasos cada vez mas fuertes y por fin la voz de su madre al coger de nuevo el telefono. —? Sigues ahi? —Si. —Muy bien, en la parte superior pone «la lista».

No se muy bien que significa, carino. Valdria la pena que le echaras… Holly dejo caer el telefono. CAPITULO 2 —? Gerry, apaga la luz! Holly reia tontamente mientras miraba a su marido desnudarse delante de ella. Este bailaba por la habitacion haciendo un striptease, desabrochandose lentamente la camisa blanca de algodon con sus dedos de pianista. Arqueo la ceja izquierda hacia Holly y dejo que la camisa le resbalara por los hombros, la cogio al vuelo con la mano derecha y la hizo girar por encima de la cabeza. Holly rio otra vez. —? Que apague la luz? ?Que dices! ?Y perderte todo esto?

Gerry sonrio con picardia mientras flexionaba los musculos. No era un hombre vanidoso aunque tenia mucho de lo que presumir, penso Holly. Tenia el cuerpo fuerte y estaba en plena forma, las piernas largas y musculosas gracias a las horas que pasaba haciendo ejercicio en el gimnasio. Su metro ochenta y cinco de estatura bastaba para que Holly se sintiera segura cuando el adoptaba una actitud protectora junto a su cuerpo de metro setenta y siete. No obstante, lo que mas le gustaba era que al abrazarlo podia apoyar la cabeza justo debajo del menton, de modo que notase el leve soplido de su aliento en el pelo haciendole cosquillas.

El corazon le dio un brinco cuando se bajo los calzoncillos, los atrapo con la punta del pie y los lanzo hacia ella, aterrizando en su cabeza. —Bueno, al menos aqui debajo esta mas oscuro. —Holly se echo a reir. Siempre se las arreglaba para hacerla reir. Cuando llegaba a casa, cansada y enojada despues del trabajo, el se mostraba comprensivo y escuchaba sus lamentos. Rara vez discutian, y cuando lo hacian era por estupideces que luego les hacian reir, como quien habia dejado encendida la luz del porche todo el dia o quien se habia olvidado de conectar la alarma por la noche.

Gerry termino su striptease y se zambullo en la cama. Se acurruco a su lado, metiendo los pies congelados debajo de sus piernas para entrar en calor. —? Aaay! ?Gerry, tienes los pies como cubitos de hielo! —Holly sabia que aquella postura significaba que no tenia intencion de moverse un centimetro—. Gerry… —Holly.. —la imito el. —? No te estas olvidando de algo? —Creo que no —contesto Gerry con picardia. —La luz. —Ah, si, la luz —dijo con voz sonolienta, y solto un falso ronquido. —? Gerry! —Anoche tuve que levantarme a apagarla, si no recuerdo mal —arguyo Gerry. —Si, ? ero estabas de pie justo al lado del interruptor hace un segundo! —Si… hace un segundo —repitio el con voz sonolienta. Holly suspiro. Detestaba tener que levantarse cuando ya estaba comoda y calentita en la cama, pisar el suelo frio de madera y luego regresar a tientas y a ciegas por la habitacion a oscuras. Chasqueo la lengua en senal de desaprobacion. —No puedo hacerlo siempre yo, ? sabes, Hol? Quizas algun dia yo no este aqui y… ?que haras entonces? —Pedire a mi nuevo marido que lo haga —contesto enfurrunada, tratando de apartar a patadas sus pies frios. —? Ja! O me acordare de hacerlo yo misma antes de acostarme —anadio Holly. Gerry solto un bufido. —Dudo mucho que asi sea, amor mio. Tendre que dejarte un mensaje al lado del interruptor antes de irme para que no se te olvide. —Muy amable de tu parte, aunque preferiria que te limitaras a dejarme tu dinero —replico Holly. —Y una nota en la caldera de la calefaccion —prosiguio Gerry. —Ja, ja. —Y en el carton de la leche. —Eres muy gracioso, Gerry. —Ah, y tambien en las ventanas, para que no las abras y se dispare la alarma por las mananas. —Oye, si crees que sin ti sere tan incompetente, ? or que no me dejas en tu testamento una lista de las cosas que tengo que hacer? —No es mala idea —dijo Gerry, y se echo a reir. —Muy bien, entonces ya apago yo la maldita luz. Holly se levanto de la cama a reganadientes, hizo una mueca al pisar el gelido suelo y apago la luz. Tendio los brazos en la oscuridad y avanzo lentamente de regreso a la cama. —? Hola? Holly, ? te has perdido? ?Hay alguien ahi? ?O ahi? ?O ahi? —vocifero Gerry a la habitacion a oscuras. —Si, estoy… ?Ay! —grito Holly al golpearse un dedo del pie contra la pata de la cama—. ?Mierda, mierda, mierda! Que te jodan, gilipollas! Gerry solto una risa burlona debajo del edredon. —Numero dos de mi lista: cuidado con la pata de la cama… —Oh, callate, Gerry, y deja de ponerte morboso —le espeto Holly, tocandose el pie con la mano. —? Quieres que te lo cure con un beso? —pregunto Gerry. —No, ya esta bien —respondio Holly con impostada tristeza—. Bastara con que los meta aqui para calentarlos… —? Aaah! ?Jesus, estan helados! Holly rio de nuevo. Asi fue como surgio la broma de la lista. Era una idea simple y tonta que no tardaron en compartir con sus amigos mas intimos, Sharon y John McCarthy.

Era John quien habia abordado a Holly en el pasillo del colegio cuando solo tenian catorce anos para farfullar la frase famosa: «Mi colega quiere saber si saldrias con el. » Tras dias de incesante debate y reuniones de urgencia con sus amigas, Holly finalmente accedio. «Oh, venga, Holly—la habia apremiado Sharon—, esta como un tren, y al menos no tiene la cara llena de granos como John. » Cuanto envidiaba Holly a Sharon ahora mismo. Sharon y John se casaron el mismo ano que ella y Gerry. Con veintitres anos, Holly era la benjamina del grupo; el resto tenia veinticuatro.

Alguien dijo que era demasiado joven y la sermoneo insistiendo en que, a su edad, deberia ver mundo y disfrutar de la vida. En vez de eso, Gerry y Holly recorrieron juntos el mundo. Tenia mucho mas sentido hacerlo asi, ya que cuando no estaban… juntos, Holly sentia como si a su cuerpo le faltara un organo vital. El dia de la boda disto mucho de ser el mejor de su vida. Como casi todas las ninas, habia sonado con una boda de cuento de hadas, con un vestido de princesa y un hermoso dia soleado en un lugar romantico, rodeada de sus seres queridos.

Imaginaba que la recepcion seria la mejor noche de su vida y se veia bailando con todos sus amigos, siendo la admiracion de la concurrencia y sintiendose alguien especial. La realidad fue bastante distinta. Desperto en el hogar familiar a los gritos de «? No encuentro la corbata! » (su padre) y «? Tengo el pelo hecho un asco! » (su madre). Y el mejor de todos: «? Parezco una vaca lechera! ‘ ? Como voy a asistir a esta punetera boda con este aspecto! ?Me moriria de verguenza! ?Mama, mira como estoy! Holly ya puede ir buscandose otra dama de honor porque, lo que es yo, no pienso moverme de casa. Jack, devuelveme el puto secador, que aun no he terminado! » (Esta inolvidable declaracion salio de la boca de su hermana menor, Ciara, a quien cada dos por tres le daba un berrinche y se negaba a salir de la casa, alegando que no tenia nada que ponerse, pese a que su armario ropero estaba siempre atestado. En la actualidad vivia en algun lugar de Australia con unos desconocidos y la unica comunicacion que la familia mantenia con ella se reducia a un e—mail cada tantas semanas. ) La familia de Holly paso el resto de la manana intentando convencer a Ciara de que era la mujer mas guapa del mundo.

Mientras tanto, Holly fue vistiendose en silencio, sintiendose peor que mal. Finalmente, Clara acepto salir de la casa cuando el padre de Holly, un hombre de talante tranquilo, grito a pleno pulmon para gran asombro de todos: —? Ciara, hoy es el punetero dia de Holly, no el tuyo! ?Y vas a ir a la boda y vas a pasarlo bien, y cuando Holly baje por esa escalera le diras lo guapa que esta, y no quiero oirte rechistar mas en todo el dia! De modo que cuando Holly bajo todos exclamaron embelesados, mientras Ciara, que parecia una cria de diez anos que acabara de recibir una azotaina, la miro con ojos empanados y labios temblorosos y dijo: Estas preciosa, Holly. Los siete se hacinaron en la limusina: Holly, sus padres, sus tres hermanos y Ciara, todos guardando un aterrado silencio durante el trayecto hasta la iglesia. Aquella jornada era ya un vago recuerdo. Apenas habia tenido tiempo de hablar con Gerry, pues ambos eran reclamados sin tregua en direcciones distintas para saludar a la tia abuela Betty, surgida de no se sabia donde, y a la que no habia vuelto a ver desde su bautizo, y al tio abuelo Toby de America, a quien nadie habia mencionado hasta la fecha, pero que de repente se habia convertido en un miembro muy importante de la familia.

Desde luego, nadie la habia prevenido de lo agotador que seria. Al final de la noche le dolian las mejillas de tanto sonreir para las fotografias y tenia los pies destrozados despues de andar todo el dia de aqui para alla calzada con unos ridiculos zapatitos que no estaban hechos para caminar. Se moria de ganas de sentarse a la mesa grande que habian dispuesto para sus amigos, quienes habian estado partiendose el pecho de risa durante toda la velada, pasandolo en grande. En fin, al menos alguien habia disfrutado del acontecimiento, penso entonces.

Ahora bien, en cuanto puso un pie en la suite nupcial con Gerry, las preocupaciones del dia se desvanecieron y todo quedo claro. Las lagrimas corrian de nuevo por el rostro de Holly, que de pronto cayo en la cuenta de que habia vuelto a sonar despierta. Seguia sentada inmovil en el sofa con el auricular del telefono aun en la mano. Ultimamente perdia a menudo la nocion del tiempo y no sabia que hora ni que dia era. Parecia como si viviera fuera de su cuerpo, ajena a todo salvo al dolor de su corazon, de los huesos, de la cabeza. Estaba tan cansada… Las tripas le temblaron y se dio cuenta de que o recordaba cuando habia comido por ultima vez. ?Habia sido ayer? Fue hasta la cocina arrastrando los pies, envuelta en el batin de Gerry y calzada con las zapatillas «Disco Diva» de color rosa, sus favoritas, las que Gerry le habia regalado la Navidad anterior. Ella era su Disco Diva, solia decirle. Siempre la primera en lanzarse a la pista, siempre la ultima en salir del club. ?Donde estaba esa chica ahora? Abrio la nevera y contemplo los estantes vacios. Solo verduras y un yogur que llevaba siglos caducado y apestaba. No habia nada que comer. Agito el carton de leche con un amago de sonrisa. Vacio.

Lo tercero en la lista… En la Navidad de hacia dos anos Holly habia salido con Sharon a comprar un vestido para el baile anual al que solian asistir en el Hotel Burlington. Ir de compras con Sharon siempre entranaba peligro, y John y Gerry habian bromeado sobre como tendrian que volver a sufrir una Navidad sin regalos por culpa de las alocadas compras de las chicas. Y no se equivocaron de mucho. Pobres maridos desatendidos, los llamaban siempre ellas. Aquella Navidad Holly gasto una cantidad vergonzosa de dinero en Brown Thomas para adquirir el vestido blanco mas bonito que habia visto en la vida. Mierda, Sharon, esto dejara un agujero tremendo en mi bolsillo —dijo Holly con aire de culpabilidad, mordiendose el labio y acariciando la suave tela con la yema de los dedos. —Bah, no te preocupes, deja que Gerry lo zurza —repuso Sharon, y solto una de sus tipicas risas socarronas—. Y deja de llamarme «mierda, Sharon», por favor. Cada vez que salimos de compras te diriges a mi asi. Se mas cuidadosa o empezare a ofenderme. Compra el punetero vestido, Holly. Al fin y al cabo, estamos en Navidad, es la epoca de los regalos y la generosidad. —Por Dios, mira que eres mala, Sharon. No volvere a ir de compras contigo.

Esto equivale a la mitad de mi paga mensual. ?Que voy a hacer el resto del mes? —Vamos a ver, Holly. ?Que prefieres? , ? comer o estar fabulosa? ?Acaso era preciso pensarlo dos veces? —Me lo quedo —dijo Holly con entusiasmo a la dependienta. El vestido era muy escotado, por lo que mostraba perfectamente el pecho menudo pero bien formado de Holly, y tenia un corte hasta el muslo que exhibia sus piernas esbeltas. Gerry no habia podido quitarle el ojo de encima. Aunque no fue por lo guapa que estaba, sino porque no acertaba a comprender como diablos era posible que aquel pedazo de tela minusculo pudiera ser tan caro.

Una vez en el baile, la senorita Disco Diva se excedio en el consumo de bebidas alcoholicas y consiguio destrozar su vestido, derramando una copa de vino tinto en la parte delantera. Holly intento sin exito contener el llanto mientras los hombres de la mesa informaban a sus parejas, arrastrando las palabras, de que el numero cincuenta y cuatro de la lista prohibia beber vino tinto si llevaban un vestido caro de color blanco. Entonces decidieron que la leche era la bebida preferida, puesto que no resultaria visible si se derramaba sobre un vestido caro de color blanco.

Poco despues, cuando Gerry volco su jarra de cerveza, haciendo que chorreara por el borde de la mesa hasta el regazo de Holly, esta anuncio llorosa pero muy seria a la mesa (y a algunas de las mesas vecinas): —Regla cincuenta y cinco de la lista: nunca jamas compres un vestido caro de color blanco. Y asi se acordo, y Sharon desperto de su coma en algun lugar de debajo de la mesa para aplaudir la mocion y ofrecer apoyo moral. Hicieron un brindis (despues de que el desconcertado camarero les hubiese servido una bandeja llena de vasos de leche) por Holly y su sabia aportacion a la lista. Siento lo de tu vestido caro de color blanco, Holly—habia dicho John, hipando antes de caer del taxi y llevarse a Sharon a rastras hacia su casa. ?Era posible que Gerry hubiese cumplido su palabra, escribiendo una lista para ella antes de morir? Holly habia pasado a su lado cada minuto de cada dia hasta que fallecio, y ni el la menciono nunca ni ella habia visto indicios de que la hubiese escrito. «No, Holly, calmate y no seas estupida. » Deseaba tan ardientemente que volviera que estaba imaginando toda clase de locuras. Gerry no habria hecho algo semejante. ?O si? CAPITULO 3 Holly caminaba por un prado cuajado de lirios tigrados.

Soplaba una amable brisa que hacia que los petalos sedosos le hicieran cosquillas en la punta de los dedos mientras avanzaba entre los altos tallos de intenso y brillante verde. Notaba el terreno blando y mullido bajo sus pies descalzos y sentia el cuerpo tan liviano que casi le parecia estar flotando justo por encima de la superficie de tierra esponjosa. Alrededor los pajaros entonaban melodias alegres mientras atendian sus quehaceres. El sol brillaba con tal intensidad en el cielo despejado que tenia que protegerse los ojos, y con cada rafaga de viento que le acariciaba el rostro el dulce aroma de los lirios le llenaba la nariz.

Era tan… feliz, tan libre. Una sensacion que le resultaba del todo ajena ultimamente. De pronto el cielo oscurecio cuando el sol caribeno se escondio tras una enorme nube gris. La brisa arrecio y enfrio el aire. Los petalos de los lirios tigrados corrian alocadamente llevados por el viento, dificultando la visibilidad. El suelo mullido se convirtio en un lecho de afilados guijarros que le aranaban los pies a cada paso. Los pajaros habian dejado de cantar y estaban posados en las ramas mirandolo todo. Algo iba mal y tuvo miedo. Delante de ella, a cierta distancia, una piedra gris se erguia visible en medio de la hierba alta.

Queria correr de regreso al hermoso lecho de flores, pero necesitaba averiguar que habia alli delante. Cuando estuvo mas cerca oyo unos golpes: ? Pum! ?Pum! ?Pum! Apreto el paso y acabo corriendo sobre los guijarros, entre la hierba de afilados tallos que le aranaban brazos y piernas. Cayo de rodillas delante de la losa gris y solto un alarido de dolor al descubrir lo que era: la tumba de Gerry. ?Pum! ?Pum! ?Pum! ?Estaba intentando salir! ?Estaba llamandola, oia su voz! Holly desperto del sueno y oyo que alguien aporreaba su puerta. —? Holly! ?Holly! ?Se que estas ahi! ?Dejame entrar, por favor!

Confusa y medio dormida, fue a abrir la puerta y encontro a Sharon en un estado frenetico. —? Por Dios! ?Que estabas haciendo? ?Llevo siglos llamando a la puerta! Holly echo un vistazo al exterior, aun adormilada. Brillaba el sol y hacia un poco de frio, debia de ser por la manana, muy pronto. —Bueno, ? no vas a dejarme entrar? —Si, claro, Sharon. Perdona. Me habia quedado dormida en el sofa. —? Jesus! Tienes un aspecto horrible, Hol. Sharon escruto su semblante antes de darle un fuerte abrazo. —Vaya, gracias —dijo Holly, que puso los ojos en blanco y se volvio para cerrar la puerta.

Sharon no era de las que se andaban con rodeos, pero por eso la queria tanto, por su sinceridad. Aunque ese era tambien el motivo por el que no habia ido a verla desde hacia mas de un mes. No queria oir la verdad. No queria que le dijeran que tenia que seguir adelante con su vida; solo queria… En realidad no sabia lo que queria. Era feliz sintiendose desdichada. Le parecia lo mas apropiado. —Dios, aqui falta el aire. ?Cuanto hace que no abres una ventana? Sharon recorrio resueltamente la casa, abriendo ventanas y recogiendo tazas y platos vacios. Los llevo a la cocina, los metio en el fregadero y se dispuso a lavarlos. Oh, no tienes por que hacerlo, Sharon —protesto Holly debilmenteYa lo hare yo… —? Cuando? ?El ano que viene? No quiero que vivas miserablemente mientras el resto de nosotros finge no darse cuenta. ?Por que no vas arriba y te das una buena ducha? Cuando bajes, tomaremos una taza de te. Una ducha. ?Cuando se habia siquiera lavado la cara por ultima vez? Sharon tenia razon, debia de presentar un aspecto lamentable con el pelo grasiento, las raices oscuras y el batin sucio. El batin de Gerry. Aunque eso era algo que no tenia la menor intencion de lavar. Queria conservarlo exactamente tal como el lo habia dejado.

Por desgracia, su olor estaba empezando a disiparse, dando paso al inconfundible hedor de su propia piel. —De acuerdo, pero no hay leche —le advirtio Holly—. No he ido a… De pronto se sintio avergonzada ante lo mucho que habia descuidado la casa y a si misma. De ningun modo iba a permitir que su amiga mirara dentro de la nevera o, de lo contrario, esta la pondria en un serio aprieto. —? Tachin’. —entono Sharon, alzando una bolsa que Holly no habia visto al recibirla—. No te preocupes, ya me he encargado de eso. Al parecer, llevas semanas sin comer. —Gracias. Sharon. Se le hizo un nudo en la garganta y las lagrimas le asomaron a los ojos. Su amiga se estaba portando demasiado bien con ella. —? No lo hagas! ?Hoy nada de lagrimas! Solo buen rollo, risas y felicidad, querida amiga. Y ahora, a la ducha. ?Deprisa! Holly se sentia casi un ser humano cuando volvio a bajar. Se habia puesto un chandal azul y llevaba su larga melena rubia (marron en las raices) suelta sobre los hombros. Todas las ventanas de abajo estaban abiertas de par en par y la brisa fresca le despejo la mente. Fue como desprenderse de sus malos pensamientos y temores.

Rio al contemplar la posibilidad de que, a fin de cuentas, su madre tuviera razon. Cuando por fin salio del trance, Holly se quedo atonita al ver como estaba la casa. No podia haber pasado mas de media hora, pero Sharon habia ordenado y limpiado, habia pasado la aspiradora y ahuecado los cojines, los suelos estaban fregados y todas las habitaciones olian a ambientador. Oyo ruidos en la cocina, donde encontro a Sharon sacando brillo a los quemadores. Los mostradores estaban relucientes, los grifos plateados y el escurridero del fregadero resplandecian. —? Sharon, eres un angel! ?Es increible que hayas hecho todo esto! Y en tan poco rato’. —Pero si has estado arriba mas de una hora. Estaba empezando a pensar que te habias colado por el desague. Lo cual no seria de extranar, teniendo en cuenta lo flaca que estas. —Miro a Holly de arriba abajo. ?Una hora? Una vez mas las ensonaciones de Holly se habian apoderado de su mente. —En fin, he comprado un poco de fruta y verdura, hay queso y yogures y tambien leche, por descontado. No se donde guardas la pasta y la comida envasada, de modo que las he dejado ahi encima. Ah, y he metido unos cuantos platos precocinados en el congelador. No tienes mas que calentarlos en el microondas.

Con todo esto puedes apanartelas una temporadita, aunque a juzgar por tu aspecto te durara al menos un ano. ?Cuanto peso has perdido? Holly se miro el cuerpo. El chandal le hacia bolsas en el trasero y, aunque se habia anudado el cordon de la cintura al maximo, le caia hasta las caderas. Hasta entonces no se habia dado cuenta de lo mucho que habia adelgazado. La voz de Sharon la hizo regresar de nuevo a la realidad. —Hay unas cuantas galletas que puedes tomar con el te. Jammy Dodgers, tus favoritas. Aquello fue demasiado para Holly. Las Jammy Dodgers fueron la gota que colmo el vaso.

Noto que los ojos se le llenaban de lagrimas. —Oh, Sharon —susurro—, muchas gracias. Has sido muy buena conmigo mientras que yo me he portado como la peor de las amigas. —Se sento a la mesa y cogio la mano de Sharon—. No se que haria sin ti. Sharon se sento frente a ella en silencio, dejandola continuar. Eso era lo que mas habia horrorizado a Holly, venirse abajo delante de la gente en cualquier momento. Pero no se sentia avergonzada. Sharon se limitaba a beber sorbos de te v sostenerle la mano como si fuese lo mas normal. Finalmente las lagrimas dejaron de brotar. —Gracias. —Soy tu mejor amiga, Hol. Si no te ayudo yo, ? uien va a hacerlo? —dijo Sharon, estrechandole la mano y esbozando una sonrisa alentadora. —Supongo que deberia valerme por mi misma —aventuro Holly. —? Bah! —espeto Sharon, restandole importancia con un ademan—. Lo haras cuando estes preparada. No hagas caso a la gente que te diga que deberias volver a la normalidad en un par de meses. Ademas, llorar la perdida que has sufrido forma parte del proceso de recuperacion. Siempre decia lo mas apropiado en cada momento. —Si, bueno, pero, sea como fuere, llevo mucho tiempo haciendolo. Ya he llorado todo lo que tenia que llorar —dijo Holly. —? Eso es imposible! replico Sharon, con una mueca de disgusto—. Solo hace dos meses que enterraste a tu marido. —? Oh, basta! La gente no parara de decirme cosas por el estilo, ? verdad? —Probablemente, pero que les jodan. Hay peores pecados en el mundo que aprender a ser feliz de nuevo. —Supongo que tienes razon —concedio Holly. —Prometeme que comeras—ordeno Sharon. —Lo prometo. —Gracias por venir a verme, Sharon. De verdad que he disfrutado con la charla —dijo Holly, abrazando agradecida a su amiga, que habia pedido el dia libre en el trabajo para hacerle compania—. Ya me siento mucho mejor. —Como ves, te conviene estar con gente, Hol.

Los amigos y la familia podemos ayudarte. Bueno, en realidad, pensandolo dos veces, quiza tu familia no pueda—bromeo Sharon—, pero al menos el resto de nosotros si. —Si, lo se, ahora me doy cuenta. Es solo que creia que sabria manejar la situacion por mi misma, y esta claro que no es asi. —Prometeme que iras a verme. O al menos que saldras de casa de vez en cuando. —Prometido. —Holly puso los ojos en blanco—. Estas empezando a parecerte a mi madre. —Bueno, todos estamos pendientes de ti. En fin, hasta pronto —dijo Sharon, y le dio un beso en la mejilla—. iY come! —insistio pinchandole las costillas.

Holly se despidio de Sharon con la mano cuando el coche arranco. Era casi de noche. Habian pasado el dia riendo y bromeando sobre los viejos tiempos, luego llorando, para mas tarde volver a reir y al cabo llorar otra vez. La visita de Sharon tambien le sirvio para ver las cosas de forma mas objetiva. Holly ni siquiera habia reparado que Sharon y John habian perdido a su mejor amigo, que sus padres habian perdido a su yerno y los de Gerry a su unico hijo. Habia estado demasiado ocupada pensando en si misma. No obstante, le habia sentado muy bien volver a sentirse entre los vivos en lugar de andar alicaida entre los fantasmas de su pasado.

Manana seria un nuevo dia, estaba dispuesta a iniciarlo yendo a recoger el sobre que le guardaba su madre. CAPITULO 4 La manana del viernes comenzo con buen pie, levantandose temprano. No obstante, aunque se habia metido en la cama llena de optimismo y entusiasmada con las perspectivas que le aguardaban, el miedo la asalto de nuevo ante la cruda realidad de lo dificil que le resultaria mantener la entereza a cada instante. Una vez mas, desperto en una cama vacia dentro de una casa silenciosa, si bien se produjo un pequeno avance. Por primera vez desde hacia mas de dos meses se habia despertado sin la ayuda de una llamada telefonica.

Amoldo su mente, tal como hacia cada manana, al hecho de que los suenos de Gerry y ella juntos que habian vivido en su cabeza durante las ultimas diez horas no eran mas que eso: suenos. Se ducho y se vistio con ropa comoda, echando mano de sus tejanos favoritos, zapatillas de deporte y una camiseta rosa claro. Sharon tenia toda la razon en cuanto a lo del peso, pues los tejanos, que solian irle ajustados, solo se mantenian en su sitio con la ayuda de un cinturon. Dedico una mueca a su reflejo en el espejo. Estaba fea. Tenia ojeras, los labios agrietados y el pelo hecho un desastre.

Lo primero que debia hacer era ir a su peluqueria y rezar para que pudieran atenderla. —? Jesus, Holly! —exclamo Leo, su peluquero, al verla—. Pero ? has visto como estas? ?Por favor, abran paso! ?Abran paso! ?Llevo a una mujer en estado critico! —Le guino el ojo y comenzo a apartar gente de su camino. Luego le ofrecio una silla y la obligo a sentarse. —Gracias, Leo. Ahora si que me siento atractiva —mascullo Holly, procurando ocultar el rubor de su rostro. —Pues no deberias porque estas hecha cisco. Sandra, preparame la mezcla de costumbre; Colin, trae el papel de aluminio; Tania, necesito mi bolsita magica, que esta arriba. Ah, y dile a Paul que se vaya olvidando de almorzar porque cogera a mi clienta de las doce! Leo fue dando ordenes a diestro y siniestro sin dejar de agitar los brazos desaforadamente, como si se dispusiera a efectuar una operacion quirurgica de urgencia. Y es que quiza fuera asi. —Oh, lo siento, Leo, no pretendia estropearte el dia —se excuso Holly. —No me vengas con esas, encanto. De no ser asi, ? por que habrias de presentarte aqui de repente un viernes a la hora del almuerzo sin tener una cita concertada? ?Para contribuir a la paz mundial? Holly se mordio el labio con aire de culpabilidad. En fin, te aseguro que no lo haria por nadie mas que por ti, carino. —Gracias. —? Como lo llevas? Leo apoyo su pequeno trasero en el mostrador de delante de Holly. Tenia cincuenta anos cumplidos y, no obstante, presentaba una piel tan perfecta y, por descontado, el pelo tan bien cortado que nadie le hubiese echado mas de treinta y cinco. Sus cabellos de color miel realzaban la tersura de su tez, y siempre vestia de forma impecable. Su mera presencia bastaba para que cualquier mujer se sintiera horrenda. —Fatal —admitio Holly. —Ya. Se te nota. —Gracias. Bueno, al menos para cuando salgas de aqui habras resuelto una cosa. Yo me dedico al pelo, no al corazon. Holly sonrio agradecida por su peculiar manera de demostrar que la entendia. —Pero por el amor de Dios, Holly, cuando has entrado por esa puerta, ? te has fijado en si ponia «mago» o «peluquero» en el rotulo de la entrada? Tendrias que haber visto el aspecto que traia una mujer que ha venido esta manana. Una anciana vestida de jovencita. Le faltaba poco para cumplir los sesenta, diria yo. Y va y me pasa una revista con Jennifer Aniston en la portada. «Quiero tener este aspecto», me dice, muy resuelta.

Holly rio con la imitacion. Leo gesticulaba con la cara y las manos al mismo tiempo. —«? Jesus! », le digo yo, «soy peluquero, no cirujano plastico. Lo unico que se me ocurre para que tenga este aspecto es que recorte la foto y se la grape a la cabeza». —? No! ?Leo! ?No le habras dicho eso! La sorpresa dejo a Holly atonita. —? Pues claro que si! Esa mujer necesitaba que alguien le abriera los ojos. ?Acaso no le he hecho un favor? Ha entrado pavoneandose como una adolescente. ?Era para verla! —? Y que te ha contestado ella? Holly lloraba de risa y se enjugo las lagrimas.

Hacia meses que no reia asi. —He ido pasando las paginas de la revista hasta que he dado con una foto maravillosa de Joan Collins. Le he dicho que esa imagen era ideal para ella y me ha parecido que se quedaba bastante contenta con eso. —? Leo, lo mas probable es que estuviera demasiado aterrada para decirte que la encontraba horrible! —Bah, y que mas da. Amigas no me faltan. —Pues no se por que sera —bromeo Holly. —No te muevas —ordeno Leo. De repente se habia puesto muy serio y apretaba los labios con gesto de concentracion mientras separaba el pelo de Holly preparandolo para aplicarle el tinte.

Aquello basto para que ella volviera a desternillarse. —Oh, vamos, Holly—dijo Leo, exasperado. —No puedo evitarlo, Leo. ?Tu has empezado y ahora no puedo parar! Leo dejo lo que estaba haciendo y la observo con aire divertido. —Siempre he pensado que estabas como un cencerro. No se por que nadie me escucha nunca. Holly rio con mas ganas aun. —Oh, lo siento, Leo. No se que me pasa, pero no puedo dejar de reir. A Holly ya le dolia la barriga de tanto reir y era consciente de las miradas curiosas que estaba atrayendo hacia si, pero no podia hacer nada para evitarlo.

Era como si todo lo que no habia reido durante los ultimos dos meses le saliera de golpe. Leo dejo de trabajar y volvio a situarse entre Holly y el espejo, apoyandose en el mostrador para mirarla. —No tienes por que disculparte, Holly. Rie todo lo que quieras, dicen que la risa es buena para el corazon. —Oh, es que hacia siglos que no me reia asi —contesto Holly con una risilla nerviosa. —Bueno, supongo que no has tenido mucho de lo que reirte —dijo Leo, sonriendo con tristeza. El tambien queria a Gerry. Cada vez que coincidian se burlaban el uno del otro, pero ambos sabian que bromeaban y en el fondo se tenian mucho aprecio.

Leo aparto tales pensamientos, despeino juguetonamente a Holly y le dio un beso en lo alto de la cabeza—. Pronto estaras bien, Holly Kennedy —le aseguro. —Gracias, Leo —dijo Holly serenandose, conmovida por su preocupacion. Leo reanudo el trabajo, adoptando de nuevo su divertida mueca de concentracion. Holly volvio a reir. —Vale, ahora riete, Holly, pero espera a que sin querer te deje la cabeza a rayas. Ya veremos quien es el que rie entonces. —? Como esta Jamie? —pregunto Holly, deseosa de cambiar de tema para no tener que avergonzarse de nuevo. —Me abandono —dijo Leo, pisando agresivamente la palanca elevadora del sillon.

Holly comenzo a ascender mientras Leo la zarandeaba de mala manera. —Va … ya, Le … o, looo sien… to muuu… cho. Coooon la bueee… na pareee… ja que haciii… ais. Leo dejo la palanca e hizo una pausa. —Si, bueno, pues ahora ya no hacemos tan bueee… na pareee… ja, senorita. Me parece que sale con otro. Muy bien. Voy a ponerte dos tonos de rubio, uno dorado y el que llevabas antes. De lo contrario te quedara de ese color tan ordinario que esta reservado solo para las prostitutas. —Oye, Leo, de verdad que lo siento. Si tiene dos dedos de frente se dara cuenta de lo que se esta perdiendo. Creo que no los tiene. Rompimos hace dos meses y todavia no se ha dado cuenta. O quiza los tenga y este encantado de la vida. Estoy harto, no quiero saber nada mas de ningun hombre. He decidido volverme hetero. —Vamos, Leo. Eso es la estupidez mas grande que he oido en mi vida… Holly salio del salon de belleza pletorica de alegria. Sin la presencia de Gerry a su lado, algunos hombres la siguieron con la mirada, lo cual le resultaba extrano e incomodo, de modo que apreto el paso hasta alcanzar la seguridad que le brindaba el coche y se preparo para la visita a casa de sus padres.

De momento la jornada iba bien. Habia sido un acierto ir a ver a Leo. A pesar de su desengano amoroso se habia esforzado por hacerla reir. Tomo buena nota de ello. Echo el freno de mano frente a la casa de sus padres en Portmarnock y respiro hondo. Para gran sorpresa de su madre, Holly le habia llamado a primera hora de la manana para acordar una cita con ella. Ahora eran las tres y media, v Holly permanecia sentada en el coche presa del nerviosismo. Aparte de las visitas que sus padres le habian hecho a lo largo de los ultimos dos meses, apenas habia dedicado tiempo a su familia.

No queria ser el centro de atencion, no queria ser el blanco incesante de preguntas impertinentes sobre como se sentia y que planes tenia. No obstante, ya iba siendo hora de aparcar ese temor. Ellos eran su familia. La casa de sus padres estaba situada en pleno paseo maritimo ante la plava de Portmarnock, cuya bandera azul daba fe de su limpieza. Aparco el coche y contemplo el mar al otro lado del paseo. Habia vivido alli desde el dia que nacio hasta el dia en que se mudo para vivir con Gerry. Siempre le habia encantado oir el rumor del mar batiendo las rocas y los vehementes chillidos de las gaviotas al despertar por las mananas.

Resultaba maravilloso tener la playa a modo de jardin delantero, sobre todo durante el verano. Sharon habia vivido a la vuelta de la esquina, y en los dias mas calurosos del ano las ninas se aventuraban a cruzar el paseo luciendo sus mejores prendas veraniegas y aguzando la vista en busca de los muchachos mas guapos. Holly y Sharon eran la antitesis una de otra. Sharon tenia el pelo castano, la piel clara y el pecho prominente. Holly era rubia, de piel cetrina y mas bien plana. Sharon era vocinglera, gritaba a los chicos para captar su atencion.

Por su parte, Holly era mas dada a guardar silencio y flirtear con la mirada, contemplando a su muchacho predilecto hasta que este se daba por aludido. Lo cierto era que ninguna de las dos habia cambiado mucho desde entonces. No tenia intencion de quedarse mucho tiempo, solo el necesario para charlar un poco y recoger el sobre que habia decidido que quiza si fuese de Gerry. Estaba cansada de fustigarse a si misma preguntandose sobre el posible contenido, de modo que habia resuelto poner fin a ese silencioso tormento. Tomo aire, llamo al timbre y esbozo una sonrisa para causar buena impresion. —? Hola, carino! Entra, entra! —dijo su madre con aquella encantadora expresion de bienvenida que hacia que Holly tuviera ganas de besarla cada vez que la veia. —Hola, mama. ?Como va todo? —Holly entro en la casa y de inmediato sintio el reconfortante y familiar olor de su viejo hogar—. ?Estas sola? —Si, tu padre ha salido con Declan a comprar pintura para su habitacion. —No me digas que tu y papa seguis pagando sus gastos… —Bueno, tu padre puede que si, pero desde luego yo no. Ahora trabaja por las noches, de modo que al menos tiene dinero para sus gastos personales, aunque no contribuye con un solo penique en los gastos de la casa.

Rio entre dientes y llevo a Holly hasta la cocina, donde puso agua a calentar. Declan era el hermano menor de Holly y el benjamin de la familia, de modo que sus padres aun se sentian inclinados a mimarlo. Tendriais que ver a su «nino»: Declan era un chaval de veintidos anos que estudiaba produccion cinematografica y que siempre llevaba una camara de video en la mano. —? Que empleo tiene ahora? Su madre puso los ojos en blanco. —Se ha incorporado a un grupo de musica. The Orgasmic Fish, creo que se hacen llamar, o algo por el estilo. Estoy hasta la coronilla de oirle hablar de eso, Holly.

Como vuelva a contarme una vez mas quien ha acudido al ultimo concierto y ha prometido ficharlos y lo famosos que van a ser, me volvere loca. —Ay, pobre Deco. No te preocupes, tarde o temprano encontrara algo. —Ya lo se, y es curioso, porque de todos vosotros, mis queridos hijos, es el que menos me preocupa. Ya encontrara su camino. Se llevaron los tazones al salon y se acomodaron frente al televisor. —Tienes muy buen aspecto, carino, me encanta como llevas el pelo. ?Crees que Leo se dignaria cortarmelo a mi o ya soy demasiado vieja para formar parte de su clientela? Bueno, mientras no le pidas que te haga un corte al estilo de Jennifer Aniston, no creo que tenga inconveniente. Holly le refirio la anecdota de la mujer en el salon de belleza y ambas se echaron a reir. —En fin, lo ultimo que quiero es parecerme a Joan Collins, asi que me mantendre alejada de el. —Quiza sea lo mas sensato —convino Holly. —? Ha habido suerte en cuanto al trabajo? —pregunto su madre como de pasada, aunque Holly advirtio que se moria por saberlo. —No, todavia no, mama. A decir verdad, ni siquiera he comenzado a buscar. No tengo claro que quiero hacer. —Haces bien, hija —opino su madre, asintiendo con la cabeza—.

Tomate el tiempo que sea necesario para decidir que te gustaria, de lo contrario acabaras aceptando con prisas un empleo que odiaras, tal como hiciste la ultima vez. Holly se sorprendio al oir esto. Aunque su familia siempre la habia apoyado a lo largo de los anos, se sintio abrumada y conmovida ante la generosidad de su amor. El ultimo empleo que Holly habia tenido habia sido de secretaria de un canalla implacable en un bufete de abogados. Se habia visto obligada a dejar el trabajo cuando el muy asqueroso fue incapaz de comprender que necesitaba ausentarse del despacho para atender a su marido agonizante.

Ahora tenia que buscar uno nuevo. Un trabajo nuevo, por supuesto. Por el momento le parecia inimaginable ir a trabajar por las mananas. Mientras se relajaban, Holly y su madre fueron desgranando una larga conversacion durante horas, hasta que por fin Holly se armo de valor y pregunto por el sobre. —Oh, por supuesto, carino, lo habia olvidado por completo. Confio en que no sea nada importante, lleva aqui un monton de tiempo. —No tardare en averiguarlo. Sentada en el monticulo de hierba desde el que se dominaba la playa dorada y el mar, Holly estuvo un rato toqueteando el sobre cerrado.

Su madre no lo habia descrito muy bien, pues en realidad no se trataba de un sobre sino de un grueso paquete marron. La direccion figuraba mecanografiada en una etiqueta, por lo que era imposible saber quien la habia escrito. Y encima de la direccion habia dos palabras escritas en negrita: LA LISTA. Se le revolvio el estomago. Si no era de Gerry Holly finalmente deberia aceptar el hecho de que se habia ido, que habia desaparecido de su vida por completo, y tendria que comenzar a pensar en existir sin el. Si era de el, se veria enfrentada al mismo futuro, pero al menos podria agarrarse a un recuerdo reciente.

Un recuerdo que tendria que durarle toda una vida. Con dedos temblorosos desgarro el precinto del paquete. Lo puso boca abajo y lo sacudio para vaciarlo. Cayeron diez sobres diminutos, de los que suelen encontrarse en un ramo de flores, cada cual con el nombre de un mes escrito en el anverso. El corazon le dio un vuelco cuando reconocio la letra que llenaba la hoja suelta que acompanaba a los sobres. Era la letra de Gerry. CAPITULO 5 Holly contuvo el aliento y, con los ojos banados en lagrimas y el corazon palpitante, leyo la carta manuscrita, sabiendo que la persona que se habia sentado a redactarla nunca podria volver a hacerlo.

Acaricio las palabras con la yema de los dedos, consciente que la ultima persona que habia tocado la hoja de papel era el. Querida Holly: No se donde estaras ni en que momento exacto vas a leer esto. Solo espero que mi carta te haya encontrado sana y salva. No hace mucho me susurraste que no podrias seguir adelante sola, y quiero decirte que si puedes, Holly. Eres fuerte y valiente y podras superar este trance. Hemos compartido algunos momentos preciosos y has hecho que mi vida… Has sido mi vida. No tengo nada de lo que arrepentirme. Pero yo solo soy un capitulo de tu vida, y habra muchos mas.

Conserva nuestros maravillosos recuerdos, pero, por favor, no tengas miedo de crear otros distintos. Gracias por hacerme el honor de ser mi esposa. Por todo, te quedo eternamente agradecido. Quiero que sepas que siempre que me necesites estare contigo. Te querre siempre. Tu marido y mejor amigo, GERRY Posdata: te prometi una lista, de modo que aqui la tienes. Los sobres adjuntos deben abrirse exactamente cuando corresponda y deben ser obedecidos. Y recuerda, te estare vigilando, asi que sabre… Holly se vino abajo, abatida por la tristeza.

Sin embargo, al mismo tiempo se sintio aliviada, pues en cierto modo Gerry seguiria a su lado durante un poco mas de tiempo. Fue pasando los pequenos sobres blancos y ordenandolos por meses. Ahora se encontraba en el de abril. Se habia saltado el de marzo, v decidio abrirlo el primero. Dentro habia una tarjeta escrita con letra de Gerrv. Rezaba asi: ?Ahorrate los golpes y compra una lampara para la mesita de noche! Posdata: te amo… ?El llanto se convirtio en risa al constatar que Gerry habia vuelto! Leyo y releyo la carta una y otra vez, como si intentara hacerle regresar de nuevo a su vida.

Finalmente, cuando las lagrimas ya no le dejaron ver las palabras, contemplo el mar. El mar siempre le habia resultado muy relajante, e incluso de nina corria a cruzar el paseo hasta la playa cuando se disgustaba por lo que fuera y necesitaba pensar. Sus padres sabian que si la echaban de menos en casa la encontrarian junto a la orilla del mar. Cerro los ojos y se concentro, respirando al compas del suave murmullo de las olas. Era como si el mar estuviera respirando hondo, absorbiendo el agua al inhalar y devolviendola a la arena al exhalar. Por fin noto que las pulsaciones disminuian a medida que se serenaba.

Penso en como solia tenderse al lado de Gerry en sus ultimos dias para escuchar el sonido de su respiracion. Le aterrorizaba apartarse de el para ir a abrir la puerta, prepararle algo de comida o ir al cuarto de bano, por si decidia abandonarla justo en ese momento. Al regresar junto a la cama, se sentaba inmovil guardando un aterrado silencio mientras aguzaba el oido, hasta que le oia respirar y observaba su pecho para ver si se movia. Pero el siempre se las arreglaba para seguir adelante. Su fuerza y su determinacion para seguir viviendo habian desconcertado a los medicos; Gerry no estuvo dispuesto a dejarse vencer sin presentar batalla.

Conservo el buen humor hasta el final. Estaba muy debil y hablaba en voz muy baja, pero Holly aprendio a descifrar su nuevo lenguaje tal como lo hace una madre con los balbuceos de un hijo que esta empezando a aprender a hablar. Reian juntos hasta bien entrada la noche, y otras veces se abrazaban y lloraban. Holly aguanto el tipo ante el en todo momento, pues su nuevo trabajo paso a ser el de estar a su lado siempre que la necesitara. Ahora comprendia que en realidad le habia necesitado mas que el a ella. Habia necesitado que la necesitara para no tener la sensacion de estar cruzada de brazos, absolutamente inutil.

El 2 de febrero, a las cuatro de la madrugada, Holly asio con fuerza la mano de Gerry y le sonrio alentadoramente mientras este exhalaba el ultimo suspiro y cerraba los ojos. No quiso que tuviera miedo, ni que sintiera que ella estaba asustada, ya que en aquel momento no era asi. Mas bien sentia alivio, alivio por ver que dejaba de sufrir y por haber estado alli con el para ser testigo de la paz de su defuncion. Se sintio aliviada por haberle conocido, por haberle amado y haber sido amada por el, y tambien porque la ultima cosa que Gerry vio en este mundo fue su rostro sonriendole, alentandolo y asegurandole que hacia bien en dejarse llevar.

Los dias siguientes permanecian borrosos en su memoria. Habia estado ocupada con los preparativos del funeral, conociendo y recibiendo a parientes y viejos amigos del colegio a quienes no habia visto desde hacia anos. Si logro mostrarse tan firme y serena fue porque sentia que por fin podia pensar con claridad. Estaba agradecida de que aquellos meses de sufrimiento hubiesen tocado a su fin. Ni siquiera se le paso por la cabeza sentir la rabia y la amargura que ahora sentia por la vida que le habian arrebatado. Ese sentimiento no llego hasta que fue a recoger el certificado de defuncion de su marido.

Y ese sentimiento hizo una entrada triunfal. Mientras permanecia sentada en la atestada sala de espera del centro medico, se pregunto por que motivo a Gerry le habia tocado el turno cuando aun le quedaba tanto por vivir. Ocupaba un asiento entre una pareja de jovenes y otra de ancianos. La imagen de lo que ella y Gerry habian sido una vez y una vision del futuro que podrian haber tenido. Todo le parecio de lo mas injusto. Se vio aplastada entre los hombros de su pasado y los de su futuro perdido, y se sintio asfixiada. Se dio cuenta de que no le correspondia estar alli.

Ninguno de sus amigos debia estar alli. Ninguno de sus parientes debia estar alli. De hecho, la mayoria de la poblacion del mundo no tenia que encontrarse en la posicion en la que ella se encontraba ahora. No parecia justo. Porque no era justo. Tras presentar la prueba oficial de la defuncion de su marido a directores de banco y companias de seguros, como si el aspecto de su rostro no fuese prueba suficiente, Holly regreso a casa y, alejandose del resto del mundo, se encerro en su nido, que contenia cientos de recuerdos de la vida que antano habia tenido. La vida que tan feliz la habia hecho. Por que le habian dado otra, pero mucho peor que la anterior? Habian pasado dos meses desde entonces y no habia salido de la casa hasta hoy. Menudo recibimiento le habian dispensado, penso, mirando con una sonrisa los sobres. Gerry habia regresado. Apenas capaz de contener su excitacion, Holly marco furiosamente el numero de Sharon con mano temblorosa. Tras llamar a varios numeros equivocados, trato de serenarse y concentrarse en marcar el numero correcto. —? Sharon! —vocifero en cuanto descolgaron el auricular—. ?No imaginas que ha ocurrido! ?Oh, Dios mio, no puedo creerlo! —Oye, no…

Soy John, pero te la paso ahora mismo. Muy preocupado, John fue corriendo en busca de Sharon. —? Que, que, que? —dijo Sharon, jadeando y casi sin aliento—. ?Que ha ocurrido? ?Estas bien? —? Si, estoy la mar de bien! Holly solto una risilla histerica, sin saber si reir o llorar, de repente olvidandose por completo de como construir una frase. John observo a Sharon mientras esta se sentaba a la mesa de la cocina y, con expresion confusa, procuraba sacar algo en claro de las divagaciones de Holly al otro lado de la linea. Era algo sobre la senora Kennedy entregando a Holly un sobre marron con una lampara de mesita de noche entro. Lo cierto es que resultaba harto preocupante. —? Basta! —exclamo Sharon, sobresaltando a Holly y a John—. No entiendo una palabra de lo que estas diciendo, asi que hazme el favor—dijo Sharon parsimoniosamente— de respirar hondo y volver a empezar desde el principio, a ser posible empleando palabras coherentes. De repente oyo unos debiles sollozos en el auricular. —Oh, Sharon —musito Holly con voz quebrada—, me ha escrito una lista. Gerry me ha escrito una lista. Sharon se quedo atonita en la silla mientras procesaba esta informacion.

John vio que su esposa abria los ojos con asombro y cogio una silla y se sento a su lado, acercando la cabeza al telefono para oir que estaba pasando. —Muy bien, Holly, quiero que vengas aqui de inmediato pero conduciendo con suma prudencia. —Hizo otra pausa y aparto la cabeza de John como si fuera una mosca, para poder concentrarse en lo que acababa de oir—, ? Yeso son… buenas noticias? John se levanto con aire ofendido y echo a caminar por la cocina, tratando de adivinar de que estaban hablando. —Pues claro, Sharon —susurro Holly—. Claro que lo son. —Muy bien, ven a verme y hablaremos. —De acuerdo.

Sharon colgo el auricular y guardo silencio —? Que? ?Que pasa? —inquirio John, incapaz de soportar que le dejaran al margen de lo que a todas luces era un acontecimiento importante. —Oh, perdona, amor. Holly viene hacia aqui. Creo que… dice que… —? Que? ?Por el amor de Dios! —Dice que Gerryy le ha escrito una lista. John la miro de hito en hito, escruto su rostro y trato de decidir si hablaba en serio. Los ojos azules de Sharon le devolvieron una mirada de preocupacion y comprendio que si. Fue a sentarse a su lado y ambos guardaron silencio con la vista fija en la pared, sumidos en sus pensamientos.

CAPITULO 6 ?Vaya!!! , fue todo cuanto Sharon y John pudieron decir mientras los tres estaban sentados a la mesa de la cocina, contemplando en silencio el contenido del paquete que Holly habia vaciado a modo de prueba. La conversacion mantenida durante los ultimos minutos habia sido minima, puesto que todos estaban tratando de averiguar como se sentian. Fue algo asi: —Pero ? como se las arreglaria para…? —? Y como no nos dimos cuenta de que…? Bueno… Dios. —? Cuando creeis que…? En fin, supongo que paso algunos ratos a solas…

Holly y Sharon se limitaron a mirarse mientras John balbuceaba y tartamudeaba, tratando de establecer cuando, donde y como su amigo agonizante se las habia arreglado para llevar a cabo aquella idea a solas sin que nadie lo supiese. —Vaya —repitio finalmente, tras llegar a la conclusion de que en efecto Gerry lo habia llevado a cabo a solas. —Si —convino Holly—. Entonces, ? ninguno de vosotros dos tenia la menor idea? —Bueno, no se como lo veras tu, Holly, pero para mi esta bastante claro que John fue el cerebro que planeo y organizo todo esto —dijo Sharon con sarcasmo. —En fin, sea como fuere, cumplio con su palabra, ? no? dijo John secamente, y miro a las chicas con una tierna sonrisa. —No cabe duda —susurro Holly. —? Te encuentras bien, Holly? Quiero decir, ? como te hace sentir esta situacion? Tiene que ser… extrano —dijo Sharon, obviamente preocupada. —Estoy bien —contesto Holly, meditabunda—. En realidad, ? creo que es lo mejor que podria haber sucedido en este momento! Aunque no deja de ser curioso que estemos tan asombrados si tenemos en cuenta lo mucho que hablamos sobre esta lista. Quiero decir que deberia haberlo esperado. —En parte si, pero lo cierto es que nunca contamos con que ninguno de nosotros llegara a hacerlo —dijo John. Pero ? por que no? —inquirio Holly—. Para empezar, este era el unico sentido que tenia. Servir de apoyo a tus seres queridos cuando uno de nosotros se hubiese ido. —Me parece que Gerry fue el unico que se lo tomo realmente en serio —tercio Sharon. —Sharon, Gerry es el unico que se ha ido, ? quien sabe como se lo habria tomado cualquier otro? Se hizo el silencio. —Bien, estudiemos esto con mas detalle, si os parece—propuso John, de repente disfrutando con el asunto—. ?Cuantos sobres hay? —Hay… diez —conto Sharon, sumandose al espiritu de la nueva tarea. —De acuerdo,

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