LAS_PASIONES_ORDINARIAS

LAS PASIONES ORDINARIAS gy Shalom-Vasquez cbenpanR 09, 2016 41g pagcs INTRODUCCION La unidad de la condici6n humana bajo la egida, especialmente, de la dimensi6n simb61ica, esa capacidad propia del hombre de crear sentido y valor, de dar raices al vinculo social, implica simultanea mente la diferencia a la vez colectiva e individual, es decir, la sucesi6n de las culturas y, en su seno, de las maneras singulares con que los individuos se apropian de elias.

Las percepciones sensoriales o lo sentido y la expresi6n de las emociones parecen emanaci6n de la intimidad mas secreta del sujeto, pero no por llo estan menos social y culturalmente modelados. Los gestos que almentan la relaci6n competen a una fisio ia una y otra se entrem lan darles sentido, se nutren de ni b la presencia no na sola psicologia: corporal para el sujeto vive a su manera. Tal es el contenido de este libro.

Los sentimientos y las emociones no son estados absolutos, sustancias susceptibles de transponerse de un individuo y un grupo a otro; no son -o no son solamente- procesos fisi016gicos cuyo secreta, se supone, posee el cuerpo. Son relaciones. Si bien el conjunto de los hombres del planeta dispone del mismo aparato onatorio,

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no todos hablan necesariamente el mismo idioma; del mismo modo, aunque la estructura muscular y nerviosa es iden tica, esto no presagia en absoluto Ids usos culturales a los que dara lugar.

De una sociedad humana a otra, los hombres experimentan afectivament afectivamente los acontecimientos de su existencia a traves de repertorios culturales diferenciados que a veces se parecen, pero no son identicos. Cada termino del lexico afectivo de una sociedad un grupo social debe ponerse en relacion con el contexto local de sus puestas en j uego concretas. Se trata de evitar la confusion ntre las palabras y las cosas y la naturalizacion de las emociones transportandolas sin precauciones de una cultura a otra a traves de un sistema de traduccion ciego a las condiciones sociales de existencia que envuelven la afectividad.

En un contexto de compa racion entre las culturas, el empleo de los terminos afectivds impone ponerlos siempre entre comillas para recordar la vague dad que los rodea, o bien utilizar los terminos vernaculos para destacar que ese cotej o no cae por su propio peso y el interrogante sigue planteado. El registro afectivo de una sociedad exige su captacion en el contexto de las condiciones reales de sus xpreso nes. Toda traduccion debe aceptar un duelo del sentido original y la creacion de otra relacion con la realidad descripta.

Introduce una deriva mas o menos sensible del contenido primero. A veces incluso se enfrenta a problemas semanticos penosos de resolver los sistemas lingiiisticos estan demasiado distantes uno del otro. Traduttore, traditore . Como lo mostro E. Benveniste, las catego nas de pensamiento son tributarias de las categorias de la lengua, es decir, de la organizacion de los signos y simbolos que la fundan. 1 Si bien el hombre piensa por intermedio de la lengua, no es enos pensa pensado por ella.

La cuestion se plantea con agudeza en el ambito de la antropologia del cuerpo (Le Breton, 1992), y mas aun, sin duda, en la region que concierne a las emociones humanas. El analisis que parte sin decir agua va de un vocabulario frances o anglosajon (puesto que la antropologia norteamericana es parti cularmente fecunda en este dominio) cae en la trampa infantil del nomj. nalismo al universaliOar de entrada las emociones y conside rarlas como estados de los que, al parecer, basta ver anecdotica mente algunas pequeiias variaciones culturales.

El odio, el amor, os celos , la alegria, el miedo, el dolor, etcetera, se percibirian como objetos, sin duda mentales, pero identificables como sucederia si buscaramos las mil maneras de denominar el roble o el perro. Una forma de naturalizar las emociones y ocultar de antemano la cuestion del mosaico afectivo que anima la miriada de sociedades humanas en el espacio y el tiempo, baj o el prisma de un vocabula rio que disuelve toda diferencia.

Ciertos investigadores , por otra parte, anhelaron en ese sentido recordar los limites de una antr00 1 E. Benve niste, Pro ble mes de linguistiquegenerale, 1, Paris, Gallimard, 1966, p. 63 sq. [traducci6n castellana: Problemas de lingiltstica general, Mexica, Siglo XXI, 1971] . Benveniste ilustra su demostraci6n mostrando, en especial, que las categorias que organizan la experiencia segll n Arist6teles corresponden a 3 las categorias lingi. iisticas puo. las categorias lingi. iisticas del griego antiguo. 0 pologia occidental de las emociones a veces demasiado propensa a valerse de su lexica y encontrar lo mismo en el otro, con el riesgo de simplificar a ultranza los modos de existencia afectiva hallados en otras sociedades. Asi, el antrop610go indio Owen M. Lynch xplica en la introducci6n a una obra colectiva sabre la construe cian social de las emociones en la India que «estos ensayos plantean el problema de la comprensi5n occidental de las emocio nes, en particular cuando esta se universaliza en un pensamiento y se proyecta en el Otro» (Lynch, 1990, p. ). 2 Imaginemos a un antrop610go ifaluk o guayaki, inuit o yanomama que definiera la cultura afectiva de los franceses a partir de sus propias categorias de pensamiento y su propio vocabulario. ;,Que significaria, ade mas, una cultura afectiva «francesa»? ;,De quien se hablaria? ;,De bretones o alsacianos, de habitantes rurales o urbanos, de breros 0 de medicas, de hombres 0 de mujeres, de j6venes generaciones de personas de edad, etcetera?

Los sentimientos o las emociones, desde luego, no son de ningun modo fen6menos puramente fisi016gicos o psic016gicos, y no estan librados al azar o a la iniciativa personal de cada actor. Su emergencia y expresi6n corporal responden a convenciones que estan muy alejadas de las del lenguaje, pero, con todo, se distin guen de elias. Las emociones nacen de una evaluaci6n mas o menos lucida de un acontecimiento par parte de un actor nutrido con una sensibilidad propi ientos en acto, apoyad 4Cf un actor nutrido on una sensibilidad propia; son pensamientos en acto, apoyadas en un sistema de sentidos y valores.

Arraigadas en una cultura afectiva, se inscriben a continuaci6n en un lenguaje de gestos y mimicas en principia reconocible (a menos que el individuo disi mule su estado afectivo) par quienes comparten sus raices socia les. La cultura afectiva brinda esquemas de experiencia y acci6n sabre los cuales el individuo borda su conducta segun su historia personal, su estilo y, sabre todo, su evaluaci6n de la situaci6n. La emoci6n sentida traduce la significacion dada par el individuo a circunstancias que repercuten en el.

Es una actividad de conoci2 Como conclusion de un dossier de Terrain sobre las emociones, Vincent Crapanzano seiiala el canicter «cultural» de los estudios realizados sobre elias en las ciencias sociales: «Producto de una sociedad de inmigrantes de origenes muy diversos, de un individualismo exuberante jamas liberado de un conformismo exigente, de una reticencia a cualquier centralizaci6n y de una cultura contesta taria siempre en los limites do laviolencia, la antropologia norteamericana de las emociones esta necesariamente marcada por sus origenes, sobre todo en su insistencia en las relaciones entre elias y el self .

Una antropologia hecha por los europeos sobre :las emociones (europeas•ambien debe tomar conciencia de sus raices para poder distanciarse de las afirmaciones psic016glcas y filos6ficas ‘autoevidentes»‘ (Crapanzano, 1994, p. 117). miento, una construcci6n al que se convierte en un 117). miento, una construcci6n social y cultural que se convierte en un hecho personal a traves del estilo propio del individuo.

Los sentimientos o las emociones participan por lo tanto de un sistema de sentidos y valores propios de un grupo social , cuyo canicter bien fundado confirman, asi como los principios que organizan el vinculo social. El fondo bi016gico universal se declina social y culturalmente de acuerdo con modalidades a veces cerca nas y a veces muy diferentes de un lugar a otro del mundo . Para los enfoques naturalistas inspirados en Darwin, las emociones tienen un caracter finalista, son los vestigios actuales, y unlversa les en su experiencia y expresi6n, de los origenes remotos de la especie humana.

Cumplen un papel de proteccion contra el medio ambiente y refuerzan las capacidades adaptativas de la naturale za humana (para los naturalistas no hay condicion humana). En ese sentido, una continuidad inscribe en una misma filiacion a los nimales superiores y el hombre. Para la antropologia, a la inversa, la esfera de las emociones compete a la educacion, se adquiere segun las modalidades particulares de la socializacion del nifio y no es mas innata que la lengua.

Todo ser humano posee la capacidad de ingresar en el universo simbolico que constituye la especificidad de la condicion humana. Incluida en la cultura afectiva, abordaremos igualmente la ritualidad de la mirada en la interaccion, destacando la dimension del contacto fisico que aquella connota. Dirigir los ojos hacia el otro es tocarlo simbolicamente, de donde el imperativo de discrecio GES 41g Dirigir los ojos hacia el otro es tocarlo simbolicamente, de donde el imperativo de discrecion que marca en principio los intercambios oculares en nuestras sociedades .

La mirada es de entrada un compromso con el mundo. Terminamos esta obra sobre las emociones y las culturas con una antropologia del actor en la escena, pues su arte consiste justamente en un solido conocimiento de la cultura afectiva de su grupo, conocimiento por el cuerpo, que le permite fingir a volun tad, con mayor o menor credibilidad, emociones que no siente. La antropologia del actor es un notable analizador del caracter social Y culturalme nte construido de los sentimientos y las emociones .

L a intencion primaria d e esta obra consistia e n la reescritura de Corps et societes , publicado en 1985 y reeditado varias veces sin que sea tecnicamente posible actualizarlo o corregirle la mas minima errata. Con el paso del tiempo, la necesidad interior de la investigacion se impuso al proposito inicial. Me parecio importan te desarrollar la cuestion de las puestas en juego del cuerpo en el dominio de la comunicacion y demorarme en las gestualidades y, sobre todo, los sentimientos y las emociones. El libro se convirtio asi en un enfoque antropologico de las emoclones.

En definitiva, 12 Corps et societes no retome, modificandolos, mas que un puiiado de analisis, y en especial el primer capitulo sobre los niiios «salvajes». Si go pensando que ofrecen un magnifico analizador a la inteligen Cla antrop016glca del cuerpo, al mostrar la parte fundadora del o tro en la relaci6n que todo hombre mant 41g del cuerpo, al mostrar la parte fundadora del o tro en la relaci6n que todo hombre mantiene con el mundo, y part icularmente en la manera en que su cuerpo esta socialmente construido. 13 CUERPO Y SIMBOLICA SOCIAL Este cuerpo que es mio . Este cuerpo que no es mio.

Este uerpo que, sin embargo, es mio. Este cuerpo extra:iio . Mi unica patria. Mi habitaci6n. Este cuerpo a recon quistar. Jeanne HWRARD, La Meurtritude Los niii. os salvajes o las metamorfosis del otro El rodeo por los nifios llamados «salvajes» brinda una preciosa enseñanza a la comprensi6n de las modalidades sociales y cultu rales que presiden la construcci6n del cuerpo. El analisis del lugar fundador del otro en la adquisici6n, el mantenimiento o la modi ficaci6n por parte del hombre de su simb61ica corporal adopta entonces caminos singulares, pero que muestran la amplitud de relaci6n de la condici6n humana con el mundo.

Al nacer y en los primeros afios de su existencia, el hombre es el mas desprovisto de los animales. A la inversa de estos, que reciben de su herencia especffica la suma de instintos necesarios para la supervivencia y la adaptaci6n al medio, la llegada al mundo de un nifio es la de un organismo prematuro, abierto, disponible y que todavfa debe modelarse en su totalidad. Este estado incompleto no es unicamente ffsico, sino tambien psic016gico, social, cultural .

La criatura humana requiere que los otros la reconozcan como existen lantearse como sujeto; 8 necesita la atenci6n V el a orno para desarrollarse, el afecto de su entorno para desarrollarse, expe:r:imentar el gusto de vivir y adquirir los signos y sfmbolos que le permitiran proveerse de un medio de comprender el mundo y comunicarse con los otros. Al•nacer, el horizonte del nifio es infinito, esta abierto a todas las solicitaciones, mientras que, en esencia, las condiciones futuras de la vida del animal ya estan ahf, inscriptas en su programa genetico, practicamente inmutables dentro de una misma especie.

En el hombre, en cambio, la educaci6n complementa las orientaciones geneticas que no asig nan ningun comportamiento preestablecido ni determinan su nteligencia. La naturaleza del hombre no se realiza mas que en la cultura que lo recibe. Al contrario del animal, el ni:fio recien nacido esta frente a un inmenso campo de posibilidades : todas las condiciones humanas estan virtualmente ante el, ya que dispone exactamente de la misma constituci6n fisica que el hombre del neolitico.

El ni:fio de la edad de piedra sigue naciendo a cada instante en todos los lugares del mundo, con la misma posibilidad de apertura, la misma aptitud para entrar en el sistema de sentidos y valores del grupo que lo recibe. Al anclar al ni:fio en un sistema de sentidos particular, el del rupo dentro del cual vive, la educaci6n colma poco a poco ese universe de posibilidades en provecho de una relaci6n especffica con el mundo, de cuyos elementos dados el ni:fio se apropia con caractery su historia propios.

El caracter prematuro de todo ni:fio hace de los miembros de su entorno los garantes de su inserci6n futura en el vinculo social. ni:fio futura en el vinculo social. «Entre los sistemas receptores y efectores propios de toda especie animal -escribe E rnst Cassirer-, existe en el hombre un tercer eslab6n que podemos denominar sistema simb61ico. . . En comparaci6n con los otros animales, ombre no s610 vive en una realidad mas vasta sino, por asf decirlo, en una nueva dimensi6n de la realidad» (Cassirer, 197 5 , p. 43).

El fin de la educaci6n es brindar al ni:fio las condiciones propicias para una interiorizaci6n de ese orden simb61ico. Aquella modela su lenguaje, su gestualidad, la expresi6n de sus sentimientos , sus peroepciones sensoriales, etcetera, en funci6n de la cultura corpo ral de su grupo. La simb61ica le hace cuerpo y lo autoriza a comprender las modalidades corporales de los otros y a informarse a sf mismo de las suyas . Debido a su inicial caracter prematuro, si el ni:fio es abandonado sf mismo en los primeros a:fios de su existencia, lo espera una muerte segura.

No dlspone de recursos ni , sobre todo, de una com prensi 6n suficie nte del mundo que lo rodea para estar en condicio nes de defenderse de los animales o de la adversidad ambiente y asegurar su subsistencia. Durante esta larga dependencia bi016gica, la ause ncia del otro da acceso a la muerte. Es dentro vincul o social donde el ni:fio realiza poco a poco el aprendizaje hecho de vivir. Sin la mediaci6n estructurada del otro, la capaci dad de apro piaci6n significante del mundo por el hombre es imp e nsable: su cuerp oj amas se abre por sf mi ID OF