Folclor costa rica

Folclor[editar] Costa Rica es una tierra rica en elementos culturales y folclor, con múltiples influencias culturales, mayormente de los indígenas, españoles, y después de las poblaciones negras provenientes de África y Jamaica. La tradición folclórica costarricense incluye diversas manifestaciones culturales que incluyen la música, la danza, las leyendas y tradiciones, las bombas y retahílas, los instrumentos coloniales y las canciones tradicionales, que generalmente son utilizadas durante las festividades populares y patronales, y que varían de acuerdo a cada región y pueblo del país.

Cultura del café[editar] Artículo principal: Café de Costa Rica Fotografía de finales café en Costa Rica. El café de Costa Rica nación independient motor de desarrollo. 3 Swipetoviewn ‘t p a los recolectores de iento del país como a y su principal ir de mediados del siglo xix tuvo consecuencias sociales y culturales diferenciadas que funcionaron como parte de la construcción de la identidad nacional. La caficultura se ha prestado para la elaboración de símbolos, emblemas y estereotipos.

En la actualidad, la temática del café es uno de los motivos más representados en las artes, as artesanías, el folclor y la cultura popular. Su presencia se halla presente en muchos de los símbolos que pretenden expresar identidad nacional: la carreta

Lo sentimos, pero las muestras de ensayos completos están disponibles solo para usuarios registrados

Elija un plan de membresía
pintada, la casa de adobe, el paisaje rural del Valle Central, etc. Para la época de la independencia, en 1 821, Costa Rica cie ciertamente era la provincia más pobre y atrasada del Imperio Colonial Español.

No obstante esto, para mediados de 1830 el país comenzó a mostrar signos de progreso y recuperación económica, debido principalmente a las ganancias que se obtenían de la economía del café, que se exportaba a Inglaterra. El café se convirtió en un agente civilizador, en el «grano de oro», dado que la prosperidad obtenida de su comercio se transformó en progreso económico y avances sociales, que luego fortalecieron el proceso de idealización y construcción de identidades.

Se formó una clase de medianos y pequeños productores campesinos que ocuparon grandes territorios del Valle Central, aptos para el cultivo del café. Con el tiempo, se formó una élite social y política dominante enriquecida gracias a su cultivo. Esta oligarquía determinó los destinos políticos del país por muchos años, y en muchas ocasiones, de forma caprichosa y o siempre acertada. Detalle de Alegoría del café y el banano, deAleardo Villa, en el techo del Teatro Nacional de Costa Rica, representa campesinas costarricenses recogiendo el grano de oro.

Durante el siglo XIX, el café fue tema principal de billetes y monedas. De hecho, su imagen aún se encuentra presente en el escudo nacional. La literatura costumbrista plasmó el arquetipo del campesino del Valle Central con su aire jovial, sencillo, bonachón y algo ingenuo. Las primeras manifestaciones del arte y la arquitectura nacionales tuvieron al café como motivo y principal impulsor. El Teatro Nacional de Costa Rica fue edificado en 1897 parcialmente financiado con un impuesto a la venta del café. Las decoraciones y 23 edificado en 1897 parcialmente financiado con un impuesto a la venta del café.

Las decoraciones y obras de arte presentes en este edificio, considerado joya y patrimonio histórico de la nación, son en gran medida alusivas a esta bonanza obtenida por la exportación del grano. El café llegó a convertirse en un mito símbolo de un pasado exitoso y la promesa de un futuro asegurado. Surgió la idea de que en Costa Rica se produce «el mejor café del mundo». Las carretas como arte están íntimamente vinculadas al café dentro de la «cultura del café» de Costa Rica y tienen una tradición que data de más de tres siglos.

Con el tiempo, esta imagen idealizada y estereotipada, no necesariamente real, de una Costa Rica democrática, igualitaria y semirrural fue quedando plasmada en el imaginario colectivo, principalmente de los habitantes del Valle Central, representados como labriegos sencillos, descendientes de españoles, católicos, de tez blanca, afanados en la «cogida de café» en medio de extensos cafetales rodeados de pacíficas montañas, imagen imbólica opuesta al Caribe habitado por la población negra, protestante, de habla Inglesa, dedicada al cultivo del banano y sometida a las vejaciones de una naturaleza adversa.

No es sino hasta recientemente, con la comprensión de la naturaleza pluricultural y multirracial del país, que esa oposición simbólica entre el Valle Central y el Caribe ha comenzado a diluirse, evidenciando que Costa Rica es una tierra de contrastes culturales. Con el siglo xxy la urbanización del Valle Central, los cafetales fueron desapareciendo ante el avance de la ciudad, y poco a poco el café dejó de afetales fueron desapareciendo ante el avance de la ciudad, y poco a poco el café dejó de estar apegado a la imagen de nación democrática e igualitaria, para convertirse en un vínculo con el pasado.

Esta relación es más fácil de entender conforme el cultivo del «grano de oro» ha dejado de pesar en la economía nacional, al punto de que la mayoría de las familias costarricenses ya no dependen de él. Las «cogidas de café» pasaron a manos de los inmigrantes nicaragüenses y los indígenas ngôbe provenientes de Panamá, sin cuyo trabajo la recolecta del grano no seria posible.

A pesar de esto, el café continúa siendo un recurso mediante el cual se idealiza el pasado, manifestado en nuevas formas de expresión como el cultivo del café orgánico, «ecológico y en armonia con el ambiente», la producción del café gourmet, los coffee tours que atraen al turista extranjero, las artesanías más diversas asociadas al cultivo del café: el chorreador, la cafetera y la taza de lata, la carreta pintada y su yunta de bueyes, cargada de granos de café, las casitas de adobe, la mujer campesina con su enagua de colores, los canastos para recolectar el grano, el añuelo, el machete y el chonete del campesino, etc.

Cultura del banano[editar] Articulo principal: Banano de Costa Rica La producción bananera usó mano de obra afrocaribeña. El Caribe costarricense, con su zona bananera y su dramática historia acaecida entre 1872 y 1985, con sus realidades y leyendas, ha tenido una contribución determinante en la mitología popular costarricense, y ha contribuido como tal a modelar una identidad cultural matizada con los sentimientos sociales solida 4 23 contribuido como tal a modelar una identidad cultural matizada con los sentimientos sociales solidarios consensuados, así como a percepción de la «hombría aventurera» del tico.

En oposición al Valle Central, el Caribe se presenta como una tierra exótica donde el dominio de la naturaleza y la injusticia social de la época exige la supervivencia del más fuerte. Con una visión más bien romántica, la «zona» se convirtió en una metáfora, un primer destino para el «sueño americano» de los costarricenses, un limbo sin Dios ni ley, una «tierra de hombres» (se ha calculado que, durante la época del auge bananero, había unos 1. 00 hombres por cada 10 mujeres), una suerte de «Siberia misteriosa», donde habla trabajo bien emunerado para cualquier hombre intrépido, o bien, prófugo de la justicia, cansado de una esposa inaguantable, con ganas de hacer dinero rápido, cambiar de vida o demostrar que era «muy macho», o simplemente la última alternativa para un necesitado de trabajo con el fin de mantener a sus hijos estudiando en el Valle Central.

Carrileras en una finca de banano en Costa Rica. La zona bananera pues, es un lugar donde confluye un crisol de razas: negros, chinos, italianos,indígenas, nicaragüenses y «cartagos», como se les llamaba a los costarricenses provenientes del resto del país.

A partir de esta mitología, el cultivo del banano en la zona caribeña de Costa Rica, dimensionado especialmente en el conflicto social que surge a partir de la marginación de las clases sociales bajas, representadas en el trabajador del ferrocarril, el trabajador de la plantación bananera, la mujer o el pequeño propietario camp s 3 ferrocarril, el trabajador de la plantación bananera, la mujer o el pequeño propietario campesino, ha tenido repercusiones que se van a ver reflejadas en especial en la literatura costarricense, sobre todo en los autores y obras surgidas en la época entre 1920 y 1940.

La marginación de estas mayorías populares, opuestas al papel liberal del Estado, aliado a la todopoderosa y multiforme United Fruit Company, figura de la entrega del capital nacional al extranjero, asf como la aparición del ideal comunista como movimiento de vanguardia y reacción social, es temática central de obras como Bananos y hombres (Carmen Lyra, 1931 ), Juan Varela (Adolfo Herrera García, 1 939), algunos Cuentos de angustias y paisajes (Carlos Salazar Herrera, 1 940), Mamita Yunai (Carlos Luis Fallas, 1941, considerada obra cumbre sobre el Limón (Joaquín Gutiérrez Mangel, 1950), varias e las Historias de Tata Mundo (Fabián Dobles, 1956), y Limón Blues(Anacristina Rossi, 2002), donde la zona bananera del Caribe es escenario de esta lucha social.

Cultura del cacao[editar] Artículo principal: Cacao de Costa Rica Cacaotal alrededor del Usuré (rancho ceremonial Bribri) en la comunidad indígena de Yorkin, Talamanca, Costa Rica, 2014 Un tanto olvidada en el Valle Central ha quedado la influencia del cacao en la conformación de la cultura costarricense, pero su huella en el imaginario colectivo es Imborrable, por ser el hilo socioeconómico conductor entre la cultura indígena ancestral la historia posterior a Colón. Ha aparecido cíclicamente en momentos claves, normalmente asociado a la zona caribeña y sus culturas predominantes: la 6 23 culturas predominantes: la indígena y caribeña, ambas con una contribución indiscutible a la cultura nacional. Durante milenios, cientos de generaciones han sobrevivido a la sombra del cacaotero, los niños han chupado sus semillas para limpiarlas a escondidas de sus padres, los jóvenes han esperado el sol de cada día para secarlas y allí han encontrado sus parejas, los mayores cuidan todos los detalles y ritos para obtener el rimer «grano de oro» de Costa Rica. 0 Antes de la colonización española y no se sabe desde cuándo, la semilla de cacao era usada por los indígenas como medio de cambio, como lo consignó en sus descripciones de la zona de Nicaragua y Costa Rica el conquistador Gonzalo Fernández de Oviedo a inicios del siglo XVI. El cacao fue uno de los primeros motores de la economía colonial de Costa Rica, estableciendo un ciclo económico entre 1727-1747, cultivándose principalmente en la zona de Matina. 11 Su uso como moneda continuó de hecho hasta finales del siglo XIX, cuatro siglos después de iniciada la olonización y casi un siglo después de la independencia nacional. El consumo del cacao como parte de la cultura costarricense tiene sus raices en la época precolombina. Para los bribris, Sibú había creado a las personas a base de semillas de cacao (ditsb).

La esposa de Sibú, Tsuruh, era la personificación del cacao, y sus coloridos vestidos eran la flor de esta planta. Los indígenas de la Región Central y Atlántica de Costa Rica elaboraron jarrones que se utilizaban en festivales religiosos y funerarios, en los que calentaban chocolate y chi 7 23 utilizaban en festivales religiosos y funerarios, en los que alentaban chocolate y chicha para su consumo ritual. 12 Fernández de Oviedo, durante su visita al Reino de Nicoya, señala que en Nicoya y en la isla de Chira, el cacao se usaba también con fines medicinales, a partir de la elaboración de una manteca especial para curar heridas y mordeduras por serpientes. 3 Durante la época colonial, los colonos costarricenses acostumbraban tomar bebidas hechas a base de cacao durante tres tiempos del día: durante el desayuno, en el cual se consumía una bebida caliente entre las 5 y 6 de la mañana; a la tarde, cuando se tomaba el tibio, bebida de cacao eneralmente sin azúcar, o el chilate (que todavía se prepara en lugares como Alajuela), hecho de maiz tostado y molido con cacao más chile y agua; y a las 7 de la noche, se tomaba el chocolate, espumoso y bien batido, para ir a dormir. 14 El cacao, al igual que las esferas de piedra, continúa fuertemente arraigado en el inconsciente colectivo como una conexión viva con las raíces ancestrales. para un tico, el sabor del cacao es el sabor de la historia. Tradición del boyeo y la carreta Desfile de boyeros en San Isidro de Heredia. Artículo principal: Tradición del boyeo y la carreta típica costarricense La fabricación de carretas de bueyes pintadas de forma característica es una de las tradiciones culturales más famosas de Costa Rica tanto a nivel nacional como internacional.

La carreta fue el medio de transporte por excelencia durante la colonia y gran parte de los inicios de la vida independiente del país, en especial en lo que se refiere al transporte del gra los inicios de la vida independiente del país, en especial en lo que se refiere al transporte del grano de café desde el Valle Central hasta Puntarenas para su posterior exportación. El café fue, durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, impulso del esarrollo económico del país. Rueda de carreta típica. El arte de la carreta pintada se caracteriza por la coloración en formas geométricas, flores, rostros y paisajes en miniatura, además de las características puntas de estrella, todo lo cual se hace a mano. Generalmente, la carreta se pinta de color anaranjado, blanco o rojo, y encima se le pintan los diseños característicos, que en el pasado también se utilizaban para identificar la comunidad o lugar de procedencia del boyero.

La elaboración de estas carretas es especialmente conservada en el distrito de Sarchí, en el cantón de Valverde Vega, aunque las elebraciones a los boyeros (el que cuida y guia los bueyes que jalan las carretas) se realizan en diversos cantones a lo largo y ancho del país, comoEscazú, donde se celebra el Día Nacional del Boyero, los segundos domingos del mes de marzo en el distrito de San Antonio de Escazú, donde se realiza un colorido desfile de carretas que recorre las calles principales del cantón. La tradición del boyeo y la carreta típica costarricense es Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad de laUnesco desde el 24 de noviembre de 2005. Además, la carreta es uno de los símbolos patrios de Costa Rica, pues simboliza la ultura de la paz y el trabajo del costarricense, la humildad, la paciencia, el sacrificio, y la constancia en el afán por alcanzar los ob costarricense, la humildad, la paciencia, el sacrificio, y la constancia en el afán por alcanzar los objetivos trazados del pueblo costarricense. Trajes típicos[editar] La enagua de vuelos amplios es parte de la indumentaria del traje típico.

Los trajes típicos representan uno de los elementos más importantes del patrimonio histórico y cultural de Costa Rica. Cada región y provincia del país tiene su propio traje de gala o de trabajo, con folclor e historia detrás. Aunque el traje es de tipo tradicional, ha ido sufriendo cambios tanto en las áreas rurales como urbanas, debido a factores históricos. También existen varios factores que influyen en la manera de vestir: condiciones geográficas, climáticas, económicas y sociales. Los trajes típicos se basan en la funcionalidad y la comodidad para poder realizar las tareas diarias, o para protegerse del clima o las inclemencias naturales.

En la actualidad, los trajes típicos son parte fundamental de las actividades cívicas y folclóricas de cada pueblo del país. Se utilizan en actos conmemorativos, fiestas atrias y actos culturales. En el traje típico tradicional, predominan los colores patrios dedicados a la bandera nacional, que son utilizados principalmente en las actividades cívicas como las celebraciones de la Independencia, la Anexión del Partido de Nicoya o el 11 de abril. También existen trajes dedicados a las leyendas costarricenses, a la flor nacional, a tradiciones locales, a música y danzas de cada pueblo, fiestas populares y otras. Jóvenes con trajes típicos durante la celebración del 1 5 de septiembre. El traje típico de Costa Rica se ha ido gener 0 DF 23