Heidegger y holderlin

Heidegger y holderlin gy mitoyrcligion 1 110R5pR 17, 2011 7 pagcs ¿POR QUÉ se ha escogido la obra de Hõlderlin con el propósito de mostrar la esencia de la poesía? ¿Por qué no Hornero o Sófocles, por qué no Virgilio o Dante, por qué no Shakespeare o Goethe? En las obras de estos poetas se ha realizado la esencia de la poesía tan ricamente o aún más que en la creación de Hõlderlin, tan prematura y bruscamente interrumpida. puede ser. Sin embargo, sólo es Hólderlin el escogido.

Pero ¿es posible deducir de la obra de un único poeta, la esencia general de la poesía? Lo general, s decir, lo que vale para muchos, sólo podemos alcanzarlo por medio de una reflexión comparativa. Para esto es necesario la muestra del mayor número posible de la multiplicidad de poesías y géneros poéticos. La poesía de Hõlderlin es sólo una entre muchas. De ninguna manera basta ella sola como modelo para la determinacion de la esencia de la poesía.

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aquella amos precisamente o esencial de la esencia que nos fuerza a decidir si en lo venidero tomamos en serio la poesía y cómo; si ju junto obtenemos los supuestos para mantenernos en el dominio de la poes(a y cómo. Hdlderlin no se ha escogido porque su obra, como una entre otras, realice la esencia general de la poesía, sino únicamente porque está cargada con la determinación poética de poetizar la propia esencia de la poesía.

Hólderlin es para nosotros en sentido extraordinario el poeta del poeta. Por eso está en el punto decisivo. Sólo que poetizar sobre el poeta ¿no es la señal de un narcisismo xtraviado y a la vez la confesión de una carencia de plenitud del mundo? ¿Poetizar sobre el poeta no es un exceso desconcertante, algo tardío, un final? La respuesta es la siguiente: es indudable que el camino por el que logramos la respuesta es una salida. No podemos aquí como seria necesario, exhibir cada una de las poesías de Hõlderlin en un recorrido completo.

En vez de esto, sólo reflexionaremos en cinco palabras-guia del poeta sobre la poesía. El orden determinado de estos motivos y su conexión interna deben poner ante los ojos la esencia esencial de la poesía. uno En una carta a su madre de enero de 1799 Hõlderlin llama a la poesía «la más inocente de todas las ocupaciones» ¿Hasta dónde es «la más inocente»? La poesía se muestra en la forma modesta del juego. Sin trabas, inventa su mundo de imágenes y queda ensimismada en el reino de lo imaginario. Este juego se escapa de lo serio de la dec imágenes y queda ensimismada en el reino de lo imaginario.

Este juego se escapa de lo serio de la decisión que siempre de un modo o de otro compromete (schuldig macht). Poetizar es por ello enteramente inofensivo. E igualmente es ineficaz, puesto que queda como un hablar y decir. No tiene nada de la acción que inmediatamente se inserta en la realidad y la transforma. La poesía es como un sueño, pero sin ninguna realidad, un juego de palabras sin lo serio de la acción. La poesía es inofensiva e ineficaz. ¿Qué puede ser menos peligroso que el mero lenguaje? Al llamar a la poesía «la más inocente de las ocupaciones», todavía no hemos concebido su esencia.

Pero al menos indicamos por dónde debemos buscarla. La poesía crea su obra en el dominio y con la «materia» del lenguaje. ¿Qué dice Hblderlin sobre el lenguaje? Oigamos una segunda palabra del poeta. os En un bosquejo fragmentario que data del mismo tiempo 1800 que el citado pasaje de la carta, dice el poeta: «Pero el hombre vive en cabañas recubriéndose con un vestido recatado, pues mientras es más íntimo, es más solicito y guarda su espíritu, como la sacerdotisa la flama celeste, que es su entendimiento.

Y por eso se le ha dado el albed (o y un poder superior para ordenar realizar lo semejante a los dioses y se le a dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él cree y destruya hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con ?l cree y destruya, se hunda y regrese a la eternamente viva, a la maestra madre, para que muestre lo que es, que ha heredado y aprendido de ella lo que tiene de más divino, el amor que todo lo alcanza» ( IV, 246). El lenguaje, el campo del «más inocente de los bienes», «el más peligroso de los bienes»: cómo se concilian ambas frases?

Dejemos estas primeras preguntas y reflexionemos en tres cuestiones previas: 1) ¿De quién es el lenguaje un bien? 2) ¿Hasta dónde es el más peligroso de los bienes? 3) ¿En qué sentido es en general un bien? Fijémonos desde luego en qué lugar está la palabra sobre el enguaje: en el bosquejo de una poesía que debe decir quién es el hombre a diferencia de otros seres de la naturaleza; se nombran la rosa, el cisne, el ciervo en el bosque ( IV, 300 y 585). En el contraste de la planta frente al anima empieza el citado pasaje: «Pero el hombre vive en cabañas. » ¿Quién es el hombre?

Aquel que debe mostrar lo que es. Mostrar significa por una parte patentizar y por otra que lo patentizado queda en lo patente. El hombre es lo que es aun en la manifestación de su propia existencia. Esta manifestación no quiere decir la expresión del ser del hombre suplementarla y arginal, sino que constituye la existencia del hombre. Pero ;qué debe mostrar el hombre? Su pertenencia a la tierra. Esta p constituye la existencia del hombre. Pero ;qué debe mostrar el hombre? Su pertenencia a la tierra. Esta pertenencia consiste en que el hombre es el heredero y aprendiz en todas las cosas.

Pero éstas están en conflicto. A lo que mantiene las cosas separadas en conflicto, pero que igualmente las reúne, Hólderlin llama «intimidad». La manifestación de la pertenencia a esta intimidad acontece mediante la creación de un mundo, así como por su nacimiento, su destrucción y su decadencia. La manifestación del ser del hombre y con ello su auténtica realización acontece por la libertad de la decisión. Esta aprehende lo necesario y se mantiene vinculada a una aspiración más alta. El ser testimonio de la pertenencia al ente en totalidad acontece como historia.

Pero para que sea posible esta historia se ha dado el habla al hombre. Es un bien del hombre. pero, ¿hasta dónde es el habla «el más peligroso de los bienes»? Es el peligro de los peligros, porque empieza a crear la posibilidad de un peligro. El peligro es la amenaza del ser por el ente. Pero el hombre expresado en virtud del habla es un Revelado a cuya xistencia como ente asedia e inflama, y como no-ente engaña y desengaña. El habla es lo que primero crea el lugar abierto de la amenaza y del error del ser y la posibilidad de perder el ser, es declr, el peligro. ero el habla no es sólo el peligro de los peligros, sino ser, es decir, el peligro. Pero el habla no es sólo el peligro de los peligros, sino que encierra en si misma, para ella misma necesario, un peligro continuo. El habla es dada para hacer patente, en la obra, al ente como tal y custodiarlo. En ella puede llegar a la palabra lo más puro y lo más oculto, así como lo ndeciso y común. La palabra esencial, para entender y hacerse posesión más común de todos, debe hacerse común.

Respecto a esto se dice en otro fragmento de Hõlderlin: «‘Tú hablas a la divinidad, pero todos han olvidado que siempre las primicias no son de los mortales, sino que pertenecen a los dioses. Los frutos deben primero hacerse más cotidianos, más comunes, para que se hagan propios de los mortales» ( IV, 238 ). Lo puro y lo común son de igual manera un dicho. La palabra como palabra no ofrece nunca inmediatamente la garantía de que es una palabra esencial o una ilusión. Al contrario una palabra esencial, a menudo toma, en su sencillez, el aspecto de inesencial.

Y lo que, por otra parte, da la apariencia de esencial por su atavío es sólo una redundancia o repetición. Así, el habla debe mantenerse siempre en una apariencia creada por ella misma, y arriesgar lo que tiene de más propio, el decir auténtico. Pero ¿en qué sentido es un «bien» para el hombre éste que es el más peligroso? El habla es su propiedad. Dlspone de ella con el fin de comunicar experienc más peligroso? El habla es su propiedad. Dispone de ella con el fin de comunicar experiencias, decisiones, estados de ánimo. El habla sirve para entender.

Como instrumento eficaz para ello es un «bien». Sólo que la ausencia del habla no se agota en eso de ser un medio de entenderse. Con esta determinación no tocamos su propia esencia, sino que indicamos nada más una consecuencia de su esencia. El habla no es sólo un instrumento que el hombre posee entre otros muchos, sino que es lo primero en garantizar la posibilidad de estar en medio de la publicidad de los entes. Sólo hay mundo donde hay habla, es decir, el círculo siempre cambiante de decisión y obra, de acción y responsabilidad, pero ambién de capricho y alboroto, de caída y extravío.

Sólo donde rige el mundo hay historia. El habla es un bien en un sentida más original. Esto quiere decir que es bueno para garantizar que el hombre puede ser histórico. El habla no es un instrumento disponible, sino aquel acontecimiento que dispone la más alta posibilidad de ser hombre. Debemos primero asegurarnos de esa esencia del habla, para concebir verdaderamente el campo de acción de la poesía y a ella misma. ¿Cómo acontece el habla? Para encontrar la respuesta a esta pregunta, reflexionemos sobre una tercera palabra de Hólderlin.