La sociedad de los hijos huérfanos (Resumen)

Rol que ocupan los padres en la educación o crianza de sus hijos Antes (siglo xx) se conocía de una sola forma de educación, en la cual el padre tomaba el papel de quien trabajaba y el encargado de imponer castigos, limites, permisos, administrar recompensas entre otras cosas, mientras que la madre cumplía la función de ocuparse del infante (alimentarlo, asistirlo en su salud entre tantas otras tareas). En pocas palabras cada uno tenía su rol bien diferenciado y a diferencia de hoy nadie cuestionaba eso.

El modelo actual de crianza, difiere del anterior principalmente n los cuestionamientos que hoy plantean los hijos, situación impensable pocos años atrás. Hasta hace poco tiempo atrás, las decisiones de los padres eran inapelables, mientras que hoy, Swipe to page muchas decisiones s discutible de «liberta algunas decisiones a r to Este cambio radical s del doctor Spock. Qui PACE 1 or7 en un concepto legando incluso s unilateralmente. s a los aportes a nueva forma de crianza.

Insistió en que el amor hacia los hijos era el mejor antídoto contra cualquier error de la crianza y que había que confiar más en ese amor que en los consejos de los pediatras. Sugirió dar dinero a los

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chicos (mensualidades) sin exigir nada a cambio, se opuso a la imposición de castigos de cualquier tipo a los niños, haciendo además mucho hincapié en la ausencia emocional -afectiva d del sujeto, siendo que éste requería de la presencia de los padres, quienes, a la hora de Intervenir, se excusan de la falta de atención hacia sus hijos.

Actual relación padre – hijo El padre satisface las supuestas necesidades materiales, buscando suplir la falta de dedicación tanto física como emocional y paliar el sentimiento de culpa por la falta de dedicación encionada, pretendiendo una justificación a esa ausencia paterna. Consumismo y tecnología En la actualidad, encontramos a los seres humanos tan conectados con la tecnología e incomunicados entre si, que no se ve al semejante como factor necesario para la existencia del otro. Presenciamos un siglo en el que las identidades humanas de las personas se forman a partir de «10 que tienen».

Esto se debe a que la sociedad de estos tiempos es una sociedad completamente de MERCADO (ámbito donde se compra y se venden mercaderías) en la que los individuos que la forman son anto CONSUMIDORES como REPRODUCTORES de este modelo. Este individuo consumista se caracteriza por destinar su tiempo a «engullir’ lo nuevo que el mercado le ofrece, dejando poco para la relación humana y para los vínculos. Sin embargo predomina un VACIO EXISTENCIAL porque el ser humano es una unidad psico-físico-espiritual que aspira a la transcendencia, a algo que está más allá de sí mismo y que lo lleva al otro, hacia el semejante (Viktor Frankl ).

Por lo que si esa no tendencia no es atendida, va a generar una sensación de angustia y de vacío, de sin sentido. Es en este contexto de consumo y materialismo donde I sensación de angustia y de vacío, de sin sentido. Es en este contexto de consumo y materialismo donde los niños y adolescentes nacen, crecen y se educan; los adultos, como actores soclales, pasan a tener un papel fundamental como protagonistas y reproductores del modelo social y cultural, influyendo constantemente en el medio ambiente físico.

Las conductas que imprime la sociedad contemporánea pasan a ser herramientas principales de reproducción, que son transmitidas nada más y nada menos que por los adultos. Los padres, madres y adultos de este siglo, son sujetos distraídos que viven para trabajar y trabajan para consumir, que estén anestesiados emocionalmente por la rutina y completamente exiliados de la espintualldad, y que aparte no están preparados para transmitir valores a través de la conducta. Estos sujetos no tienen tiempo ni energía para conectarse profundamente con sus descendientes y educarlos, no tienen tampoco tranquilidad ni armonía para ello.

Son más bien, más allá de sus posesiones, simples seres siempre insatisfechos. Por lo tanto, al ser casi imposible lograr un tiempo físico para l contacto con sus hijos y poder al menos de esta manera escuchar sus necesidades, poder discernir su rica individualidad y asi guiarlas, esta relación central (PADRES – HIJOS) quedan intermediada y a cargo de otras instancias: escuela, niñeras, computadoras, Internet, celular, juegos cibernéticos, productores y vendedores de alcohol, narcotraficantes, proxenetas, etc. Padres consumidos, hijos consumistas. Los valores fueron reempl narcotraficantes, proxenetas, etc.

Los valores fueron reemplazados por lo material que un padre pueda proveer a su hijo. Gracias al mercantilismo extremo el ivel de cariño o afecto es directamente proporcional al bien material que los padres regalen a sus hijos. Esto convierte a los regalos en obligaciones, en deber a través del cual se exigen contraprestaciones en materia de educación, conducta, entre otras cosas, o también porque los mayores, convertidos en agentes del marketing, suplen lo que falta al chico, en referencia a lo material, para tener tanto cuanto exige la moda del momento.

A su vez los padres, con la excusa de que no les falte nada a sus hijos, no trabajan para vivir sino que viven para trabajar, liminando así la posibilidad de crear un vínculo afectivo sobre bases sólidas como ser la confianza, la cooperación, la intimidad, la creatividad y la trascendencia. Crean indirectamente una falta emocional delegando sus funciones en otros entes o personas. Irónicamente, la «solución» termina transformándose en el problema, ya que el objetivo de tanto trabajo, es la suplencia de necesidades de la familia, pero a raíz de éste se pierden de vista, otros elementos esenciales para el bienestar de los niños.

Otros se refugian en la idea de «calidad» sobre «cantidad», daptando el concepto de la primera a la satisfacción de cualquier tipo de deseo que se le presente al niño en el poco tiempo compartido con sus progenitores, demostrándole que a pesar de su constante ausencia, ellos progenitores, demostrándole que a pesar de su constante ausencia, ellos «lo quieren mucho». Aquí se produce la confusión entre apariencia y sustancia, ya que lo que realmente debe ser invertido para generar dicha calidad, es ignorado por los padres y madres.

La economía es una importante razón por la cual la sociedad está caracterizada como consumista en su punto más extremo. La cultura de consumo es tal, y los niños están tan expuestos, que estos últimos son considerados expertos en materia de mercado, ya que a partir de la cantidad de horas que pasa un niño frente a la tv, hoy en día conocida como la niñera electrónica, los niños reciben constante información que es procesada y asimilada por ellos.

Padres amigos de los hijos, una confusión sin limites Hoy en día se confunden los límites y los castigos de los padres hacia los hijos con falta de amor, por tal motivo es que los padres se desv[an de sus roles y en vez de mostrarse como figuras arentales y de ejemplo se convierten en sus amigos o sus «compinches» lo cual es una equivocación fatal.

Los límites y castigar las conductas de los hijos no demuestra una falta de amor hacia los mismos, representa más bien su preocupación hacia ellos. Los padres no deben ser los mejores amigos de los hijos, existen otras figuras dentro de la sociedad que cumplen esa función y además ninguno de los límites que se les sea impuesto impedirá que se sientan queridos dentro del lazo parental.

Existen muchos otros padres que escapan de sus roles, por miedo a los hijos, por temor a que sientan esa «falta tros padres que escapan de sus roles, por miedo a los hijos, por temor a que sientan esa «falta de amor’ o por no querer causarles traumas, se refugian en la ilusa idea de que pueden comprar el cariño, y la admiración de sus hijos por medio de objetos materiales, ignorando la realidad de que el vacío espiritual y la ausencia de sus figuras paternas y maternas no se reemplaza con objetos propios del mercado.

También existe una delegación de funciones parentales guiada por su propio temor de crecer y afrontar sus propias responsabilidades de adulto. Por otra parte, a lo que respecta a artefactos tecnológicos, es muy otable la adoración de los padres hacia el supuesto «saber» que manejan los chicos. Es común escuchar la típica frase «se las sabe todas» cuando más bien, esto más que un saber es una habilidad, habilidad que perfectamente podrían adquirir los padres si no hubieran perdido su propia capacidad de aprendizaje, de liderar el conocimiento y la educación de sus hijos.

Lo cual trae como consecuencia una desvalorización por parte de estos hacia sus progenitores. El sacerdote Benedicto alemán Anselm Grun sostiene que los hijos no solo necesitan sino que desean padres que les digan laramente lo que quieren, una vez aclarado este punto, pueden pelear contra ellos, pero justamente esto es lo que genera una cuestión de temor por parte de los padres, ya que lo único que buscan es sentir compasión y comprensión por sus hijos, por lo cual, no toman con absoluta seriedad sus roles de padres y Es más que necesario resaltar que debi toman con absoluta seriedad sus roles de padres y madres.

Es más que necesario resaltar que debido a los limites llegamos a ser quienes somos, ya que nos obligan a elegir y a hacernos cargo de nuestras elecclones, lo cual nos convierte en seres responsables. La relación entre padres e hijos es por naturaleza asimétrica, es decir que no se establece el mismo tipo de autoridad por parte de ambos, son los padres quienes ponen los limites.

Si estos escapan de sus papeles y se convierten en «compinches» corren el riesgo de causar un daño al nivel del desarrollo psicológico y emocional, les impide crecer, desarrollarse, los incapacita para la responsabilidad, y en consecuencia crían hijos que dependerán para toda la vida de sus padres. Es el claro ejemplo de los hljos que tienen cumplidos los 30 años o más, pero que aún siguen viviendo en la casa de sus figuras parentales.

La ingenua esperanza de los padres es que sus actitudes mal encaminadas sean retribuidas con amor y admiración, pero en vez de eso lo único que reciben a cambio es un desprecio o una lejanía, ya que toda acción destinada a comprar el amor está destinada al fracaso. Los niños y adolescentes necesitan de la presencia de sus progenitores, para guiarlos y acompañarlos, a través de sus propias experiencias, en los todos los aspectos de la vida que requiera esta presencia, necesitan de un padre, una madre, y no seres inmaduros que nada aportan a la transmisión del bagaje cultural.