Homo videns

Homo videns gy 110R6pR 15, 2011 IE pagos HOMO VIDENS (FRAGMENTO) AUTOR: GIOVANNI SARTORI LA PRIMACÍA DE LA IMAGEN 1. HOMO SAPI ENS Horno sapiens: de este modo clasificaba Linneo a la especie humana en su Sistema de la Naturaleza, de 1758. Fisiológicamente, el horno sapiens no posee nada que lo haga único entre los primates (el género al que pertenece la especie de la raza humana). Lo que hace único al horno sapiens es su capacidad simbólica; lo que indujo a Ernst Cassirer a definir al hombre como un «animal simbólico». Cassirer lo explica así: El hombre no vive en un universo puramente físico sino en un universo simbólico.

Lengua, mito, arte y religión [… ] son los diversos hilos que componen el tejido simbólico [… ]. Cualquier progreso humano en el campo del pensamiento y de la experiencia refuerza este tejido La definición del hombre como animal racionalno ha perdido nada de su valor pero a definición es una 16 parte del total. Porqu I ‘a _ lenguaje del sentimie al I está el lenguaje de la no expresa pensami le nceptual hay un gu lógico o científico principio, el lenguaje ientos y afectos . (1948. paginas 47-49) Así pues,

Lo sentimos, pero las muestras de ensayos completos están disponibles solo para usuarios registrados

Elija un plan de membresía
la expresión animal symbolicum comprende todas las formas de la vida cultural del hombre.

Y a capacidad simbólica de los seres humanos se despliega en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y Swipe to View nexr page signos «significantes», provistos de significado. Actualmente, hablamos de lenguajes en plural, por tanto, de lenguajes cuyo significante no es la palabra: por ejemplo, el lenguaje del cine, de las artes figurativas, de las emociones, etcétera. pero éstas son acepciones metafóricas. Pues el lenguaje esencial que de verdad caracteriza e instituye al hombre como animal simbólico es «lenguajepalabra», el lenguaje de nuestra habla.

Digamos, por anto, que el hombre es un animal parlante, un animal loquax «que continuamente está hablando consigo mismo» (Cassirer, 1948, pág. 47) y que ésta es la característica que lo distingue radicalmente de cualquier especie de ser viviente*. A esto se podría replicar que los animales también comunican con un lenguaje propio. Si, pero no del todo. El llamado lenguaje animal transmite señales. Y la diferencia fundamental es que el hombre posee un lenguaje capaz de hablar de sí mismo. El hombre reflexiona sobre lo que dice.

Y no sólo el comunicar, sino también el pensar y el conocer que caracterizan al hombre como nimal simbólico se construyen en lenguaje y con el lenguaje. *Gehien (1990, págs. 91-92) indica una discontinuidad diferente entre el hombre y el animal: «el animal no ve lo que no debe llegar a la percepción como algo vitalmente importante, como es el caso de señales que indican que están ante un enemigo, una presa, el otro sexo El hombre, en cambio, está expuesto a una invasión de excitaciones, a una riqueza de lo «perceptible»». Esto es verdad, pe 2 OF está expuesto a una invasion de excitaciones, a una riqueza de lo «perceptible»».

Esto es verdad, pero a mí me parece que la óptica imbólico-lingüística de Cassirer es mucho más importante que la óptica antropológico-cultural de Gehlen. Hay que aclarar que se trata de puntos de vista complementarios. El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar 2 Y el pensar no necesita del ver. Un ciego está obstaculizado, en su pensar, por el hecho de que no puede leer y, por tanto, tiene un menor soporte del saber escrito, pero no por el hecho de que no ve las cosas en las que piensa. A decir verdad, las cosas en las que pensamos no las ve ni siquiera el que puede ver: no son «visibles».

Las civilizaciones se desarrollan con la escritura, y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización (cfr Havelock, 1973). Pero hasta la invención de la imprenta, la cultura de toda sociedad se fundamenta principalmente en la transmisión oral. Hasta que los textos escritos son reproducidos a mano por amanuenses, no se podrá hablar aún del «hombre que lee». Leer, y tener algo que leer, fue hasta finales del siglo xv un privilegio de poquísimos doctos. El horno sapiens que multiplica el propio saber es, pues, el llamado hombre de Gutenberg.

Es cierto que la Biblia impresa or Gutenberg entre 1452 y 1455 tuvo una tirada (que para nosotros hoy es risible) de 200 copias. Pero aquellas 200 copias se podían reimprimir. Se había producido el salto tecnológico. Así pues, es con aquellas 200 copias se podían reimprimir. Se había producido el salto tecnológico. Asi pues, es con Gutenberg con quien la transmisión escrita de la cultura se convierte en algo potencialmente acceslble a todos. El progreso de la reproducción impresa fue lento pero constante, y culmina —entre los siglos xviii y xix— con la llegada del periódico que se imprime todos los días, el «diario».

Al mismo tiempo desde mediados del XIX en adelante comienza un nuevo y diferente ciclo de avances tecnológicos. En primer lugar, la invención del telégrafo, después la del teléfono (de Alexander Graham geli). Con estos dos inventos desaparecía la distancia y empezaba la era de las comunicaciones inmediatas. La radio, que también eliminaba distancias, añade un nuevo elemento: una voz fácil de difundir en todas las casas. La radio es el primer gran difusor de comunicaciones; pero un difusor que no menoscaba la naturaleza simbólica del hombre. Ya que, como la radio «habla», difunde siempre cosas dichas con palabras.

De modo que libros, periódicos, teléfono, radio son todos ellos —en concordancia— elementos portadores de comunicación lingüística. La ruptura se produce a mediados de nuestro siglo, con la llegada del televisor y de la televisión*. La televisión — como su propio nombre indica— es «ver desde lejos» (tele), es declr, llevar ante los ojos de un público de espectadores cosas que puedan ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y distancia. Yen la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido 40F distancia.

Yen la televisión el hecho de ver prevalece sobre el echo de hablar, en el sentido de que la voz del medio, o de un hablante, es secundaria, está en función de la imagen, comenta la imagen. Y, como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical de dirección, porque mientras que la capacidad simbólica distancia al horno sapiens del animal, 2 el hecho de ver lo acerca a sus capacidades ancestrales, al género al que pertenece la especie del horno sapiens. Utilizo «televisión» y «televisor’, indistintamente, ara indicar que la relación entre el televisor-máquina y el televidente es estrechísima. El televisor, por así decirlo, entra dentro del televidente y lo plasma. 2. EL PROGRESO TECNOLÓGICO Todo progreso tecnológico, en el momento de su aparición, ha sido temido e incluso rechazado. Y sabemos que cualquier innovación molesta porque cambia los órdenes constituidos. Pero no podemos, ni debemos generalizar. El invento más protestado fue, históncamente, el (le la máquina, la máquina industrial. aparición de la máquina provocó un miedo profundo porque, según se decía, sustituía al hombre. Durante dos siglos esto no ha sido cierto. Pero era verdad entonces, y sigue siéndolo ahora, que el coste humano de la primera revolución industrial fue terrible. Aunque la máquina era imparable, y a pesar de todos los inmensos beneficios s OF terrible. Aunque la máquina era imparable, y a pesar de todos los inmensos beneficios que ha producido, aún hoy las criticas a la civilización de la máquina se relacionan con verdaderos problemas.

En comparación con la revolución industrial, la invención de la imprenta y el progreso de las comunicaciones no han encontrado hostilidades relevantes; por el contrario, iempre se han aplaudido y casi siempre han gozado de eufóricas previsiones . Cuando apareció el periódico, el telégrafo, el teléfono y la radio (dejo en suspenso el caso de la televisión) la mayoría les dio la bienvenida como «progresos» favorables para la difusión de información, ideas y cultura. En este contexto, las objeciones y los temores no han atacado a los instrumentos, sino a su contenido.

El caso emblemátlco de esta resistencia —repito, no contra la comunicación sino contra lo que se comunicaba— fue el caso de la Gran Enciclopedia. La Encyclopédie de Diderot cuyo primer torno apareció en 1751) fue prohibida e incluida en el Indice en 1759, con el argumento de que escondía una conspiración para destruir la religión y debilitar la autoridad del Estado. El papa Clemente XII llegó a decretar que todos los católicos que poseyeran ejemplares debían dárselos a un sacerdote para que los quemaran, so pena de excomunión. ero a pesar de esta excomunión y del gran tamaño y el coste de la obra (28 volúmenes infolio, realizados aún a mano), se imprimieron, entre 1751 y 1 789, cerca de 24. 000 copias de la Encyclopédie, un número realmente colosal para la époc OF 1789, cerca de 24. 000 copias de la Encyclopédie, un número realmente colosal para la época. El progreso de los ilustrados fue incontenible. Y si no debemos confundir nunca el instrumento con sus mensajes, los medios de comunicación con los contenidos que comunican, el nexo es éste: sin el instrumento de la imprenta nos hubiéramos quedado sin Encyplopédie y, por tanto, sin Ilustración.

Volvamos a la instrumentalización. Incluso cuando un progreso tecnológico no suscita temores importantes, todo invento da lugar a previsiones sobre sus efectos, sobre las consecuencias que producirá. No es cierto que la tecnología de las comunicaciones haya suscitado previsiones catastróficas (más bien ha sucedido lo contrario); pero es verdad que con frecuencia, nuestras previsiones no han sido muy acertadas en este sentido: pues lo que ha sucedido no estaba previsto. Tomemos el caso de la invención del telégrafo.

El problema que nadie advirtió a tiempo era que el telégrafo atribuía un formidable monopolio sobre las informaciones a quien instalaba primero los cables. De hecho, en Estados Unidos, la Western Union (monopolio del servicio telegráfico) y la Associated Press (la primera agencia de oticias) se convirtieron enseguida en allados naturales; y esta alianza prefabricaba, por así decirlo, los periódicos, porque era la Associated Press la que establecía cuáles eran las noticias que había que dar, y era la Western Union la que hacía llegar el noticiario a una velocidad increíble.

De modo diligente e inesperado este problema se llegar el noticiario a una velocidad increíble. De modo diligente e inesperado este problema se resolvió eo ipso por el teléfono: un cable más que, sin embargo, permitía a cada usuario comunicar lo que quería. También la radio ha tenido efectos secundarios o previstos: por ejemplo, la «musicalización» de nuestra vida cotidiana (además del gran lanzamiento de deportes que podían ser «narrados», como el fútbol). ¿Y la televisión? Hemos llegado al punto importante.

Hasta la llegada de la televisión a mediados de nuestro siglo, la acción de «ver» del hombre se había desarrollado en dos direcciones: sabíamos engrandecer lo más pequeño (con el microscopio), y sab(amos ver a lo lejos (con el binóculo y aún más con el telescopio). Pero la televisión nos permite verlo todo sn tener que movernos: lo visible nos llega a casa, prácticamente gratis, desde cualquier lugar. Sin embargo no era suficiente. En pocas décadas el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad cibernética , desbancando —según dicen — a la televisión.

En efecto hemos pasado, o estamos pasando, a una edad «multimedia» en la cual, como su nombre indica, los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de esta multimedialidad . El nuevo soberano es ahora el ordenador. Porque el ordenador (y con él la digitalización de todos los medios) no sólo unifica la palabra, el sonido y las imágenes, sino que además introduce en los «visibles» realidades simuladas, realidades virtuales. ro no acumulemos demasiadas cosas. La diferencia «visibles» realidades simuladas, realidades virtuales. Pero no acumulemos demasiadas cosas. La diferencia en la que debemos detenernos es que los medios visibles en cuestion son dos, y que son muy diferentes. La televisión nos muestra Imágenes de cosas reales, es fotografia y cinematografia de lo que existe. Por el contrario, el ordenador cibernético (para condensar la idea en dos palabras) nos enseña imágenes imaginarias.

La llamada realidad virtual es una irrealidad que se ha creado con la imagen y que es realidad sólo en la pantalla. Lo virtual, las simulaciones mplían desmesuradamente las posibilidades de lo real; pero no son realidades. 2. EL VIDEO NIÑO Así pues, el cambio de agujas se ha producido por el hecho de informarse viendo. Este cambio empieza con la telewsión. por tanto, comienzo también yo por telever. Sean cuales sean los desarrollos virtuales del video-ver posteriores a la televisión (vid. mfra, págs. 53 y sigs. , es la televisión la que modifica primero, y fundamentalmente, la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmiuda) al contexto de la imagen. La diferencia es radical. La palabra es un «símbolo» ue se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. Yentendemos la palabra sólo si podemos, es decir, si conocemos la lengua a la que pertenece; en caso contrario, es letra muerta, un signo o un sonido cualquiera. Por el contrario, la imagen es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficie es pura y simple representación visual. La imagen se ve y eso es suficiente; y para verla basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos. La imagen no se ve en chino, árabe o inglés; como ya he dicho, se ve y es suficiente. Está claro, pues, que el caso de la televisión no puede er tratado por analogía, es decir, como si la televisión fuera una prolongación y una mera ampliación de los instrumentos de comunicación que la han precedido. Con la television, nos aventuramos en una novedad radicalmente nueva.

La televisión no es un anexo; es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. Hasta hoy d(a, el mundo, los acontecimientos del mundo, se nos relataban (por escrito); actualmente se nos muestran, y el relato (su explicación) está prácticamente sólo en función de las imágenes que aparecen en la pantalla. Si esto es verdad, podemos deducir que la elevisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homno sapiens.

La televisión no es sólo instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía , un instrumento «antropogenético», un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano. Esta es la tesis, o si se prefiere la hipótesis, en la que se centra todo el libro, y sobre la cual obviamente volveré con frecuencia. Una tesis que se fundamenta, como premisa, en el puro y simple hecho de que nuestros niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y escribir*.