La dinámica del capitalismo

INDICE 1. REFLEXIONANDO ACERCA DE LA VIDA MATERIAL Y LA VIDA ECONOMICA 5 2. LOS JUEGOS DEL INTERCAMBIO 15 3. EL TIEMPO DEL MUNDO. 25 Este breve volumen reproduce el texto de tres conferencias que di en la Universidad de Johns Hopkins, Estados Unidos, en 1977. El texto ha sido traducido al ingles con el titulo de Afterthoughts on Material Civilization and Capitalism, y mas tarde al italiano como La dinamica del capitalismo.

La presente edicion no anade ninguna correccion al texto inicial que, debo advertirlo al lector, es anterior a la publicacion del libro Civilizacion material, economia y capitalismo, publicado en 1979 por la Editorial Armand Colin. Al encontrarse esta obra casi completamente escrita por aquel entonces, se me pidio que la presentara en sus lineas generales. 1. REFLEXIONANDO ACERCA DE LA VIDA MATERIAL Y LA VIDA ECONOMICA COMENCE a pensar en Civilizacion material, economia y capitalismo, obra larga y ambiciosa, hace ya muchos anos, en 1950.

El tema me habia sido propuesto entonces o, mejor dicho, amistosamente impuesto, por Lucien Febvre, que acababa de sentar las bases de una coleccion de historia general, «Destins du Monde», de la cual tuve que asumir la dificil continuacion tras la muerte de su director, en 1956.

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Lucien Febvre se proponia escribir, por su parte, Pensees et croyances d’Occident, du XV au XVIII siecles, libro que debia acompanar y completar el mio, formando pareja con el, y que desgraciadamente no se publicara nunca.

Mi obra se ha visto definitivamente privada de este acompanamiento. Sin embargo, pese a limitarse en general al campo de la economia, esta obra me ha planteado numerosos problemas, debido a la enorme cantidad de documentos que he tenido que manejar, a las controversias que suscita el tema tratado –la economia, en si, es evidente que no existe– y a las incesantes dificultades que suscita una historiografia en constante evolucion, ya que incorpora necesariamente, aunque con bastante lentitud, de buen o mal grado, las demas ciencias humanas.

A esta historiografia en estado de perpetuo alumbramiento, que nunca es la misma de un ano para otro, solo podemos seguirla corriendo y trastornando nuestros trabajos habituales, adaptandonos mejor o peor a exigencias y ruegos siempre distintos. Yo, por mi parte, siento siempre un gran placer cuando escucho este canto de sirenas. Y los anos van pasando. Habre consagrado veinticinco anos de mi vida a la historia del Mediterraneo, y casi veinte a la Civilizacion material. Sin duda es mucho, demasiado.

La llamada historia economica, que se encuentra todavia en proceso de construccion, tropieza con una serie de prejuicios: no es la historia noble. La historia noble es el navio que construia Lucien Febvre: no se trataba de Jacob Fugger, sino de Martin Lutero o de Francois Rebelais. Sea o no sea noble, o menos noble que otra, la historia economica no deja por ello de plantear todos los problemas inherentes a nuestro oficio: es la historia integra de los hombres, contemplada desde cierto punto de vista.

Es a la vez la historia de los que son considerados como sus grandes actores, por ejemplo: Jacques Coeur o John Law; la historia de los grandes acontecimientos, la historia de la coyuntura y de las crisis y, finalmente, la historia masiva y estructural que evoluciona lentamente a lo largo de amplios periodos. Y en esto reside precisamente la dificultad, ya que, tratandose de cuatro siglos y del conjunto del mundo, ? como podiamos organizar semejante cumulo de hechos y explicaciones? Habia que escoger. En lo que a mi respecta, he elegido los equilibrios y desequilibrios profundos que se producen a largo plazo.

Lo que me parece primordial en la economia preindustrial es, en efecto, la coexistencia de las rigideces, inercias y torpezas de una economia aun elemental con los movimientos limitados y minoritarios, aunque vivos y poderosos, de un crecimiento moderno. Por un lado, estan los campesinos en sus pueblos, que viven de forma casi autonoma, practicamente autarquica; por otro, una economia de mercado y un capitalismo en expansion que se extienden como una mancha de aceite, se van forjando poco a poco y prefiguran ya este mismo mundo en el que vivimos.

Hay, por lo tanto, al menos dos universos, dos generos de vida que son ajenos uno al otro, y cuyas masas respectivas encuentran su explicacion, sin embargo, una gracias a la otra. Quise empezar por las inercias, a primera vista una historia oscura y fuera de la conciencia clara de los hombres, que en este juego son bastante mas pasivos que activos. Es lo que trato de explicar mejor o peor en el primer volumen de mi obra, que yo habia pensado titular en 1967, con ocasion de su primera edicion, Lo posible y lo imposible: los hombres frente a su vida cotidiana, titulo que cambie poco despues por el de Las estructuras de lo cotidiano. Pero que mas da el titulo! El objeto de la investigacion esta tan claro como el agua, si bien esta busqueda resulta aleatoria, plagada de lagunas, trampas y posibles errores. En efecto, todos los terminos resaltados inconsciente, cotidianeidad, estructuras, profundidad resultan oscuros por si mismos. Y no puede tratarse, en este caso, del inconsciente del psicoanalisis, pese a que este tambien entra en juego, pese a que quizas haya que descubrir un inconsciente colectivo, cuya realidad tanto atormento a Carl Gustav Jung.

Pero es poco corriente que este tema tan amplio sea abordado, a no ser en sus aspectos laterales. Aun esta esperando a su historiador. Me he cenido, por mi parte, a unos criterios concretos. He partido de lo cotidiano, de aquello que, en la vida, se hace cargo de nosotros sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello: la costumbre –mejor dicho, la rutina–, mil ademanes que prosperan y se rematan por si mismos y con respecto a los cuales a nadie le es preciso tomar una decision, que suceden sin que seamos plenamente conscientes de ellos.

Creo que la humanidad se halla algo mas que semisumergida en lo cotidiano. Innumerables gestos heredados, acumulados confusamente, repetidos de manera infinita hasta nuestros dias, nos ayudan a vivir, nos encierran y deciden por nosotros durante toda nuestra existencia. Son incitaciones, pulsiones, modelos, formas u obligaciones de actuar que se remontan a veces, y mas a menudo de lo que suponemos, a la noche de los tiempos. Un pasado multisecular, muy antiguo y muy vivo, desemboca en el tiempo presente al igual que el Amazonas vierte en el Atlantico la enorme masa de sus turbias aguas.

Todo esto es lo que he tratado de englobar con el comodo nombre aunque inexacto como todos los terminos de significado demasiado amplio de vida material. No se trata, claro esta, mas que de una parte de la vida activa de los hombres, tan congenitamente inventores como rutinarios. Pero al principio, repito, no me preocupe de precisar los limites o la naturaleza de esta vida mas bien soportada que protagonizada. He querido ver y mostrar este conjunto de historia generalmente mal preciado vivido de forma mediocre, y sumergirme en el, familiarizarme con el. Despues de esto, y solo entonces, habra llegado el momento de salir del mismo. La impresion profunda, inmediata, que se obtiene tras esta pesca submarina, es la de que nos encontramos en unas aguas muy antiguas, en medio de una historia que, en cierto modo, no tiene edad, que podriamos encontrar tal cual dos, tres o diez siglos antes y que, en ocasiones, podemos percibir durante un momento aun hoy en dia, con nuestros propios Ojos.

Esta vida material, tal como yo la entiendo, es lo que la humanidad ha incorporado profundamente a su propia vida a lo largo de su historia anterior, como si formara parte de las mismas entranas de los hombres, para quienes estas intoxicaciones y experiencias de antano se han convertido en necesidades cotidianas, en banalidades. Y nadie parece prestarles atencion. 2 Tal es el hilo conductor de mi primer volumen; su objetivo: una exploracion.

Sus capitulos se presentan por si mismos, con tan solo enunciar sus titulos, que coinciden con la enumeracion de las fuerzas oscuras que trabajan e impulsan hacia adelante al conjunto de la vida material y, mas alla de la misma o por encima de ella, a la historia entera de los hombres. Primer capitulo: «El numero de hombres». Es la potencia biologica por excelencia la que empuja al hombre, como a todos los seres vivos, a reproducirse; el «tropismo de primavera», como lo llamaba Georges Lefebvre. Pero existen otros tropismos, otros determinismos.

Esta materia humana en perpetuo movimiento rige, sin que los individuos sean conscientes de ello, buena parte de los destinos de los distintos grupos de seres vivos. Alternativamente, estos, segun sean las condiciones generales, son demasiado numerosos o demasiado escasos; el juego demografico tiende al equilibrio, pero este se alcanza en contadas ocasiones. A partir de 1450, en Europa, el numero de hombres aumenta con rapidez, porque entonces resulta necesario y posible compensar las enormes perdidas del siglo anterior, despues de la Peste Negra.

Se produce una recuperacion que dura hasta el siguiente reflujo. Sucesivos y como si estuvieran previstos de antemano, en opinion de los historiadores, flujo y reflujo dibujan y revelan una serie de tendencias generales, de reglas a largo plazo que seguiran presentes hasta el siglo XVIII. Y solo en el siglo XVIII se producira una ruptura de las fronteras de lo imposible, la superacion de un techo hasta entonces infranqueable. A partir de entonces, el numero de hombres no ha cesado de aumentar, no ha habido ya frenazo ni inversion del movimiento. Podria quizas producirse tal inversion el dia de manana? En cualquier caso, hasta el siglo XVIII el sistema de vida se encuentra encerrado dentro de un circulo casi intangible. En cuanto se alcanza la circunferencia, se produce casi inmediatamente una retraccion, un retroceso. No faltan las maneras y ocasiones de restablecer el equilibrio: penurias, escaseces, carestias, duras condiciones de la vida diaria, guerras y, finalmente, una larga sucesion de enfermedades.

Actualmente aun estan presentes; ayer eran autenticas plagas apocalipticas: la peste con sus epidemias regulares, que no abandonara Europa hasta el siglo XVIII el tifus que, con la llegada del invierno, bloqueara a Napoleon con su ejercito en pleno corazon de Rusia; la fiebre tifoidea y la viruela, enfermedades endemicas; la tuberculosis, que pronto hara acto de presencia en el campo y que, en el siglo XIX, inunda las ciudades y se convierte en el mal romantico por excelencia; y, finalmente, las enfermedades venereas, la sifilis que renace o, mejor dicho, que se propaga debido a la combinacion de diferentes especies microbianas tras el descubrimiento de America. Las deficiencias de la higiene y la mala calidad del agua potable haran el resto. ?Como podia el hombre, desde el momento de su fragil nacimiento, escapar a todas estas agresiones? La mortalidad infantil es enorme, al igual que en ciertos paises subdesarrollados de ayer y de hoy, y la situacion sanitaria general precaria. Contamos con cientos de informes sobre autopsias a partir del siglo xvi. Son alucinantes: la descripcion e las deformaciones, del deterioro de los cuerpos y de la piel, la anormal poblacion de parasitos alojados en los pulmones y en las entranas asombraria a un medico actual. Hasta epoca reciente, por lo tanto, una realidad biologica malsana domina implacablemente la historia de los hombres. Debemos tenerlo en cuenta cuando nos preguntamos: ? como son? ?de que males sufren? ?pueden acaso conjurar sus males? Otras preguntas planteadas en los siguientes capitulos: ? que es lo que comen? ?que beben? ?como visten? ?donde se alojan? Preguntas incongruentes, que exigen casi una expedicion de descubridores porque, como es sabido, en los libros de historia tradicional, el hombre ni come ni bebe.

Se dijo hace tiempo, no obstante, que Der Mensch ist was er isst [el hombre es lo que come], pero quizas fuera tan solo por el gusto de hacer juegos de palabras que la lengua alemana permite. No creo, sin embargo, que debamos relegar al terreno de lo anecdotico la aparicion de tantos productos alimenticios, del azucar, del cafe, del te al alcohol. Constituyen de hecho, en cada ocasion, interminables e importantes flujos historicos. No insistiremos nunca lo bastante en la importancia de los cereales, plantas dominantes en la alimentacion antigua. El trigo, el arroz y el maiz son el resultado de selecciones antiquisimas y de innumerables y sucesivas experiencias que, debido al efecto de «derivas» ultiseculares (adoptando el termino empleado por Pierre Gourou, el mas grande de los geografos franceses), se han convertido en opciones de civilizacion. El trigo, que devora a la tierra, que exige que esta descanse regularmente implica y posibilita la ganaderia: ? podriamos acaso imaginarnos la historia de Europa sin sus animales domesticos, sus arados, sus yuntas, sus distintos tipos de acarreo? El arroz nace de cierto tipo de jardineria, de un cultivo intenso en el cual no participan para nada los animales. El maiz es, sin duda, el mas comodo, el mas facil de obtener de los alimentos cotidianos: facilita el tiempo libre, y de ahi las faenas campesinas y los enormes monumentos amerindios. Una fuerza de trabajo no utilizada fue confiscada por la sociedad.

Y podriamos discutir tambien acerca de las distintas raciones y calorias que representan los cereales, acerca de las insuficiencias y cambios de dieta a traves de los siglos. ?Acaso no son temas tan apasionantes como el del destino del Imperio de Carlos V o el de los esplendores fugaces y discutibles de lo que llamamos la primacia francesa en tiempos de Luis XIV? Y bien es cierto que son asimismo temas cargados de consecuencias, la historia de las drogas antiguas, del alcohol, del tabaco, la manera fulgurante con que el tabaco, especialmente, le ha dado la vuelta al mundo, ? no constituye acaso una advertencia frente a las drogas actuales, mucho mas peligrosas?

Consideraciones analogas se imponen con respecto a las tecnicas. Maravillosa historia en verdad, que atane al trabajo de los hombres y a sus lentisimos progresos dentro del marco de su lucha cotidiana contra el mundo exterior y contra si mismos. Todo es tecnica desde siempre: tanto el esfuerzo violento como el esfuerzo paciente y monotono de los hombres modelando una piedra, un trozo de madera o de hierro para fabricar una herramienta o un arma. ?Acaso no se trata de una actividad realizada a ras del suelo, esencialmente conservadora y lenta en transformarse, y a la que la ciencia (que es su superestructura tardia) recubre lentamente, si es que llega a cubrirla?

Las grandes concentraciones economicas traen consigo la concentracion de medios tecnicos y el desarrollo de una tecnologia: asi ocurre con el Arsenal de Venecia en el siglo XV con la Holanda del siglo XVII y con la Inglaterra del XVIII. Y en cada ocasion la ciencia, por muy en sus comienzos que este, acudira a la cita, porque se ve llevada a ella por la fuerza. Desde siempre, todas las tecnicas, todos los elementos de la ciencia, se intercambian y viajan alrededor del mundo; hay una incesante difusion. Pero otra cosa que se difunde, aunque mal, son las asociaciones, las agrupaciones de tecnicas: el timon de codaste, mas el casco de tingladillo, mas la artilleria naval, mas la navegacion de altura asi como el capitalismo, suma de artificios, procedimientos, costumbres y realizaciones. Acaso fueron la navegacion de altura y el capitalismo los que forjaron la supremacia de Europa, por el mero hecho de no haberse difundido en bloque? Pero me preguntaran ustedes: ? por que estan sus dos ultimos capitulos dedicados a la moneda y a las ciudades? Es verdad que he querido aligerar el volumen siguiente. Pero esta razon por si sola, evidentemente, no es ni Podria ser suficiente. La verdad es que las monedas y las ciudades participan a la vez de la cotidianeidad inmemorial y de la mas reciente modernidad. La moneda es un invento antiquisimo, si entendemos como tal todo medio que agilita los intercambios. Y sin intercambios no hay sociedad.

En cuanto a las ciudades, existen desde la Prehistoria. Se trata de estructuras multiseculares que forman parte de la vida mas comun. Pero son asimismo multiplicadores capaces de adaptarse al cambio, de ayudarle poderosamente. Podriamos afirmar que las ciudades y la moneda fabricaron la modernidad; pero tambien, siguiendo la regla de reciprocidad tan cara a Georges Gurvitch, que la modernidad, la masa en movimiento de la vida de los hombres, impulso la expansion de la moneda y construyo la creciente tirania de las ciudades. Ciudades y monedas son, al mismo tiempo, motores e indicadores; provocan y senalan el cambio. Y tambien son su consecuencia.