La Induccion

La Inducción, problema de la filosofía. En casi todos los precedentes análisis nos hemos esforzado en poner en claro nuestros datos en el proceso del conocimiento de la existencia. ¿Qué cosas hay en el Universo cuya existencia nos sea conocida porque tenemos un conocimiento directo de ellas? Sobre este punto, nuestra respuesta ha sido que tenemos un conocimiento directo de nuestros datos de los sentidos y, probablemente, de nosotros mismos. Sabemos que eso existe.

Y los datos pretéritos de los sentidos que recordamos son conocidos como conocimiento que nos proporclona Es preciso que sepa cosas, PACE 1 orlo o View nut*ge el pasado. Tal es el una especie de A, es un signo de la existencia de otra especie de cosas, B —ya al mismo tiempo que A, ya más temprano o más tarde— como, por ejemplo, el trueno es un Signo de la previa existencia del relámpago. Si esto no nos fuera conocido, no podríamos extender jamás nuestro conocimiento más allá de la esfera de nuestra experiencia privada; y esta esfera, como hemos visto, es sumamente limitada.

El problema que hemos de considerar ahora es si esta extensión es posible, y en caso afirmativo, cómo se realiza. Tomemos, por ejemplo, una materia

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sobre la cual ninguno de reencia ¿es simplemente el producto ciego de la experiencia pasada, o puede ser justificada como una creencia razonable? No es fácil hallar una prueba por medio de la cual podamos juzgar si una creencia de este género es razonable o no. Es obvio que si se nos pregunta por qué creemos que el sol saldrá manana contestaremos naturalmente: «Porque ha salido invariablemente todos los días».

Tenemos la firme creencia de que saldrá en el futuro porque ha salido en el pasado. Si se nos interroga sobre el motivo por el cual creemos que continuará saliendo como hasta aqu[, apelaremos a las leyes del movimiento: la Tierra, iremos, es un cuerpo libre animado de un movimiento de rotación, y los cuerpos de este género no cesan en su movimiento si no sufren interferencia con un objeto exterior, y no hay nada al exterior que pueda interferir con la Tierra, desde hoy a mañana.

La única razón para creer que las leyes del movimiento seguirán rigiendo es que han actuado hasta ha habido interferencia hasta ahora), en la medida en que nuestro conocimiento del pasado nos permite juzgar de ello. Verdad es que tenemos una mayor masa de experiencias del pasado en favor de las leyes del movimiento que en favor 0 de la salida del sol, porque 1 no es más que un caso casos particulares de ella. Pero el verdadero problema es éste: ¿un numero cualquiera de casos en que se ha realizado una ley en el pasado proporciona la evidencia de que se realizará lo mismo en el futuro?

En caso negativo, es evidente que no tenemos ningún fundamento para esperar que el sol salga mañana. Se puede observar que todas estas esperanzas son sólo probables; lo que debemos buscar no es, pues, una prueba de que deben ser cumplidas, sino alguna razón en favor de la opinión según la cual es verosímil(que tiene apariencia o probabilidad de ser verdadera. ) que se cumplan. La experiencia nos ha mostrado que, hasta aquí, la frecuente repetición de una serie uniforme o de una coexistencia ha sido la causa de que esperáramos la misma serie o coexistencia en la próxima ocasión(lnduccion).

Un alimento que tiene una determinada apariencia tiene, generalmente, un determinado sabor y resulta un rudo golpe para nuestra esperanza cuando el aspecto habitual se halla asociado con un sabor inusitado… “Se pierde la seguridad a la inducción”. Este género de asociación no se limita al hombre; es también muy fuerte en los animales. Un caballo que ha corrido con frecuencia a lo largo de un amino se resiste a andar en otra dirección. Los animales domésticos esperan su alimento cuando ven la persona que habitualmente se lo da.

Sabemos que todas estas expectativas, as, de uniformidad, están más bien burdas, de uniformidad, están sujetas a error. El hombre que daba de comer todos los dias al pollo, a la postre le tuerce el cuello, demostrando con ello que hubiesen sido útiles al pollo opiniones más afinadas sobre la uniformidad de la naturaleza. Pero, a pesar de los errores de estas expectativas, no cabe duda de su existencia. El mero hecho de que algo haya ocurrido un cierto número de veces roduce en los animales y en los hombres la esperanza de que ocurrirá de nuevo.

Así, nuestro instinto nos proporciona ciertamente la creencia de que el sol saldrá mañana, pero es posible que no nos hallemos en mejor posición que el pollo, al cual, sin que lo esperara, le han retorcido el cuello. El problema que vamos a analizar aquí es el de si hay alguna razón para creer en lo que se ha denominado «la uniformidad de la La creencia en la uniformidad de la naturaleza es la creencia de que todo lo que ha ocurrido u ocurrirá es un caso de alguna ley general que no tiene excepción alguna.

Las xpectativas burdas que hemos considerado están todas sujetas excepciones, y expuestas por lo tanto a engañar al que las concibe. pero la ciencia admite habitualmente, por lo menos como hipótesis de trabajo, que las leyes generales que tienen excepciones pueden ser reemplazadas por leyes 10 generales que carecen de erpos abandonados en el abandonados en el aire, caen», es una ley general de la cual son excepciones los proyectiles y los aeroplanos.

La creencia de que el sol saldrá mañana podría llegar a ser falsa si la Tierra entrara súbitamente en contacto con un cuerpo grande que destruyera su otación; pero las leyes del movimiento y la ley de la gravitación no serian infringidas por este acontecimiento. El objeto de la ciencia es hallar uniformidades(lgualdad o semejanza), del mismo género que las leyes del movimiento y de la gravitación, de tal modo, que por mucho que extendamos nuestras 42 experiencias, no sufran excepción. En esta investigación, la ciencia ha tenido un éxito evidente y podemos conceder que sus uniformidades se han mantenido hasta aquí.

Pero con esto volvemos al problema primitivo: Suponiendo que se han mantenido siempre en el pasado ¿tenemos alguna razón para suponer que se mantendrán en el futuro? Se ha argüido(descubrir) que tenemos razón para esperar que el futuro se parecerá al pasado, porque lo que era el futuro se ha convertido constantemente en el pasado y se ha parecido siempre al pasado, de tal modo, que en realidad tenemos la experiencia del futuro, es po que era anteriormente s 0 el futuro y futuros futuros, y el problema es éste: ¿los futuros futuros se asemejarán a los futuros pasados?

No se puede responder a esta pregunta con argumentos que se apoyen sólo en los futuros pasados. Por tanto, nos es preciso buscar algún principio que nos permita saber que el futuro seguirá las mismas leyes que el pasado. ealmente nos hemos de plantear es el siguiente: Cuando dos cosas se han hallado frecuentemente asociadas y no conocemos ejemplo alguno en el cual haya ocurrido la una sin la otra, el hecho de que ocurra una de ellas ¿no da, en un caso nuevo, un fundamento suficiente para esperar la otra?

De nuestra respuesta a esta pregunta dependerá la validez de todas nuestras esperanzas relativas al futuro, de todos los resultados obtenidos por la inducción y desde el punto de vista práctico, de todas las creencias en que se funda nuestra vida cotidiana. Debemos conceder, por lo pronto, que el hecho de que dos cosas e hayan hallado con frecuencia unidas y jamás separadas, no basta por sí mismo para probar de un modo demostrativo que se hallarán también unidas próximo caso.

Lo más que podemos esperar es que cuanta mayor sea la frecuencia con que se hayan hallado unidas, más probable será que se hallen unidas en otra ocasión, y q aliado unidas con aserto no puede alcanzar nunca la certeza completa porque sabemos que, a pesar de la frecuencia de las repeticiones, ocurre a veces una decepción final, como en el caso del pollo al cual le tuercen el cuello. La probabilidad es todo lo que podemos pretender.

El principio que estudiamos puede ser denominado principio de la inducción, y sus dos partes pueden ser formuladas como sigue: a) Cuando una cosa de una cierta especie, A, se ha hallado con frecuencia asociada con otra cosa de otra especie determinada, B, y no se ha hallado jamás disociada de la cosa de la especie B, cuanto mayor Sea el número de casos en que Ay B se hayan hallado asociados, mayor será la probabilidad de que se hallen asociados en un nuevo caso en el cual sepamos que una de ellas se halla presente(Que pueda estar juntas en un futuro). ) En las mismas circunstancias, un número suficiente de casos e asociación convertirá la probabilidad de la nueva asociación casi en una certeza y hará que se aproxime de un modo indefinido a la certeza. Así formulado, el principio se aplica tan sólo a la comprobación de nuestra esperanza en un nuevo caso particular, pero necesitamos saber también si existe una probabilidad en favor de la ley general según la cual las cosas de la especie A van siempre a las cosas de la especie B, asociación y que no conozcamos ningún caso en que falte la asociación.

Se observará que la probabilidad es siempre relativa(Mantiene vinculo) a ciertos datos. En uestro caso, los datos son simplemente los casos conocidos de coexistencia de A y g. Puede haber otros datos, que podrían ser tomados en cuenta y alterarían gravemente la probabilidad. Por ejemplo, un hombre que hubiera visto muchos cisnes blancos podría creer, según nuestro pnncpio, que es probable que todos los cisnes sean blancos, y sería un argumento perfectamente correcto. No se halla desmentido por el hecho de que algunos cisnes sean negros, porque una cosa puede muy bien ocurrir a pesar de que algunos hechos la hagan improbable.

En el caso de los cisnes, un hombre podría saber que en muchas especies animales el color es una aracterística muy variable y que, por consiguiente, una inducción concerniente al color está particularmente expuesta al error; pero este conocimiento serla un nuevo dato, que no probaría que la probabilidad relativa a los datos precedentes haya sido estimada con error. Así pues, el hecho de que las cosas dejen con frecuencia de confirmar nuestras esperanzas, no es una prueba de que éstas no se realizarán probablemente en un caso determinado o en una clase determinada de casos.

Así cipio inductivo no es por lo menos simplemente a la experiencia. El principio inductivo, no obstante, es igualmente incapaz de ser probado ecurriendo a la experiencia. Es posible que la experiencla confirme el principio inductivo en relación con los casos que han sido ya examinados; pero en lo que se refiere a los casos no examinados, sólo el principio inductivo puede justificar una inferencia de lo que ha sido examinado a lo que no lo ha sido todavía.

Todos los argumentos que, sobre la base de la experiencia, se refieren al futuro o a las partes no experimentadas del pasado o del presente, suponen el principio de la inducción, de tal modo que no podemos usar jamás la experiencia para demostrar el principio inductivo sin incurrir en una petición de principio. Así pues, nos es preciso aceptar el principio de la inducción en virtud de su evidencia intrínseca(origen), o renunciar a toda justificación de relativas al futuro.

Si el principio es erróneo, no tenemos razón alguna para creer que el sol saldrá mañana, que el pan será más alimenticio que una piedra, o que si nos arrojamos del tejado caeremos. Cuando veamos que se aproxima lo que tiene la apariencia de nuestro mejor amigo, no tendremos rpo no se halla habilitado ninguna razon para supon por el asociaciones que han actuado en el pasado y que, por consiguiente, consideramos que seguirán actuando en el futuro; y esta robabilidad depende, en cuanto a su validez, del principio de la inducción.

Todos estos principios generales son creídos porque la humanidad ha hallado innumerables ejemplos de su verdad y ningún ejemplo de su falsedad; pero esto no proporciona la evidencia de que serán verdaderos en el futuro, si no admitimos el principio de la inducción. Así, todo conocimiento que, sobre la base de la experiencla, nos dice algo sobre lo que no se ha experimentado, se basa en una creencia que la experiencia no puede confirmar ni refutar, pero que, por lo menos en sus aplicaciones más concretas, aparece tan firmemente arraigado en osotros como muchos hechos de la experiencia.

La existencia y la justificación de tales creencias —pues el principio de inducción, como veremos, no es el solo ejemplo de ellas suscitan algunos de los problemas más difíciles y más debatidos de la filosofía. “Principio de la inducción, en tanto que es necesario para la validez de todos los argumentos basados en la experiencia, no es a su vez susceptible de ser probado por la experiencia, y sin embargo, es creído sin vacilación por todo el mundo, por lo menos en todas sus aplicaciones concretas. ” -“En conclusión, el proble ción es que no puede ser validada”..

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