ÉTICA EN LA INGENIERÍA Y EN LA CIENCIA Extracto del libro ÉTICA CIENCIA Y TÉCNICA de MARIO BUNGE

ÉTICA EN LA INGENIERÍA Y EN LA CIENCIA (Extracto del libro ÉTICA, CIENCIA Y TÉCNICA de MARIO BUNGE) Tecnoética Extracto del libro: ETICA, CIENCIA Y TECNICA MARIO BUNGE. APENDICE I: POR UNA TECNOETICA 7. LAS RESPONSABILIDADES DEL TECNOLOGO 8. EL TÉCNICO DESGARRADO POR INTERESES CONFLICTIVOS 9. NO TODA TECNOLOGÍA ES BUENA 10. LA TECNOLOGíA COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LA ÉTICA 11. ETHICA MORE TE 12. HACIA UNA AXIO LATERALES MARIO BUNGE: ISBN SUDAMERICANA, BU PROLOGO PACE 1 or28 to View nut*ge 0-n Y EFECTOS EDITORIAL Mario Bunge Mayo de 1995 Department of Philosophy McGill

University Montreal, Canadá EDITORIAL SUDAMERICANA, BUENOS AIRES (1996) ISBN 950-07-1131-1 Nuestro tema es de rigurosa actualidad. En casi todo el mundo la juventud cuestiona la moralidad de La ciencia y en menor medida, el carácter acientífico de los códigos morales vigentes. Algunos critican la alianza de la ciencia con el establishment, otros llegan a culpar a la ciencia misma de la guerra, de la desocupación, del enajenamiento y del deterioro de la naturaleza. Y todos se quejan de que el hombre haya puesto los pies de una nueva moral disconformista.

El enjuiciamiento de la iencia llega en ocasiones al extremo de una franca revuelta contra el método científico

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y, en general, contra la cultura y la civilización centradas en la ciencia. En nombre de este anti-ideal se puso fuego al centro de computación de la universidad Sir George Williams en Montreal en 1969. Así como hace un siglo y medio los ludditas culpaban a las máquinas en general, hoy muchos culpan a las computadoras y a toda la cultura que éstas parecen simbolizar: una cultura que les es ajena y cruel.

No tomemos en broma a estos jóvenes cinicos o desesperados que han perdido confianza en sus padres y sus aestros. Los cristianos prmitlvos adoptaron una actitud semejante y arremetieron en forma similar contra la cultura antigua, a la que ultimaron. No toda reacción contra los valores establecidos es íntegramente negativa: puede ser un toque de atención que nos salve a último momento. Es verdad que los maquinoclastas contemporáneos no se lavan, no trabajan ni estudian seriamente; pero acaso veneren otros valores que nosotros, los limpios, hacendosos e instruidos, hayamos descuidado indebidamente.

Es verdad que a los jóvenes iracundos no les cuesta destruir algo que no han ontribuido a crear ni saben utilizar. pero no es menos cierto que tienen razón al protestar contra el mal uso de las conquistas de la ciencia y de la tecnología. Es verdad que no sabrían qué hacer una vez lograda la destrucción que preconizan. Pero no es menos cierto que nosotros apenas sabemos qué hacer con las riquezas materiales y culturales que hemos acumulado. Alg 2 8 nosotros apenas sabemos qué hacer con las riquezas materiales y culturales que hemos acumulado.

Algo hay de cierto y de justo en esa revuelta: si no lo hubiera no cautivaría a tantos jóvenes generosos ni provocaría anta indignación entre quienes no tienen motivo alguno para remediar las injusticias que combaten los revoltosos. ¿Qué hay de cierto en la crítica de la ciencia desde el punto de vista ético? ¿Qué hay de justificado en la reacción contra el modo científico de pensar y de obrar? Y complementariamente, ¿qué hay de cierto en la acusación de que los códigos morales vigentes han sido superados por los avances del conocimiento científico del hombre como animal pensante y social?

Dicho en términos más generales: ¿cuáles son las relaciones de hecho y de derecho entre la ciencia y la ética? ?Es verdad que la ciencia es amoral y que la moral no puede ser científica? Tal es el tema de este libro. Tema que, si bien ha sido descuidado por igual por filósofos y científicos, merece no ya un libro sino una biblioteca íntegra, que haga frente a la acusación de que la ciencia se ha vuelto inmoral y de que la moral es ignara.

La primera edición de este libro, aparecida en 1960, contenía el texto ampliado de conferencias dictadas en la universidad de buenos aires con el auspicio de la agrupación rioplatense de lógica y filosofía científica, entidad que se esforzara por apuntalar la filosofía luminista en un medio en el que cualquier oscuridad traducida del alemán o del francés gozaba de mayor prestigio que el análisis conceptual.

Ese texto ha sido corregido y ampliado a la luz de reflexi 28 prestigio que el análisis reflexiones posteriores, algunas de las cuales aparecieron en mi articulo «ethics as a science’ , philosophy and phenomenological researeh, HII, 139 (1961). Además, he incorporado dos piezas. Una Es mi respuesta a la encuesta sobre «significación del Humanismo en el mundo contemporáneo» revista de la universidad de buenos aires, VI, 563 (1961). La otra es una versión corregida de mi rabajo «an analysis of value», escrito en homenaje al insigne matemático Beppo Levi y publicado en Mathematicae Notae, XVIII, 95 (1962).

Las reflexiones presentadas en esos trabajos fueron considerablemente elaboradas en el curso de las tres décadas siguientes, al calor de varios cursos y controversias. Dichas elaboraciones culminaron en el 80 tomo de mi Treatise on Basic Philosophy: *hics (Dordrecht-Boston: Reidel, 1989). Agradezco a profesores Carlos E. Alchourrón, Marta Bunge, Donald Davidson, Andrés J. Kálnay y Roberto Vernengo diversas criticas formuladas su momento. APÉNDICE I: POR UNA TECNOÉTICA Leído en el simposio «Ethies in an age of pervasive Technology», Technion, Haif, diciembre de 1974.

Se acabaron los tiempos del derecho divino de los reyes o de cualesquiera otros individuos, sean propietarios, administradores, líderes sindicales, pollticos, burócratas, tecnólogos o académicos. En todo el mundo se está poniendo en tela de juicio la autoridad absoluta e infundada: vivimos un tiempo iconoclástico. Más aún, nadie reconoce derechos sin de egos Sin 4 28 responsabilidades. A cada aún, nadie reconoce derechos sin deberes, ni privilegios sin responsabilidades. A cada cual se le tiene por responsable de lo que hace y aun de lo que no hace cuando debiera actuar.

Y las responsabilidades no se contraen con algún dios o soberano a distancia conveniente, ni siquiera con el pueblo anónimo sino con personas determinadas: pares, subordinados, vecinos y descendientes. Más aún viejas separaciones entre distintas clases de responsabilidad moral, profesional, social, etc. , se están esfumando. Estamos empezando a advertir que la separación de responsabilidades no es sino una manera de eludir la responsabilidad total y por lo tanto una hoja de parra de la delincuencia.

Una persona que está a cargo de algo, sea una máquina u otro individuo, no está compuesta de un cierto número de entes morales sino que es una única persona, que actúa ya en un rol, ya en otro. Y estos diversos roles debieran combinarse armoniosamente. El ser un progenitor afectuoso no exculpa el crimen; el ser un ingeniero competente no confiere derechos de piratería sobre el ambiente; el ser un administrador eficiente no da derecho a explotar al prójimo. Todo ser humano tiene un número de responsabilidades entrelazadas y cada una de ellas es tan personal e intransferible como la alegría o el dolor.

En este art[culo examinamos algunas de las responsabilidades especiales del tecnólogo en nuestra era de tecnología total. Defenderemos la tesis de que el técnico, al igual que cualquier otro individuo humano, es personalmente responsable de lo que hace, que es responsable ante la humanidad íntegra, no tan sólo ante s 8 ante la humanidad Íntegra, no tan sólo ante sus empleadores. Sostendremos también que el tecnólogo tiene el deber de enfrentar sus propios problemas morales y de meditar sobre ellos.

Y sostendremos que está particularmente capacitado para hacerlo, ya que uede abordar los problemas morales, y aun la teoría de la moralidad (esto es, LA ÉTICA), con la ayuda de un enfoque y de un conjunto de herramientas ajenos a la mayoría de los filósofos, y que prometen producir LA TECNOÉTICA que no se han dignado elaborar los filósofos profesionales. Para mostrarlo propondremos una teoría de los valores que permite sopesar medios y fines, asi como concebir las normas morales a imagen y semejanza de las reglas tecnológicas. . LAS RESPONSABILIDADES DEL TECNOLOGO Échese un vistazo en derredor y se reconocerán de inmediato las profesiones que más han contribuido a oldear la sociedad industrial, sea capitalista o socialista. Son los científicos, los ingenieros y los administradores (incluidos los hombres de estado). Los primeros han suministrado el conocimiento básico, los ingenieros lo han utilizado para diseñar sus obras, y los administradores han organizado la mano de obra que ha llevado a la práctica dichos diseños.

El resultado de las labores de estos grupos está a la vista: es una nueva clase de sociedad, que puede llevar a la humanidad sea a un nivel evolutivo más elevado, sea a su extinción. Sin embargo, paradójicamente, el sociólogo nos informa que, en u conjunto, los científicos, tecnólogos y administradores, (esto es, lo 6 8 que, en su conjunto, los científicos, tecnólogos y administradores, (esto es, los principales artifices de la sociedad moderna), no se sienten limitados ni inspirados por responsabilidades morales o sociales extraprofesionales.

En particular, el técnico parece indiferente o insensible ante tragedias en gran escala pero evitables, tales como la desocupación, la miseria, la iniquidad, la opresión, la guerra, la mutilación de la naturaleza, el desperdicio de los recursos naturales, o la egradación de la cultura por los medios de comunicaciones de masas. Participen o no en la generación de calamidades, la mayoría de los científicos, tecnólogos y administradores se lavan las manos y cierran los ojos al sufrimiento y a la miseria. que es peor, su posición en la sociedad es tal que deben hacerse los ciegos morales si pretenden funcionar con eficacia. En efecto, un profesional no puede trabajar eficientemente si permite que lo distraigan los clamores de desesperación: debe recluirse en su oficina o en su laboratorio si ha de proseguir con su trabajo, sea éste investigar, diseñar u rganizar. (A menos que su trabajo consista precisamente en aliviar calamidades o al menos prevenirlas. ) Es verdad que algunos cuerpos profesionales han imitado a los médicos adoptando códigos morales que regulan su propio trabajo.

Pero la mayor parte de estos códigos se limitan a las responsabilidades profesionales, de modo que dejan amplio margen a la irresponsabilidad social. Se ocupan de las minucias, no de los problemas más graves. Por consiguiente el científico se siente libre de proseguir su investigación problemas más graves. Por consiguiente el cientifico se siente libre de proseguir su nvestigación suceda lo que sucediera; el ingeniero, de ir adelante con sus proyectos sin que le importe qué o quién pueda desaparecer; y e administrador, de fomentar la producción o las ventas sin ocuparse de las consecuencias para el prójimo.

En definitiva, apenas hay frenos externos que puedan internalizarse impidiendo que el científico, el ingeniero y el administrador emprendan actividades profesionales moralmente objetables o socialmente dañinas. El que se comporte bien para con sus semejantes queda librado a su conciencia moral o, lo que es peor, a la de sus superiores. Desgraciadamente la conciencia, habitualmente despierta en cuestiones privadas y profesionales, está más bien soñolienta cuando se trata de afectar las vidas anónimas de los demás. Me apresuro a aclarar que no estoy tomando partido por los enemigos de la ciencia y de la tecnología.

No hay nada que sea inherentemente malo en la ciencia, la ingeniería o la administración; por lo tanto no se trata de volver a la sociedad preindustrial. pero puede haber mucho de malo en las metas a que se hace servir a la ciencia, la tecnología o la administración, así como en algunos de os efectos colaterales que acompañan a la mejor de las metas. Si los fines son malos como sucede con el genocidio, la opresión de grupos o naciones, la estafa a los consumidores, el engaño al público, o la corrupción de la cultura, entonces está claro que quienquiera que los sirva comete maldades aun cuando no sean sancionadas legalmente.

En este caso el científic 28 los sirva comete maldades aun cuando no sean sancionadas legalmente. En este caso el científico, ingeniero o administrador es un mero instrumento. Los instrumentos son moralmente inertes y socialmente irresponsables. Por consiguiente, cuando actúa como herramienta, el cientlfico, ingeniero o administrador rehusará asumir responsabilidades a menos que fracase en su cometido (aunque no rehúsa los honores si tiene éxito).

Si se le reprocha su acción se proclama inocente o excusa sus actos sosteniendo que ha actuado bajo órdenes (Befehlnotstand); los hay quienes reaccionan con indignación. Obviamente, su actitud se debe, sea a un exceso de humildad, sea a un exceso de arrogancla. En el primer caso se arrastra ante sus superiores, en el segundo se eleva por encima de la humanidad ordinaria; en ambos casos obra indecentemente. El científico, ingeniero o administrador podrá lavarse las manos pero esto no lo libra de sus deberes morales y responsabilidades sociales, no sólo como ser humano y ciudadano sino también como profesional.

Y esto porque, insistamos, los cientlTicos, ingenieros y administradores son más responsables que cualquier otro grupo ocupacional del estado en que está el mundo. No se puede manipular el mundo como si fuera un trozo de arcilla, negándose al mismo tiempo a asumir la responsabilidad por lo que se hace o se rehusa a hacer, particularmente si la pericia del experto en cuestion se necesita ara reparar los daños que ha hecho o al menos para evitar daños futuros.

En suma, el ingeniero y el administrador, preclsamente porque ejercen un poder enorme o contribuyen al po el ingeniero y el administrador, precisamente porque ejercen un poder enorme o contribuyen al poder de modo decisivo, tienen una responsabilidad moral y social mayor que el común de los mortales. Siendo as», mejor es que la rmren de frente, porque llegará el momento en que les pediremos cuentas. 2. EL TÉCNICO DESGARRADO POR INTERESES CONFLICTIVOS Supongamos que un equipo de ingenieros está a cargo del diseño construcción de una planta industrial. ¿Qué se espera de ellos?

Mucho: A: T: Los trabajadores esperan obtener buenas condiciones de trabajo. V: Los vecinos esperan que la planta no contamine el ambiente. p: los colegas profesonales esperan un diseño, ejecución y operaciones técnicamente avanzados. C: los consumidores esperan productos útiles a precios razonables. La administración espera una planta eficiente y provechosa. Además, los desocupados esperan una nueva fuente de trabajo; los proveedores, órdenes de suministros; los bancos, un nuevo cliente; y el gobierno, una nueva fuente de mpuestos o acaso una nueva sima de subsidios.

El ingeniero puede ignorar algunas de estas expectativas y demandas pero no todas, tanto más por cuanto no son todas mutuamente compatibles. por ejemplo, si la administración exige y obtiene costos mínimos junto con beneficios máximos, entonces todos los otros grupos afectados por el proyecto se sentirán perjudicados. Por lo tanto el ingeniero ignorará a algunos grupos, favorecerá a otros e intentará hacer compromisos con otros más. Evidentemente, al tomar decisiones de este tipo el ingeniero plantea y resuelve problemas morales. Y lo hace adoptando,