La moral de los idealistas

LA MORAL DE LOS IDEALISTAS. Los seres cuya imaginacion se llena de ideales y su sentimiento atrae hacia ellos la personalidad entera son los IDEALISTAS. El ideal es un gesto del espiritu hacia alguna perfeccion. Los filosofos del futuro iran poniendo la experiencia como fundamento de toda hipotesis legitima, no es arriesgado pensar que en la etica venidera florecera un idealismo moral. Un ideal no es una formula muerta, sino una hipotesis perfectible; la evolucion humana es un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a su vez.

Un ideal es un punto y un momento entre todo lo posible que puebla el espacio y el tiempo, evolucionar es variar. En la evolucion humana varia incesantemente el pensamiento. La vida tiende naturalmente a perfeccionarse. A medida que la experiencia humana se amplia, observando la realidad, los ideales son modificados por la imaginacion, que es plastica y no reposa jamas. Los ideales son, por ende, reconstrucciones imaginativas de la realidad que deviene. Un ideal colectivo es la coincidencia de muchos individuos en un mismo afan de perfeccion. Todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la perfeccion.

Hay tantos idealismos como ideales; y tantos ideales como hombres aptos

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para concebir perfecciones y capaces de vivir hacia ellas. La experiencia, solo ella, decide sobre la legitimidad de los ideales, en cada tiempo y lugar. Sin ideales seria inexplicable la evolucion humana. Los hubo y los habra siempre. Seres desiguales no pueden pensar de igual manera. Los espiritus afiebrados por algun ideal son adversarios de la mediocridad: sonadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apaticos, generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmaticos.

Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo que observa, y lo mejor que imagina, sin ideales seria inconcebible el progreso. Todo porvenir ha sido una creacion de los hombres capaces de presentirlo, concretandolo en infinita sucesion de ideales. Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la aspiracion y la sabiduria; todo idealismo es, por eso, un afan de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos mas audaces a la ignorancia, madrastra de obstinadas rutinas.

Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos sociales que lo oprimen. Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser calido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal. Se distinguen dos tipos de idealistas, segun predomine en ellos el corazon o el cerebro. El idealismo sentimental es romantico: la imaginacion no es inhibida por la critica y los ideales viven de sentimiento. En el idealismo experimental los ritmos afectivos son encarrilados por la experiencia y la critica coordina la imaginacion: los ideales tornense reflexivos y serenos.

Corresponde el uno a la juventud y el otro a la madurez, el primero es adolescente, crece, puja y lucha; el segundo es adulto, se fija, resiste, vence. Los idealistas romanticos son exagerados por que son insaciables. El hombre incapaz de alentar nobles pasiones esquiva el amor como si fuera un abismo; ignora que el pone en manifiesto todas las virtudes y es el mas eficaz de los moralistas. Vive y muere sin haber aprendido amar. En todo lo perfectible cabe un romanticismo; su orientacion varia con los tiempos y con las inclinaciones.

En todo lo perfectible cabe un romanticismo; su orientacion varia con los tiempos y con las inclinaciones. Las rebeldias romanticas son embotadas por la experiencia. Los romanticismos no resisten a la experiencia critica: si duran hasta pasados los limites de la juventud, su ardor no equivale a su eficiencia. El idealista estoico se mantiene hostil a su medio, lo mismo que el romantico. Su actitud es de abierta resistencia a la mediocridad organizada, resignacion desdenosa o renunciamiento altivo sin compromisos. EL HOMBRE MEDIOCRE. La desigualdad humana no es un descubrimiento moderno.

Hay hombres mentalmente inferiores al termino medio de su raza, de su tiempo y de su clase social; tambien los hay superiores. Entre unos y otros fluctuan una gran masa imposible de caracterizar por inferioridades o excelencias. Su existencia es, sin embargo, natural y necesaria. En todo lo que ofrece grados hay mediocridad; en la escala de la inteligencia humana ella representa el claroscuro entre el talento y la estulticia. Las personas tienden a confundir el sentido comun con el buen sentido. El sentido comun es colectivo, eminentemente retrogrado y dogmatista; el buen sentido es individual, siempre innovador y libertario.

La personalidad individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los demas; en muchos hombres ese punto es simplemente imaginario. Por ese motivo al clasificar los caracteres humanos se ha comprendido la necesidad de separar a los que carecen de rasgos caracteristicos: productos adventicios del medio, de las circunstancias de la educacion que se les suministra, de las personas que los tutelan, de las cosas que los rodean. Muchos nacen; pocos viven. Los hombres sin personalidad son innumerables y vegetan moldeados por el medio, como cera fundida en el cuno social.

Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinion que todos los hombres tienen de si mismos, seria imposible discurrir de los que ese caracterizan por la ausencia de personalidad. Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbecil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre. Con diversas denominaciones y desde puntos de vista heterogeneos, se ha intentado algunas veces definir el hombre sin personalidad. En este sentido, hombre normal no seria sinonimo de hombre equilibrado, sino de hombre domesticado; la pasividad no es un equilibrio, no es complicada esultante de energias, sino su ausencia. El hombre sin personalidad no es un modelo, sino una sombra. ?cual es el hombre normal? , “Buen apetito, trabajador, ordenado, egoista, aferrado a sus costumbres, misoneista, paciente, respetuoso de toda autoridad, animal domestico”. Ningun hombre es excepcional en todas sus aptitudes; pero no podria afirmarse que son mediocres a carta cabal. No obstante las infinitas diferencias individuales, existen grupos de hombres que pueden englobarse dentro de tipos comunes; si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulata siempre relativo al conjunto: el hombre es un valor social.

Considerando a cada individuo con relacion a su medio, tres elementos concurren a formar su personalidad: la herencia biologica, la imitacion social y la variacion individual. El hombre inferior es un animal humano; en su mentalidad ensenoreanse las tendencias instintivas condensadas por la herencia y que constituyen el “alma de la especie”. El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y esta perfectamente adaptado para vivir en rebano, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente utiles para la domesticidad.

El hombre superior es un accidente provechoso para la evolucion humana. Es original e imaginativo, desadaptandose del medio sicila en la medida de su propia variacion. Todo lo que existe es necesario. Cada hombre posee un valor de contraste, si no lo tiene de afirmacion. El mediocre representa un progreso, comparado con el imbecil, aunque ocupa su rango si lo comparamos con el genio. Todos los hombres de personalidad firme y de mente creadora, son hostiles a la mediocridad. Ante la moral social, los mediocres encuentran una justificacion.

Si los habitos resumen la experiencia pasada de pueblos y de hombres, dandoles unidad, los ideales orientan su experiencia venidera y marcan su probable destino. Los idealistas y los rutinarios son factores igualmente indispensables, aunque los unos recelen de los otros. La sicologia de los hombres. La sicologia de los hombres mediocres caracterizase por un riesgo comun la incapacidad de concebir una perfeccion de, de formarse un ideal. Son rutinarios, honestos y mansos; piensan con la cabeza de los demas, comparten la ajena hipocresia moral y ajustan su caracter a las domesticidades convencionales.

Son incapaces de virtud; no la conciben o les exige demasiado esfuerzo. No vibran a las tensiones mas altas de la energia; son frios, apaticos, nunca equilibrados. No saben estremecerse de escalofrio bajo una tierna caricia, ni abalanzarse de indignacion ante una ofensa. Aunque aislados no merezcan atencion, en conjunto constituyen un regimen, representan un sistema especial de intereses inconmovibles. La vulgaridad es el agua fuerte de la mediocridad. En la ostentacion de lo mediocre reside la sicologia de lo vulgar; basta insistir en los rasgos suaves de la acuarela para ener el aguafuerte, los vulgares son mediocres de razas primitivas: habrian sido perfectamente adaptados en sociedades salvajes, pero carecen de la domesticacion que los confundirian con sus contemporaneos. Repudian las cosas liricas porque obligan a pensamientos muy altos y a gestos demasiados dignos. Su amistad es una complacencia servil o una adulacion provechosa. Admiran al utilitarismo egoista, inmediato, menudo, al contado. El hombre sin ideales hace del arte un oficio, de la ciencia un comercio, de la filosofia un instrumento, de la virtud una empresa, de la caridad una fiesta, del placer un sensualismo.

El progreso humano es la resultante de ese contraste perpetuo entre masas inertes y energias propulsoras. LA MEDIOCRIDAD INTELECTUAL La rutina no es hija de la experiencia; es su caricatura. En su orbita giran los espiritus mediocres. Evitan salir de ella y cruzar espacios nuevos; repiten que es preferible lo malo conocido que lo bueno por conocer. Su impotencia para asimilar ideas nuevas los constrine a frecuentar las antiguas. La Rutina, es el habito de renunciar a pensar. Los prejuicios son creencias anteriores a la observacion; los juicios, exactos o erroneos, son consecutivos a ella.

Es mas contagiosa la mediocridad que el talento. Los rutinarios razonas con la logica de los demas. Ignoran que el hombre vale por su saber; niegan por la cultura es la mas honda fuente de la virtud. No intentan estudiar; todos los rutinarios son intolerantes; los condena a serlo. Los hombres rutinarios desconfian de su imaginacion. En toda idea nueva presienten un peligro; si les dijeran que su prejuicios son ideas nuevas, llegarian a creerlos peligrosos. En todo lo que no hay prejuicios definitivamente consolidados, los rutinarios carecen de opinion.

El hombre rutinario no puede razonar por si mismo, viven de una vida que no es vivir. En esos hombres, inmunes a la pasion de la verdad, supremo ideal a que sacrifican su vida pensadores y filosofos, no caben impulsos de perfeccion. En el verdadero hombre mediocre la cabeza es un simple adorno del cuerpo. Son modestos, por principios. Tal modestia es un simple respeto de si mismo y de los demas. Adoran el sentido comun, sin saber de seguro en que consiste; lo confunden con el buen sentido, que es su sintesis. El temor de comprometerse les lleva a simpatizar con un precavido escepticismo.

La mediocridad intelectual hace al hombre solemne, modesto, indeciso y obtuso. Pasea su vida por las llanuras; evita mirar desde las cumbres que escalan los videntes y asomarse a los precipicios que sondan los elegidos. Vive entre los engranajes de la rutina. Los mediocres, lo mismo que los imbeciles, serian acreedores a esa amable tolerancia mientras se mantuvieran a la capa; detestan a los que no pueden igualar, como si con solo existir los ofendieran. Los mediocres, mas inclinados a la hipocresia que al odio, prefieren la maledicencia sorda a la calumnia violenta. Sin cobardia o hay maledicencia. El que puede gritar cara a cara una injuria, el que denuncia a voces un vicio ajeno, al que acepta los riesgos de sus decires, no es un maldiciente. La ironia es la perfeccion del ingenio, una convergencia de intencion y de sonrisa, aguda en la oportunidad y justa en la medida; es un cronometro, no anda mucho sino con precision. Eso lo ignora el mediocre. El escritor mediocre es peor por su estilo que por su moral. El mediocre parlante es peor por su moral que por su estilo. Diriase que empanan la reputacion ajena para disminuir el contraste con la propia.

La vanidad empuja al hombre vulgar a perseguir un empleo expectable en la administracion del Estado, indignadamente si es necesario; sabe que su sombra lo necesita. Mirar de frente al exito, es asomarse al precipicio: se retrocede a tiempo o se cae en el para siempre. Los grandes cerebros ascienden por la senda exclusiva del merito; o por ninguna. El exito les parece un simple reconocimiento de su derecho, un impuesto de admiracion que se les paga en vida. El exito es benefico si es merecido; exalta la personalidad, la estimula. La popularidad y la fama suelen dar transitoriamente la ilusion de la gloria.

Los hijos del exito pasajero deberian morir al caer en la orfandad. Para estos triunfadores accidentales, el instante en que se disipa su error deberia ser el ultimo de la vida. Compartiendo las ruinas y las debilidades de la mediocridad ambiente, facil es convertirse en arqueotipos de la masa y ser prohombres entre sus iguales, pero quien asi culmina, muere con ellos. La integridad moral y la excelencia de caracter sin virtudes esteriles en los ambientes rebajados, mas asequibles a los apetitos del domestico que a las altiveces del digno. LOS VALORES MORALES

La hipocresia es le arte de amordazar la dignidad; ella hace enmudecer los escrupulos en los hombres incapaces de resistir la tentacion del mal. Es falta de virtud para renunciar a este y de coraje para asumir su responsabilidad. Ninguna fe impulsa a los hipocritas; esquivan la responsabilidad de sus acciones son audaces en la traicion y timidos en la lealtad. En su anhelo simulan las aptitudes y cualidades que consideran ventajosas para acrecentar la sombra que proyecta en su escenario. El hipocrita suele aventajarse de su virtud fingida, mucho mas que el verdadero virtuoso. La hipocresia tiene matices.

Si el mediocre moral se aviene a vegetar en la penumbra, no cabe baje el escalpelo del psicologo. El odio es loable si lo comparamos con la hipocresia. La juventud tiene entre sus preciosos atributos la incapacidad de dramatizar largo tiempo las pasiones malignas; el hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios esta ya viejo, irreparablemente. Sus heridos son tan imborrables como sus canas. Y como estas, puede tenirse el odio: la hipocresia es la tintura de esas canas morales. El hipocrita esta constrenido a guardar las apariencias, con tanto afan como pone el virtuoso n cuidar sus ideales. Asi como la pereza es la clave de la rutina y la avidez es movil del servilismo, la mentira es el prodigioso instrumento de la hipocresia. El que miente es traidor: sus victimas le escuchan suponiendo que buscan la verdad. En el fondo sospecha que el hombre sincero es fuerte e individualista. Faltandole la osadia de practicar el mal, a que esta inclinado, contentase con sugerir que oculta sus virtudes por modestia; pero jamas consigue usar con desenvoltura el antifaz. El hipocrita entibia toda amistad con sus dobleces: nadie puede confiar en su ambiguedad recalcitrante.

Su indiferencia al mal del projimo puede arrastrarle a complicidad indignas. Indigno de la confianza ajena, el hipocrita vive desconfiado de todos, hasta caer en el supremo infortunio de la susceptibilidad. Un terror ansioso la acoquina frente a los hombres sinceros, creyendo escuchar en cada palabra un reproche merecido; no hay en ello dignidad, sino remordimiento. En vano pretenderia enganarse a si mismo, confundiendo la susceptibilidad con la delicadeza; aquella nace del miedo y esta es hija del orgullo. Las deudas contraidas por vanidad o por vicio obligan a fingir y enganar; el que las acumula renuncia a toda dignidad.

Hay otras consecuencias del tartufism. El hombre ductil a la intriga se priva del carino ingenuo. Suele tener complices, pero no tiene amigos; la hipocresia no ata por el corazon, sino por el interes. Los hipocritas forzosamente utilitarios y oportunistas, estan siempre dispuestos a traicionar sus principios en homenaje a un beneficio inmediato; eso les veda la amistad con espiritus superiores. Siendo desleal, el hipocrita es tambien ingrato. Invierte las formulas del reconocimiento: aspira a la divulgacion de los favores que hace, sin ser por ello sensible a los que recibe.

Multiplica por mil lo que da y divide por un millon lo que acepta. El pudor de los hipocritas es la peluca de su calvicie moral. La mediocridad moral es impotencia para la virtud cobardia para el vicio. Si hay mentes que parecen maniquies articulados con rutinas, abundan corazones semejantes a mongolfieras infladas de prejuicios. El hombre honesto puede temer el crimen sin admirar la santidad: es incapaz de iniciativa para entrambos. Las mediocracias de todos los tiempos son enemigas del hombre virtuoso: prefieren al honesto y lo encumbran como ejemplo.

Olvida que no hay perfeccion sin esfuerzo: solo pueden mirar al sol de frente los que osan clavar su pupila sin temer la ceguera. Los corazones menguados no cosechan rosas en su huerto, por temor a las espinas; los virtuosos saben que es necesario exponerse a ellas para recoger las flores mejor perfumadas. La sociedad predica no hagas mal y seras honesto. El talento moral tiene otras exigencias: persigue una perfeccion y seras virtuoso. La honestidad esta al alcance de todos; la virtud es de pocos elegidos. El hombre honesto aguanta el yugo a que le uncen sus complices; el hombre irtuoso se eleva sobre ellos con un golpe de ala. No hay virtud cuando los actos desmienten las palabras, ni cabe nobleza donde la intencion se arrastra. Por eso la mediocridad moral es mas nociva en los hombres conspicuos y en las clases privilegiadas. La nobleza que no esta en nuestro afan de perfeccion es inutil que perdure en ridiculos abolengos y pergaminos; noble es el que revela en sus actos un respeto por su rango y no el que alega su alcurnia para justificar actos innobles. Por la virtud, nunca por la honestidad, se miden los valores de la aristocracia moral.

Mientras el hipocrita merodea en la penumbra, el invalido moral se refugia en la tiniebla. Comparado con el invalido moral, el hombre honesto parece una alhaja. Los delincuentes son individuos incapaces de adaptar su conducta a la moralidad media de la sociedad en que viven. Son inferiores; tienen el alma de la especie , pero no adquieren el alma social. Divergen de la mediocridad, pero en sentido opuesto a los hombres excelentes, cuyas variaciones originales determinan una desadaptacion evolutiva en el sentido de la perfeccion. Estos inadaptables son moralmente inferiores al hombre mediocre.

Los insectos daninos en la naturaleza. Sea cual fuere, sin embargo, la orientacion de su inferioridad biologica y social , encontramos una pincelada comun en todos los hombres que bajo el nivel de la mediocridad: la ineptitud constante para adaptarse a las condiciones que, en cada colectividad humana, limitan la lucha por la vida. Carecen de la aptitud que permite al hombre mediocre imitar los prejuicios y las hipocresias de la sociedad en que vegeta. No es el hombre moralmente mediocre – el honesto – quien determina las transformaciones de la moral.

Son los virtuosos y los santos, inconfundibles con el. Precursores, apostoles, martires, inventan formas superiores del bien, las ensenan, las predican, las imponen. Toda moral futura es un producto de esfuerzos individuales, obra de caracteres excelentes que conciben y practican perfecciones inaccesibles al hombre comun. El progreso etico es lento, pero seguro. La virtud arrastra y ensena; los honestos se resignan a imitar alguna parte de las excelencias que practican los virtuosos. Cada uno de los sentimientos utiles para la vida humana engendra una virtud, una norma de talento moral.

El hombre mediocre ignora esas virtudes; se limita a cumplir las leyes por temor a las penas que amenazan a quien las viola, guardando la honra por no arrastrar las consecuencias de perderla. Ensenemos a perdonar; pero ensenemos con el ejemplo, no ofendiendo. Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia; pero creamos que la segunda suele ser por villania. Mientras los hipocritas recetan la austeridad, reservando la indulgencia para si mismos, los pequenos virtuosos prefieren la practica del bien y su predica; evitan los sermones y enaltecen su propia conducta.

Su corazon es sensible a las pulsaciones de los demas, abriendose a toda hora para adulcir las penas de un desventurado y previniendo sus necesidades para ahorrarles la humillacion de pedir ayuda; hacen siempre todo lo que pueden, poniendo en ello tal afan que trasluce el deseo de haber hecho mas y mejor. Esas pequenas virtudes son usuales, de aplicacion frecuente, cotidiana; sirven para distinguir al bueno del mediocre y difieren tanto de la honestidad como el buen difieren del sentido comun.

La moralidad es tan importante como la inteligencia en la composicion global del caracter. Ambas formas de talento, aunque distintas y cada una multiforme, son igualmente necesarias y merecen el mismo homenaje. Si un hombre encarrila en absoluto su vida hacia un ideal, eludiendo o constatando todas las contingencias materiales que contra el conspiran, ese hombre se eleva sobre el nivel mismo de las mas altas virtudes. Entra en la santidad. La santidad existe: los genios morales son los santos de la humanidad.

Algunos legislan y fundan religiones como Moises, Buda y Confucio, en civilizaciones primitivas, cuando los Estados son teocracias; otros predican y viven su moral, como Socrates, Zenon o Cristo, confiando la suerte de sus nuevos valores a la eficacia del ejemplo; sea cual fuere el juicio que a la posteridad merezcan sus ensenanza, todos ellos son inventores, fuerzas originales en la evolucion del bien y del mal, en la metamorfosis de las virtudes. Son siempre hombres de excepcion, genios, los que la ensenan. La santidad esta en la sabiduria.

Los ideales eticos no son exclusivos del sentimiento religioso; no lo es la virtud; ni la santidad. Sobre cada sentimiento pueden ellos florecer. Cada epoca tiene sus ideales y sus santos: heroes, apostoles o sabios. Si es dificil mirar un instante la cara de la muerte que amenaza paralizar nuestro brazo, lo es mas resentir toda una vida los principios y rutinas que amenazan asfixiar nuestra inteligencia. Orientadas por la exigua constelacion de visionarios, las generaciones remontan desde la rutina hacia Verdades cada vez menos inexactas y desde el prejuicio hacia las Virtudes cada vez menos imperfectas.

Todos los caminos de la santidad conducen hacia el punto infinito que marca su imaginaria convergencia. LOS CARACTERES MEDIOCRES Viven de los demas y para los demas: sombras de una grey, carecen de luz, de arrojo, de fuego, de emocion. Los caracteres excelentes ascienden a la propia dignidad nadando contra la corriente. Nunca se obstinan en el error, ni traicionan jamas la verdad. Su fisonomia es la propia y no puede ser nadie mas; son inconfundibles. Por ellos la humanidad vive y progresa. Las creencias son el soporte del caracter; el hombre que las posee firmes y elevadas, lo tienen excelente.

Las sombras no creen. Las creencias son los moviles de toda actividad humana. No necesitan verdades: creemos con anterioridad a todo racionamiento y cada nueva nocion es adquirida a traves de creencias ya preformadas. El ingenio y la cultura corrigen las faciles ilusiones primitivas y las rutinas impuestas por la sociedad al individuo: la amplitud de saber permite a los hombres formarse ideas propias. Sin unidad no se concibe un caracter. La unidad de las creencias permite a los hombres obrar de acuerdo con el propio pasado. Creencias firmes, conducta firme.

Ese es el criterio para apreciar el caracter las obras. Mientras los hombres resisten las tentaciones, las sombras resbalan por la pendiente; los caracteres excelentes son indomesticables: tiene su norte puesto en su ideal. Su “firmeza” los sostiene; su “luz” los guia. Las sombras en cambio, degeneran. En ciertos sujetos, sin caracter desde el caliz materno hasta la tumba, la conducta no puede seguir normas constantes. El trabajo, creando el habito del esfuerzo, seria la mejor escuela del caracter; esos degenerados son indomesticables.

En los mundos minados por la hipocresia todo conspira contra las virtudes civiles: los hombres se corrompen los unos a los otros, los mediocres no saben evitarla; los hombres sin ideales son incapaces de resistir las acechanzas de hartazgos materiales sembrados en su camino. El hombre es. La sombra parece. El hombre pone su honor en el merito propio y es juez supremo de si mismo; hay una moral del honor y otra de su caricatura: ser o parecer. Del amor propio nacen las dos: hermanas por su origen. Como Cain y Abel. Y mas enemigos que ellos, irreconciliables.

Son formas de amor propio. Siguen caminos diferentes. La una florece sobre el orgullo, celo escrupuloso puesto en el respeto de si mismo; la otra nace de la soberbia, apetito de culminacion ante los demas. En los dignos el propio juicio se antepone a la aprobacion ajena; en los mediocres se postergan los meritos y se cultiva a la sombra. Los primeros viven para si; los segundos vegetan para otros. LA ENVIDIA La envidia es una adoracion de los hombres por las sombras, del merito por la mediocridad. Es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena.

Es el grillete que arrastra los fracasos. El que envidia se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno; esta pasion es el estigma psicologico de una humillante inferioridad, sentida, reconocida. Sorprende que los sicologos la olviden en sus estudios sobre las pasiones, limitandose a mencionarla como un caso particular de los celos. Es pasion traidora y propicia a las hipocresias. Se puede odiar a las cosas y a los animales; solo se puede envidiar a los hombres. El odio que injuria y ofende es temible; la envidia que calla y conspiran es repugnante.

El odio puede hervir en los grandes corazones; puede ser justo y santo; lo es muchas veces, cuando quieren borrar la tirania, la infamia, la indignidad. La envidia es de corazones pequenos; el hombre que se siente superior no puede envidiar, ni envidia nunca el loco feliz que vive con delirio de grandeza. Se envidia lo que otros ya tienen y se desearia tener, sintiendo que el propio es un deseo sin esperanza: se cela lo que ya se posee y se teme perder; se emula en pos de algo que otros tambien anhelan, teniendo la posibilidad de alcanzarlo.

La emulacion es siempre noble: el odio mismo puede serlo algunas veces. La envidia es una cobardia propia de los debiles, un odio impotente, una incapacidad manifiesta de competir o de odiar. La emulacion presume un afan de equivalencia, implica la posibilidad de un nivelamiento; siendo la envidia un culto involuntario del merito, los envidiosos son, a pesar suyo, sus naturales sacerdotes. El envidioso cree marchar al calvario cuando observa que otros escalan la cumbre. Lo que es para otros causas de felicidad, puede ser objeto de envidia.

Envidiar es una forma aberrante de rendir homenaje a la superioridad. La que ha nacido -y la belleza para ser completada requiere, entre otros dones, la gracia, la pasion y la inteligencia- tiene asegurado el culto de la envidia. El talento es el tesoro mas envidiado entre los hombres. Todo el que siente capaz de crearse un destino con su talento y con su esfuerzo esta inclinado a admirar el esfuerzo y el talento en los demas; pero aceptar no es amar. Resignarse no es admirar. Todo escritor mediocre es candidato a criticastro. La incapacidad de crear le empuja a destruir.

Las mujeres feas demostraran que la belleza es repulsiva y las viejas sostendran que la juventud es insensata; vengaran su desgracia en el amor diciendo que la castida es suprema entre todas las virtudes, cuando ya en vano se harian viltroteras para ofrecer la propia a los transeuntes. El que no admira lo mejor, no puede mejorar. El castigo de los envidiosos estaria en cubrirlos de favores, para hacerles sentir que su envidia es recibida como un homenaje y no como un estiletazo. El envidioso es la unica victima de su propio veneno.

Los unicos gananciosos son los envidiados; es grato sentirse adorar de rodillas. La mayor satisfaccion del hombre excelente esta en evocar la envidia, no ser envidiado es una garantia inequivoca de mediocridad. LA VEJEZ NIVELADORA La vejez mediocriza a todo hombre superior; mas tarde, la decrepitud inferioriza al viejo ya mediocre. Quien se pone a mirar si lo que tiene le bastara para que todo su porvenir posible, ya no es joven; cuando opina que es preferible tener de mas a tener de menos, esta viejo; cuando su afan de poseer excede su posibilidad de vivir, ya esta moralmente decrepito.

La avaricia es una exaltacion de los sentimientos egoistas propios de la vejez. La personalidad individual se constituye por sobre posiciones sucesivas de la experiencia. Inferior, mediocre o superior, todo hombre adulto atraviesa un periodo estacionario durante el cual se perfeccionan las aptitudes. La longevidad mortal es un accidente; no es la regla. La vejez inequivoca es la pone mas arrugas en el espiritu que en la frente. La juventud no es simple cuestion de estado civil y puede sobrevivir a alguna cana: es un don de vida ntensa, expresiva y optimista. La vejez comienza por hacer de todo individuo un hombre mediocre. Los que solo habian logrado adquirir un reflejo de la mentalidad social. , poco tienen que perder en esta inevitable bancarrota: es el empobrecimiento de un pobre. El viejo tiende a la inercia, busca el menor esfuerzo; asi como la pereza de una vejez anticipada. La vejez es una pereza que llega fatalmente en cierta hora de la vida. A medida que envejece, tornase el hombre infantil, tanto por su ineptitud creadora como por su achicamiento moral.

La sicologia de la vejez denuncia ideas obsesivas absorbentes . todo viejo cree que los jovenes le desprecian y desean su muerte para suplantarle. A los veinte anos cada individuo ha anunciandolo que de el puede esperarse ningun alma oscura hasta esa edad se ha vuelto luminosa despues. Casi todas las grandes acciones de la historia han sido realizadas antes de los treinta anos. Los viejos olvidan que fueron jovenes y estos parecen ignorar que seran viejos. El diablo no sabe mas por viejo que por diablo. Si se arrepiente no es por santidad; sino por impotencia.

LA MEDIOCRACIA En raros momentos la pasion caldea la historia y los idealismos se exaltan: cuando las naciones se constituyen y cuando se renuevan. Platon, sin quererlo, al decir de la democracia:” es el peor de los buenos gobiernos, pero es el mejor entre los malos” definio la mediocracia. Politicos sin verguenza hubo en todos los tiempos y bajo todos los regimenes; pero encuentran mejor clima en las burguesias sin ideales. Siempre hay mediocres. Son perennes. Lo que varia es su prestigio y su influencia.

En las epocas de exaltacion renovadora muestrense humildes, son tolerados; nadie los nota , no osan inmiscuirse en nada. Cuando se entibian los ideales y se reemplaza lo cualitativo por lo cuantitativo, se empieza a contar con ellos. Los gobernantes no crean tal estado de cosas y de espiritus: lo representan. Florecen legisladores, pululan archivistas, cuenteense los funcionarios por legiones: las leyes se multiplican, sin reforzar por ello su eficacia. En vez de heroes, genios o santos, se reclama discretos administradores.

Pero el estadista, el filosofo, el poeta, los que realizan, predican y cantan alguna parte de un ideal estan ausentes. Nada tiene que hacer. Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay patria, no puede haberla: hay que tener ensuenos comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedara en mitad de camino contando sus talegas. No hay manera mas baja de amar a la patria que odiando a las patrias de los otros hombres, como si todas no fueran igualmente dignas de engendrar en sus hijos iguales sentimientos.

La exigua capacidad de ideales impide a los espiritus bastos ver en el patrimonio un alto ideal; los trafugas de la moral, ajenos a la sociedad en que viven, no pueden concebirlo; los esclavos y los siervos tiene, apenas, un pais natal. Solo el hombre digno y libre puede tener una patria. Cuando las miserias morales asolan a un pais, culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideal han sabido amarlo como patria: de todos los que vivieron de ella sin trabajar para ella. Nadie piensa donde todos lucran; nadie suena donde todos tragan.

Es de ilusos creer que el merito abre las puertas de los parlamentos envilecidos. Los partidos -o el gobierno en su nombre- operan una seleccion entre sus miembros, a expensas del merito o a favor de la intriga. Un soberano cuantitativo y sin ideales prefiere candidatos que tengan su misma complexion moral: por simpatia y por conveniencia. Los complices, grandes o pequenos, aspiran a convertirse en funcionarios. Ese afan de vivir a expensas del estado rebaja la dignidad. El merito queda excluido en absoluto; basta la influencia.

Con ella se asciende por caminos equivocos. Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablandoles sin cesar de sus derechos, jamas de sus deberes, es el postrer renunciamiento la propia dignidad. Tener un ideales crimen que no perdonan las mediocracias. Quien vive para un ideal no puede servir para ninguna mediocracia. La aristocracia del merito es el regimen ideal, frente a las dos mediocrecias que ensombrecen la historia. Tiene la formula absoluta: “la justicia en la desigualdad”. LOS FORJADORES DE IDEALES

Todo lo que vive es incesantemente desigual. Nacen muchos ingenios excelentes en cada siglo, encuentran el momento adecuado para llegar a ser lo que son. Ese es el secreto de su gloria: coincidir con la oportunidad que necesita de el. La obra de genio no es fruto exclusivo de la inspiracion individual, otorgar ese titulo a cuantos descuellan por determinada aptitud significa mirar como identicos a todos los que se elevan sobre la mediania. Ninguna clasificacion es justa por que la genialidad no se clasifica.

Un libro es mas que una intencion: es un gesto. La adaptacion es mediocrizadora. El genio se abstrae; el alienado se distrae. Por eso, con frecuencia, toda superioridad es un destierro. Son inquietos: la gloria y el reposo nunca fueron compatibles. Solo esta vencido el que confiesa estarlo. El genio por su definicion, no fracasa nunca. Por eso los hombres excepcionales merecen la admiracion que se les profesa. Si su aptitud es un don de la naturaleza, desarrollarla implica un esfuerzo ejemplar.

Los mas bellos dones requieren ser cultivados como las tierras mas fertiles necesitan ararse. La memoria no hace al genio, aunque no le estorba; pero ella, y el razonamiento a sus datos, no crean nada superior a lo real que percibimos. Mientras existan corazones que alienten un afan de perfeccion, seran conmovidos por todo lo que revela la fe en un ideal: por el canto de los poetas, por el gesto de los heroes, por la virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la filosofia de los pensadores.