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Dan Brown EL SIMBOLO PERDIDO Traduccion de Claudia Conde, M. a Jose Diez y Aleix Montoto Esta es una obra de ficcion. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos y hechos que aparecen en la misma son producto de la imaginacion del autor o bien se usan en el marco de la ficcion. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia. Titulo original: The Lost Symbol © Dan Brown, 2009 © por la traduccion, Claudia Conde, M..? Jose Diez y Aleix Montoto, 2009 © de la edicion electronica, Zilog, 2009 © Editorial Planeta, S. A. 2009 Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona (Espana) Primera edicion: octubre de 2009 Deposito Legal: M. 41. 664-2009 ISBN 978-84-08-08925-4 ISBN 978-0-385-50422-5, editor Doubleday, una division de Random House, Inc. , Nueva York, y en Canada, Random House of Canada Limited, Toronto Revision del texto: Lourdes Martinez Lopez Composicion: Victor Igual, S. L. Impresion y encuademacion: Dedalo Offset, S. L. Para Blythe Vivir en el mundo sin percatarse del significado del mismo es como deambular por una gran biblioteca sin tocar sus libros. The Secret Teachings of All Age (Las ensenanzas secretas de todas las epocas) Los hechos

En 1991, el director de la

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CIA oculto un documento en su caja fuerte. Hoy en dia el documento todavia permanece alli dentro. En su criptico texto hay referencias a un antiguo portal y a una desconocida ubicacion subterranea. El documento tambien contiene la frase «Esta enterrado ahi fuera, en algun lugar». Todas las organizaciones que se mencionan en esta novela existen, incluidos los francmasones, el Colegio Invisible, la Oficina de Seguridad, el SMSC y el Instituto de Ciencias Noeticas. Todos los rituales, la ciencia, el material grafico y los monumentos que aparecen son tambien reales. Prologo Casa del Templo 20. 33 horas El secreto es como morir. » Desde el principio de los tiempos, el secreto habia sido siempre como morir. El iniciado de treinta y cuatro anos bajo la mirada hacia el craneo humano que sostenia en las palmas de sus manos. Era un craneo hueco, como un cuenco, lleno de un vino rojo sangre. «Bebetelo -se dijo-. No tienes nada que temer. » Tal y como era tradicion, habia comenzado ese viaje ataviado con la vestimenta ritual de los herejes medievales que conducian al cadalso: la camisa abierta para dejar el palido pecho al desnudo, la pernera izquierda del pantalon enrollada hasta la rodilla y la manga derecha remangada hasta el codo.

Ademas, una gruesa soga alrededor del cuello: el «cable de remolque», lo llamaban los hermanos. Esa noche, sin embargo, al igual que los demas hermanos presentes, iba vestido de maestro. Los hermanos que lo rodeaban iban todos ataviados con el atuendo completo: delantal de piel de cordero, banda y guantes blancos. Alrededor de sus cuellos colgaban joyas ceremoniales que brillaban cual ojos fantasmales en la tenue luz. La mayoria de esos hombres ocupaban posiciones de gran poder en la vida real, y sin embargo el iniciado sabia que sus rangos mundanos nada significaban dentro de esas paredes. Alli todos os hombres eran iguales, hermanos jurados que compartian un lazo mistico. Mientras contemplaba la intimidante asamblea, el iniciado se pregunto quien en el mundo exterior se podria imaginar a ese grupo de hombres congregado en un mismo lugar… O que lo hicieran en ese lugar. La sala se asemejaba a un santuario sagrado de la antiguedad. La verdad, sin embargo, era mucho mas extrana. «Estoy tan solo a unas manzanas de la Casa Blanca. » Ese colosal edificio, situado en el numero 1733 de Sixteenth Street de Washington, era una replica de un templo precristiano: el templo del rey Mausolo; el mausoleo original… un lugar en el que descansar al morir. En la entrada principal, dos esfinges de diecisiete toneladas vigilaban las puertas de bronce. El interior era un ornamentado laberinto de camaras rituales, pasillos, criptas selladas, bibliotecas e incluso un muro hueco en el que se ocultaban los restos de dos seres humanos. Al iniciado le habian contado que todas y cada una de las salas de ese edificio escondian un secreto, aunque el sabia que ninguna sala contenia secretos mas profundos que la gigantesca camara en la que ahora estaba arrodillado con un craneo humano en las palmas de las manos. «La Sala del Templo. Esa sala era un cuadrado perfecto. Y cavernoso. El techo se encontraba a unos espectaculares treinta metros de altura y lo sostenian una serie de monoliticas columnas de granito verde. Rodeaba la sala una graderia de asientos de oscuro nogal ruso con piel de cerdo curtida a mano. Un sitial de diez metros de altura dominaba el muro occidental y, en el otro extremo, oculto a la vista, habia un organo de tubos. Los muros eran como un caleidoscopio de simbolos antiguos: egipcios, hebraicos, astronomicos, quimicos, y otros todavia desconocidos. Esa noche, la Sala del Templo estaba iluminada por una serie de cirios cuidadosamente dispuestos.

Su tenue resplandor estaba unicamente acompanado por los palidos rayos de luz de luna que se filtraban por el amplio oculo del techo y que iluminaban la pieza mas extraordinaria de la sala: un enorme altar hecho de un solido bloque de marmol belga, pulido y de color negro, que estaba situado en el centro mismo de la camara de planta cuadrada. «El secreto es como morir», se recordo el iniciado. -Ha llegado el momento -susurro una voz. El iniciado dejo que su mirada se posara sobre la distinguida figura ataviada con una tunica blanca que tenia ante si. «El venerable maestro. Ese hombre, de casi sesenta anos, era todo un icono norteamericano, muy querido, robusto e incalculablemente rico. Su cabello, antano oscuro, ya estaba encaneciendo, y su famoso rostro reflejaba una vida de poder y un vigoroso intelecto. -Haz el juramento -dijo el venerable maestro con una voz suave como la nieve al caer- Completa tu viaje. El viaje del iniciado, como el de todos los demas, habia comenzado en el primer grado. Aquella noche, en un ritual parecido a ese, el venerable maestro le habia tapado los ojos con una venda de terciopelo y, tras colocarle una daga ceremonial sobre el pecho desnudo, le habia preguntado: -?

Juras solemnemente por tu honor, sin estar influenciado por motivo mercenario o indigno alguno, que libre y voluntariamente te presentas candidato a los misterios y privilegios de la hermandad? -Lo juro -habia mentido el iniciado. -Que te remuerda, pues, la conciencia -le advirtio el maestro-, y te sobrevenga una muerte inmediata si traicionas alguna vez los secretos que te seran revelados. En aquel momento, el iniciado no sintio miedo alguno. «Nunca descubriran cual es mi autentico proposito aqui. Esa noche, sin embargo, le habia parecido notar una aprensiva solemnidad en la Sala del Templo, y su mente comenzo a repasar todas las advertencias que habia recibido durante ese viaje, todas las amenazas de las terribles consecuencias que sufriria si se le ocurriera compartir alguna vez los antiguos secretos que estaba a punto de conocer: «Me rajaran el cuello de oreja a oreja… , me arrancaran de cuajo la lengua… , extraeran e incineraran mis entranas… , las esparciran a los cuatro vientos… , me extirparan el corazon y lo arrojaran al suelo para que sirva de alimento a las bestias famelicas… -Hermano -dijo el maestro de ojos grises mientras colocaba su mano derecha sobre el hombro del iniciado-. Haz el juramento final. Armandose de valor para dar el ultimo paso de su viaje, el iniciado movio su musculosa constitucion y volvio su atencion al craneo que sos- tenia entre las palmas de las manos. El vino carmesi se veia casi negro a la tenue luz de los cirios. En la camara se hizo un silencio mortal, y pudo sentir la mirada de todos los testigos que permanecian a la espera de que tomara su ultimo juramento y se uniera a sus filas de elite. Esta noche -penso-, dentro de estas paredes esta teniendo lugar algo que nunca antes habia ocurrido en la historia de esta hermandad. Ni una sola vez, en siglos. » El sabia que seria el detonante… y que le otorgaria un poder inconmensurable. Revigorizado, suspiro y dijo en voz alta las mismas palabras que incontables hombres habian pronunciado antes que el en paises de todo el mundo. -«Que este vino que ahora bebo se torne veneno mortifero en mis labios si alguna vez, consciente e intencionadamente, quebranto mi juramento. » Sus palabras resonaron en la oquedad del espacio.

Luego todo quedo en silencio. Con manos firmes, el iniciado se llevo el craneo a la boca y sintio el seco hueso en los labios. Cerro los ojos e, inclinandola, bebio el vino a tragos largos y profundos. Cuando se hubo terminado hasta la ultima gota, la volvio a bajar. Por un instante creyo sentir que se le agarrotaban los pulmones y se le aceleraba el pulso. «? Dios mio, me han descubierto! » Luego, tan rapidamente como le habia sobrevenido, esa sensacion desaparecio. Una agradable calidez le recorrio el cuerpo. El iniciado solto un uspiro, sonriendo interiormente mientras levantaba la mirada hacia el hombre de ojos grises que ingenuamente lo habia admitido en las filas mas secretas de esa hermandad. «Pronto perdereis todo lo que mas apreciais. » Capitulo 1 El ascensor Otis que sube por el pilar sur de la Torre Eiffel va repleto de turistas. Dentro de la atestada cabina, un austero hombre de negocios vestido con un traje perfectamente planchado baja la mirada hacia el chico que tiene al lado. -Se te ve palido, hijo. Deberias haberte quedado en la planta baja. -Estoy bien… -contesta el chico, esforzandose por controlar su ansiedad-. Me bajare en el siguiente piso. No puedo respirar. » El hombre se inclina sobre el chico. -Creia que a estas alturas ya lo habrias superado -y le acaricia afectuosamente la mejilla. El chico se siente avergonzado por haber decepcionado a su padre, pero apenas puede oir nada por culpa del pitido en los oidos. «No puedo respirar. ?He de salir de esta caja! » El operador hace algun comentario reconfortante sobre los pistones articulados y el hierro pudelado del ascensor. A lo lejos, las calles de Paris se extienden en todas direcciones. «Ya casi hemos llegado -se dice el chico mientras estira el cuello y levanta la mirada hacia la plataforma de salida-.

Aguanta un poco mas. » A medida que el ascensor se va acercando al observatorio superior, el hueco empieza a estrecharse y sus enormes puntales a contraerse, formando un estrecho tunel vertical. -Papa, no creo… De repente resuena un estallido en staccato. La cabina da una sacudida y se balancea hacia un lado de un modo extrano. Los deshilachados cables comienzan a restallar sobre la cabina, golpeandola como si de serpientes se tratara. El muchacho se coge de la mano de su padre. -? Papa! Ambos se quedan mirando mutuamente durante un aterrador segundo. Y de repente el suelo del ascensor desaparece bajo sus pies.

Robert Langdon se incorporo de golpe en su sillon de piel, todavia aturdido por la semiconsciente ensonacion. Iba sentado a solas en la enorme cabina de un avion privado Falcon 2000EX que en esos momentos atravesaba una turbulencia. De fondo se podia oir el zumbido uniforme de los motores duales Pratt & Whitney. -? Senor Langdon? -crepito el intercomunicador- Estamos a punto de aterrizar. Langdon se irguio en su asiento y volvio a meter las notas de la conferencia en su bolsa de piel. Estaba repasando la simbologia masonica cuando su mente habia comenzado a divagar.

La ensonacion sobre su fallecido padre, sospechaba Langdon, debia de estar provocada por la inesperada invitacion que esa misma manana habia recibido de su antiguo mentor, Peter Solomon. «El otro hombre a quien nunca he querido decepcionar. » El filantropo, historiador y cientifico de cincuenta y ocho anos habia tomado a Langdon bajo su proteccion casi treinta anos atras, ocupando en muchos sentidos el vacio que habia dejado en este la muerte de su padre. A pesar de la influyente dinastia familiar y de la enorme fortuna de Solomon, Langdon no habia encontrado mas que humildad y cordialidad en sus delicados ojos grises.

Por la ventanilla, Langdon advirtio que el sol ya se habia puesto, pero todavia pudo distinguir la esbelta silueta del obelisco mas grande del mundo, alzandose en el horizonte como la aguja de un ancestral gnomon. Los ciento setenta metros de altura del obelisco de marmol senalaban el corazon de esa nacion. Alrededor de la aguja se extendia concentricamente la meticulosa geometria de calles y monumentos. Incluso desde el aire, Washington emanaba un poder casi mistico. A Langdon le encantaba esa ciudad y, en cuanto el avion aterrizo, sintio una creciente excitacion por lo que le esperaba esa noche.

El avion se dirigio hacia una terminal privada que habia en algun lugar de la vasta extension del Aeropuerto Internacional Dulles y finalmente se detuvo. Langdon recogio sus cosas, dio las gracias a los pilotos y abandono el lujoso interior del avion por la escalera desplegable. El frio aire de enero le resulto liberador. «Respira, Robert», penso mientras contemplaba los espacios abiertos. Una sabana de blanca niebla cubria la pista, y al descender hacia el neblinoso asfalto, Langdon tuvo la sensacion de sumergirse en un pantano. -iHola! ?Hola! oyo que gritaba una cantarina voz con acento britanico desde el otro lado de la pista-. ?Profesor Langdon? Levanto la mirada y vio que una mujer de mediana edad con una insignia y un portapapeles se dirigia apresuradamente hacia el, saludandolo alegremente mientras se acercaba. Unos cuantos rizos rubios sobresalian por debajo de un estiloso gorro de lana. -? Bien venido a Washington, senor! Langdon sonrio. -Gracias. -Soy Pam, del servicio de pasajeros -la mujer hablaba con un entusiasmo que resultaba casi inquietante-. Si tiene la amabilidad de acompanarme, senor, su coche le esta esperando.

Langdon la siguio por la pista en direccion a la terminal Signature, que estaba rodeada de relucientes aviones privados. «Una parada de taxis para los ricos y famosos. » -No quiero avergonzarle, profesor -dijo la mujer con timidez-, pero usted es el Robert Langdon que escribe libros sobre simbolos y religion, ? verdad? Langdon vacilo y luego asintio. -? Lo sabia! -dijo ella, radiante-. ?En mi grupo de lectura leimos su libro sobre lo sagrado femenino y la Iglesia! ?Menudo escandalo! ?Esta claro que a usted le gusta alborotar el gallinero! El sonrio. -Bueno, en realidad mi intencion no era escandalizar.

La mujer parecio advertir que Langdon no tenia muchas ganas de hablar sobre su obra. -Lo siento. Parloteo demasiado. Supongo que debe de estar harto de que lo reconozcan… , aunque en realidad es culpa suya -dijo mientras senalaba alegremente la ropa que el llevaba puesta-. Su uniforme lo ha delatado. «? Mi uniforme? » Langdon miro la ropa que llevaba puesta. Iba con su habitual jersey de cuello alto, una americana Harris de tweed, unos chinos y unos mocasines colegiales de cordoban… La indumentaria estandar para las clases, el circuito de conferencias, las fotografias de autor y los eventos sociales. La mujer se rio. Esos jerseis de cuello alto que lleva estan muy pasados de moda. ?Estaria mas elegante con una corbata! «Ni hablar -penso el-. Son pequenas sogas. » Langdon se habia visto obligado a llevar corbata seis dias a la semana cuando estudiaba en la Academia Phillips Exeter, y a pesar de que el romantico director aseguraba que su origen se remontaba a la fascalia de seda que llevaban los oradores romanos para calentar sus cuerdas vocales, Langdon sabia que, etimologicamente, el termino «corbata» en realidad derivaba de una despiadada banda de mercenarios «croatas» que se ponian panuelos en el cuello antes de la batalla.

Hoy en dia, ese antiguo atuendo de guerra lo seguian llevando los modernos guerreros de las oficinas con la esperanza de intimidar a sus enemigos en las batallas diarias del salon de juntas. -Gracias por el consejo -dijo Langdon tras soltar una risa ahogada-. Lo tendre en cuenta en futuras ocasiones. Afortunadamente, un hombre de aspecto profesional y vestido con un traje oscuro salio de un elegante Lincoln Town que estaba aparcado junto a la terminal y le hizo una sena. -? Senor Langdon? Soy Charles, del servicio de limusinas Beltway dijo, y le abrio la puerta del asiento de pasajeros-.

Buenas tardes, senor. Bien venido a Washington. Langdon le dio una propina a Pam por su hospitalidad y luego se metio en el lujoso interior del Lincoln Town. El chofer le enseno donde estaban el control de temperatura, el agua embotellada y la cesta con magdalenas calientes. Unos segundos despues, Langdon avanzaba a toda velocidad por una carretera de acceso restringido. «De modo que asi es como vive la otra mitad. » Mientras el chofer conducia el coche en direccion a Windsock Drive, consulto su lista de pasajeros e hizo una rapida llamada. Servicio de limusinas Beltway -dijo el chofer con eficiencia profesional-. Me han indicado que confirmara el aterrizaje de mi pasajero. Hizo una pausa-. Si, senor. Su invitado, el senor Langdon, acaba de llegar. A las siete de la tarde estara en el edificio del Capitolio. Gracias, senor -y colgo. Langdon no pudo evitar sonreir. «No ha dejado piedra por mover. » El detallismo de Peter Solomon era una de sus mas potentes bazas, y le permitia gestionar su considerable poder con aparente facilidad. Unos pocos miles de millones de dolares en el banco tampoco hacen ningun dano, claro esta. » Langdon se acomodo en el lujoso asiento de piel y cerro los ojos mientras el ruido del aeropuerto quedaba cada vez mas lejos. El Capitolio estaba a media hora, asi que aprovecho el tiempo a solas para poner en orden sus pensamientos. Todo habia pasado tan de prisa que hasta ahora no se habia parado a pensar seriamente en la increible noche que le esperaba. «Cuanto secretismo el de mi llegada», penso Langdon, a quien la idea no dejaba de hacerle gracia.

A dieciseis kilometros del edificio del Capitolio, una figura solitaria aguardaba con impaciencia la llegada de Robert Langdon. Capitulo 2 Aquel que se llamaba a si mismo Mal’akh presiono la punta de la aguja sobre su cabeza afeitada, suspirando de placer cada vez que la afilada herramienta entraba y salia de su carne. El suave zumbido del aparato electrico resultaba adictivo… «Soy una obra maestra. » La finalidad de los tatuajes nunca habia sido la belleza. La finalidad era cambiar. De los escarificados sacerdotes nubios del ano 2000 a. J. C. los tatuados acolitos del culto de la Cibeles en la antigua Roma, pasando por las cicatrices moko de los modernos maories, los humanos siempre se han tatuado a si mismos con la intencion de ofrecer sus cuerpos en parcial sacrificio, soportando el dolor fisico del embellecimiento y sufriendo un proceso de cambio. A pesar de las aciagas admoniciones del Levitico 19, 28, que prohibian la mutilacion de la propia carne, en la actualidad los tatuajes se habian convertido en un rito de paso que compartian millones de personas: de aseados adolescentes a drogadictos empedernidos o esposas suburbanas.

El acto de tatuarse la propia piel era una transformativa declaracion de poder, un anuncio al mundo: «Tengo el control de mi propia carne. » El embriagador sentimiento de control derivado de la transformacion fisica habia provocado que millones de personas se volvieran adictas a multiples practicas para alterar la carne: cirugia cosmetica, piercings, culturismo, esteroides… , incluso la bulimia y el transgenerismo. «El espiritu humano anhela el dominio de su revestimiento carnal. » Una unica campanada sono en el reloj del abuelo de Mal’akh y este levanto la mirada.

Las seis de la tarde. Tras dejar las herramientas a un lado, envolvio su desnudo cuerpo de metro noventa con una bata de seda de Kiryu y recorrio el pasillo a grandes zancadas. El aire de la amplia mansion estaba cargado con la fragancia de sus tintes para la piel y el humo de las velas de cera de abeja que utilizaba para esterilizar las agujas. El imponente joven paso por delante de las antiguedades italianas de incalculable valor que decoraban el pasillo: un grabado de Piranesi, una silla Savonarola, una lampara de aceite Bugarini.

Cuando llego al ventanal no pudo evitar echar un vistazo y admirar desde la distancia el perfil clasico de los edificios de la ciudad. La luminosa cupula del Capitolio resplandecia con solemne poder contra el oscuro cielo invernal. «Aqui es donde esta escondido -penso-. Esta enterrado ahi fuera, en algun lugar. » Pocos hombres conocian su existencia… Y todavia menos conocian su impresionante poder o la ingeniosa forma mediante la que habia sido escondido. Hasta el dia de hoy seguia siendo el mayor secreto de ese pais.

Los pocos que conocian la verdad la mantenian oculta bajo un velo de simbolos, leyendas y alegorias. «Y ahora me han abierto sus puertas», penso Mal’akh. Tres semanas atras, en un oscuro ritual que conto con la presencia de los hombres mas influyentes de Norteamerica, Mal’akh habia ascendido al trigesimo tercer grado, el escalon mas elevado de la hermandad en activo mas antigua del mundo. A pesar de su nuevo rango, los otros hermanos no le habian contado nada. «Ni lo haran», lo sabia. No era asi como funcionaba la cosa. Habia circulos dentro de circulos… , hermandades dentro de hermandades.

Aunque se pasara anos esperando, puede que Mal’akh nunca llegara a ganarse del todo su confianza. Afortunadamente no necesitaba su confianza para obtener su secreto mas profundo. «Mi iniciacion ha servido a su proposito. » Ahora, revigorizado por lo que le esperaba esa noche, se dirigio a grandes zancadas a su habitacion. Por toda la casa se oia la inquietante musica que emitian los altavoces: una rara grabacion de un castrato cantando el Lux aeterna del Requiem de Verdi, recordatorio de una vida anterior. Mal’akh cogio el mando a distancia y puso el atronador Dies irae.

Luego, mientras de fondo retumbaban los timbales y las quintas paralelas, subio por la escalera de marmol, haciendo que la bata ondeara con el movimiento de sus fibrosas piernas. El estomago vacio de Mal’akh gruno a modo de protesta. Llevaba dos dias en ayunas, consumiendo unicamente agua, preparando su cuerpo tal y como se hacia antiguamente. «Satisfaras tu hambre al amanecer -se recordo a si mismo-. A la vez que tu dolor. » Mal’akh entro con reverencia en el santuario de su habitacion y cerro la puerta tras de si. De camino al vestidor se detuvo un momento, sintiendose atraido por el enorme espejo dorado.

Incapaz de resistirse, se volvio y miro su propio reflejo. Lentamente, como si desenvolviera un regalo de incalculable valor, Mal’akh abrio la bata, revelando su desnudez. La imagen lo sobrecogio. «Soy una obra maestra. » Su corpulento cuerpo estaba completamente afeitado. Mal’akh bajo la mirada primero a sus pies, que llevaba tatuados con las escamas y las garras de un halcon. Mas arriba, sus musculosas piernas estaban tatuadas como si fueran dos pilares grabados (la izquierda en espiral, la derecha con estrias verticales). «Boaz y Jachin. Caderas y abdomen formaban un decorado arco y, por encima de este, adornaba su poderoso pecho un fenix bicefalo… , con ambas cabezas de perfil y el ojo visible de estas formado por cada uno de los pezones de Mal’akh. Los hombros, el cuello, la cara y el cuero cabelludo estaban completamente cubiertos con un intrincado tapiz de simbolos y sellos ancestrales. «Soy una obra de arte… , un icono en evolucion. » Dieciocho horas antes, un hombre mortal habia visto desnudo a Mal’akh. Aterrorizado, el hombre habia exclamado: -? Oh, Dios mio, eres un demonio! -Si asi es como me percibes… habia contestado Mal’akh, quien, como los antiguos, consideraba angeles y demonios la misma cosa, arquetipos intercambiables, una simple cuestion de polaridad: el angel guardian que vencia la batalla a tu enemigo este lo percibia como un demonio destructor. Mal’akh bajo la cabeza y contemplo el reflejo oblicuo del centro de su cuero cabelludo. Ahi, dentro de la aureola que lo coronaba, relucia un pequeno circulo de carne palida sin tatuar. Ese lienzo cuidadosamente protegido era la unica piel virgen que le quedaba. El espacio secreto habia esperado pacientemente… y esa noche seria por fin completado.

Aunque todavia no poseia lo que necesitaba para ultimar su obra maestra, Mal’akh sabia que quedaba muy poco para el gran momento. Excitado ante esa idea, le parecio sentir que ya crecia su poder. Se volvio a abrochar la bata y se dirigio hacia el ventanal para volver a mirar la mistica ciudad que tenia ante si. «Esta enterrado ahi fuera, en algun lugar. » Centrandose de nuevo en la tarea que tenia entre manos, Mal’akh se acerco al tocador y se aplico cuidadosamente una base de maquillaje corrector en cara, cuero cabelludo y cuello, hasta que sus tatuajes fueron completamente invisibles.

Luego se puso las prendas de ropa y los demas objetos que habia preparado meticulosamente para esa noche. Cuando hubo terminado comprobo su aspecto en el espejo. Satisfecho, se paso la palma por el suave cuero cabelludo y sonrio. «Esta ahi fuera -penso-. Y esta noche, un hombre me ayudara a encontrarlo. » Mientras salia de casa, Mal’akh se preparo para el acontecimiento que pronto haria temblar el Capitolio. Habia pasado por muchas cosas hasta conseguir que esa noche todas las piezas estuvieran en su lugar. Y ahora, por fin, el ultimo peon habia entrado en juego.

Capitulo 3 Robert Langdon estaba ocupado revisando sus notas cuando advirtio que el murmullo que los neumaticos del Town Car hacian sobre la carretera cambiaba de tono. Langdon levanto la mirada, sorprendido al ver donde estaban. «? Ya vamos por el puente Memorial? » Dejo a un lado sus notas y echo un vistazo a las tranquilas aguas del Potomac. Una espesa niebla se cernia sobre la superficie. Foggy Bottom, un nombre ciertamente adecuado, siempre le habia parecido un emplazamiento de lo mas peculiar para construir la capital de la nacion.

De todos los lugares del Nuevo Mundo, los padres fundadores habian escogido una ribera pantanosa para colocar la piedra angular de su utopica sociedad. Langdon miro a la izquierda, al otro lado del Tidal Basin, en direccion a la elegante silueta redondeada del Jefferson Memorial, al que muchos llamaban Panteon de America. Directamente enfrente del coche, el Lincoln Memorial se alzaba con rigida austeridad, con sus lineas ortogonales reminiscentes del antiguo Partenon de Atenas. Pero fue un poco mas lejos donde Langdon vio la obra central de la ciudad: la misma aguja que habia visto desde el aire.

Su inspiracion arquitectonica era mucho, mucho mas antigua que los romanos o los griegos. «El obelisco egipcio de Norteamerica. » La monolitica aguja del Monumento a Washington se erguia ante Langdon, su iluminada silueta se recortaba contra el cielo como si del majestuoso mastil de un barco se tratara. Desde el oblicuo angulo desde el que lo veia parecia que el obelisco no tuviera base… y estuviera balanceandose en el sombrio cielo como si flotara sobre un agitado mar. Langdon tambien se sentia como descuajado. Su visita a Washington habia sido absolutamente inesperada. Me he despertado esta manana anticipando un tranquilo domingo en casa… y ahora estoy a punto de llegar al Capitolio de Estados Unidos. » Esa manana, a las cuatro cuarenta y cinco, Langdon habia comenzado el dia como siempre lo hacia, nadando cincuenta largos en la desierta piscina de Harvard. Ya no tenia el fisico de su epoca de miembro de la seleccion norteamericana de waterpolo amateur, pero todavia estaba delgado y tonificado; su aspecto era mas que respetable para un hombre de cuarenta y tantos anos. La unica diferencia era el esfuezo que debia invertir para mantenerlo asi.

Al llegar a casa, sobre las seis, Langdon se habia entregado a su ritual matutino de moler a mano granos de cafe de Sumatra y saborear la exotica fragancia que inundaba la cocina. Esa manana, sin embargo, se vio sorprendido por la parpadeante luz roja de su contestador automatico. «? Quien puede llamar a las seis de la manana de un domingo? » Presiono el boton y escucho el mensaje. -«Buenas noches, profesor Langdon, lamento mucho esta llamada tan temprana. -Se podia advertir cierta vacilacion en la educada voz, asi como un leve acento sureno-. Me llamo Anthony Jelbart, soy el asistente ejecutivo de Peter Solomon.

El senor Solomon me ha dicho que suele despertarse usted muy temprano… Lleva toda la manana intentando ponerse en contacto con usted. En cuanto reciba este mensaje, ? seria tan amable de llamar directamente a Peter? Seguramente ya tiene su nuevo numero privado, pero por si acaso, es el 202-329-5746. » Langdon sintio una repentina punzada de preocupacion por su viejo amigo. Peter Solomon era alguien de una educacion y cortesia impecables, y desde luego no se trataba del tipo de persona que llama un domingo al amanecer a no ser que pase algo malo.

Langdon dejo su cafe a medio hacer y corrio a su estudio para devolver la llamada. «Espero que este bien. » Peter Solomon habia sido un amigo, un mentor y, aunque solo tenia doce anos mas que Langdon, una suerte de figura paternal para este desde que se conocieron en la Universidad de Princeton. En su segundo ano, Langdon tuvo que atender una conferencia vespertina que daba el celebre joven historiador y filantropo. La pasion de Solomon era contagiosa, y su deslumbrante vision de la semiotica y la historia arquetipica desperto en Langdon lo que mas adelante pasaria a ser la pasion de este por los simbolos.

Sin embargo, no fue la brillantez de Peter Solomon, sino la humildad de sus delicados ojos grises lo que motivo que Langdon se atreviera a escribirle una carta de agradecimiento. El joven estudiante de segundo ano no contaba con que Peter Solomon, uno de los jovenes intelectuales mas ricos y fascinantes de Estados Unidos, le contestara. Pero lo hizo. Y ese fue el principio de una amistad verdaderamente gratificante. Peter Solomon, un prominente academico cuyas tranquilas maneras disimulaban su poderoso linaje, descendia de la increiblemente rica familia Solomon, cuyos nombres aparecian en edificios y universidades de toda la nacion.

Al igual que los Rothschild en Europa, en Norteamerica el apellido Solomon poseia la mistica de la realeza y del exito. Peter habia heredado el manto en su juventud, tras la muerte de su padre, y habia desempenado numerosos cargos de poder en la vida. Actualmente, con cincuenta y ocho anos, ejercia de secretario de la institucion Smithsonian. De vez en cuando, Langdon bromeaba con Peter diciendole que la unica mancha de su excelente pedigri era el diploma de una universidad de segunda como Yale. Ahora, mientras entraba en su estudio, a Langdon le sorprendio ver que tambien habia recibido un fax suyo.

Peter Solomon OFICINA DEL SECRETARIO DE LA INSTITUCION SMITHSONIAN Buenos dias, Robert: Necesito hablar contigo inmediatamente. Por favor, llamame cuanto antes al 202-329-5746. PETER Langdon marco el numero de inmediato y se sento frente a su escritorio de roble tallado a mano a esperar que le cogieran el telefono. -Oficina de Peter Solomon -contesto la familiar voz del asistente-. Soy Anthony. ?En que puedo ayudarlo? -Hola, soy Robert Langdon. Antes me ha dejado usted un mensaje… -? Si, profesor Langdon! -exclamo el joven, aliviado-. Gracias por devolverme tan rapidamente la llamada.

El senor Solomon desea hablar con usted. Dejeme avisarle de que esta usted al telefono. ?Puedo ponerlo un momento en espera? -Por supuesto. Mientras Langdon esperaba que Solomon se pusiera al telefono, le echo un vistazo al nombre de Peter en el membrete del fax de la Smithsonian y no pudo evitar sonreir. «No hay muchos gandules en el clan de los Solomon. » El arbol genealogico de Peter estaba repleto de nombres de ricos magnates de los negocios, influyentes politicos y una gran cantidad de distinguidos cientificos, algunos incluso miembros de la Royal Society de Londres.

El unico pariente vivo de Peter, su hermana Katherine, habia heredado el gen cientifico y ahora era una destacada figura en una nueva e innovadora disciplina llamada ciencia noetica. «Algo que a mi me suena a chino», penso Langdon al recordar la vez que Katherine intento explicarle, infructuosamente, en que consistia la ciencia noetica. Fue durante una fiesta celebrada hacia un ano en casa de su hermano. Langdon la estuvo escuchando atentamente y luego le contesto: «Parece mas magia que ciencia. » Katherine le guino juguetonamente un ojo. «Estan mas cerca de lo que piensas, Robert», repuso.

El asistente de Solomon se volvio a poner al telefono. -Lo siento, el senor Solomon esta en plena teleconferencia. Las cosas son un poco caoticas esta manana. -No pasa nada. Puedo volver a llamar mas tarde. -En realidad me ha pedido que sea yo quien le comente el motivo de nuestra llamada. Si a usted no le importa, claro esta. -Por supuesto que no. El asistente dio un profundo suspiro. -Como seguramente ya sabe, profesor, cada ano el consejo de la Smithsonian celebra aqui en Washington una gala privada como agradecimiento a nuestros generosos donantes. A ella asiste una gran parte de la elite cultural del pais.

Langdon sabia que en su cuenta corriente no habia ceros suficientes para ser considerado parte de la elite cultural, pero aun asi se pregunto si Solomon no tendria la intencion de invitarlo de todos modos. -Este ano, como es costumbre -prosiguio el asistente-, la cena estara precedida por un discurso de apertura. Hemos tenido la suerte de poder contar con el Salon Estatuario para la celebracion de ese discurso. «La mejor sala de todo Washington», penso Langdon, recordando una conferencia sobre politica que habia tenido lugar en el espectacular salon semicircular.

Era dificil de olvidar quinientas sillas plegables dispuestas en un arco perfecto, rodeadas por treinta y ocho estatuas de tamano natural, en una sala que antano habia alojado la original Camara de Representantes. -El problema es el siguiente -dijo el hombre-. Nuestra oradora se ha puesto enferma y nos acaba de informar de que no podra dar el discurso. El asistente hizo una incomoda pausa-. Esto significa que necesitamos desesperadamente que alguien la reemplace. Y al senor Solomon le gustaria que usted lo considerara. Langdon tardo un segundo en reaccionar. -? Yo? Eso no se lo esperaba para nada-. Estoy seguro de que Peter puede encontrar un sustituto mejor. -Es usted la primera eleccion del senor Solomon, profesor, no sea tan modesto. Los invitados de la institucion estaran encantados de escucharlo. El senor Solomon ha pensado que quiza podria usted pronunciar la misma conferencia que dio en el canal de television Bookspan hace unos anos. Asi no tendria que preparar nada. Me ha dicho que la charla versaba sobre el simbolismo arquitectonico de la capital de la nacion. Parece algo absolutamente perfecto, teniendo en cuenta el lugar en el que se celebra.

Langdon no estaba tan seguro. -Si no recuerdo mal, esa conferencia tenia mas que ver con la historia masonica del edificio que con… -? Exactamente! Como sabe, el senor Solomon es mason. Y tambien lo son muchos de los profesionales que asistiran a la gala. Estoy seguro de que les encantara oirlo hablar sobre ese tema. «He de reconocer que seria facil. » Langdon guardaba las notas de todas las charlas que habia dado. -Supongo que podria considerarlo… ?Cuando se celebra el evento? El asistente se aclaro la garganta, y con cierta incomodidad dijo: -Bueno…

El caso, senor, es que se celebra esta noche. Langdon dejo escapar una carcajada. -? Esta noche? -A eso se debe la agitacion de esta manana. La Smithsonian se encuentra en una situacion francamente dificil… -Ahora el asistente hablaba con mayor premura-. El senor Solomon le enviaria un avion privado a Boston. El vuelo solo dura una hora, y usted estaria de vuelta en casa antes de medianoche. ?Conoce la terminal de vuelos privados del aeropuerto Logan de Boston? -Si, la conozco -admitio Langdon a reganadientes. «No es de extranar que Peter siempre se salga con la suya. » -? Fantastico! Podria usted coger el vuelo a las, digamos… , cinco en punto? -No me deja usted muchas opciones, ? no? -dijo Langdon tras soltar una risa ahogada. -Solo quiero hacer feliz al senor Solomon, senor. «Peter tiene ese efecto en las personas. » Langdon lo considero un momento, pero no veia otra opcion. -Esta bien. Digale que puedo hacerlo. -? Extraordinario! -exclamo el asistente, profundamente aliviado. Luego le dio a Langdon el numero de matricula del avion y demas informacion basica. Cuando finalmente colgo, Langdon se pregunto si alguna vez alguien le habia dicho que no a Peter Solomon.

Al retomar la preparacion de su cafe, metio algunos granos mas en el molinillo. «Un poco de cafeina extra para esta manana -penso-. Hoy va a ser un dia muy largo. » Capitulo 4 El edificio del Capitolio se yergue regiamente en el extremo oriental del National Mall, sobre una meseta elevada que el disenador de la ciudad Pierre l’Enfant describio como «un pedestal a la espera de monumento». La gigantesca planta del edificio mide mas de doscientos treinta metros de ancho por ciento seis de profundidad. Ocupa mas de seis hectareas de tierra, y contiene la sorprendente cantidad de 541 habitaciones.

La arquitectura neoclasica esta meticulosamente disenada para rememorar la grandeza de la antigua Roma, cuyos ideales fueron la inspiracion para los fundadores de Norteamerica a la hora de establecer las leyes y la cultura de la nueva republica. El nuevo puesto de control para turistas esta situado en el interior del recientemente finalizado centro de visitantes subterraneo, bajo una esplendida claraboya de cristal que enmarca la cupula del Capitolio. El guardia de seguridad Alfonso Nunez, contratado hacia poco, estudio atentamente al hombre que se acercaba al punto de control.

Era un tipo con la cabeza afeitada que hacia rato que deambulaba por el vestibulo, finalizando una llamada telefonica antes de entrar al edificio. Llevaba el brazo izquierdo en cabestrillo y andaba con una ligera cojera. Vestia un maltrecho abrigo del ejercito, cosa que, junto con la cabeza afeitada, le hizo suponer a Nunez que se trataba de un militar. Los ex miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se encontraban entre los visitantes mas habituales de Washington. -Buenas tardes, senor -dijo Nunez siguiendo el protocolo de seguridad, segun el cual debia dirigirse verbalmente a cualquier visitante masculino que entrara solo. Hola -dijo el hombre, echando un vistazo alrededor. La entrada estaba practicamente desierta-. Una noche tranquila. -Es por las eliminatorias de la liga de futbol americano -contesto Nunez-. Esta noche todo el mundo esta viendo a los Redskins. -A Nunez tambien le hubiera gustado verlos, pero era su primer mes en ese trabajo y le habia tocado la pajita mas corta-. Deposite los objetos metalicos en la bandeja, por favor. Mientras el visitante vaciaba torpemente los bolsillos del abrigo con su unica mano habil, Nunez aprovecho para observarlo con atencion.

El instinto humano solia mostrar especial indulgencia con los heridos y los minusvalidos, pero Nunez habia sido entrenado para hacer caso omiso de ese instinto. Espero hasta que el visitante hubo extraido de sus bolsillos la habitual coleccion de monedas, llaves y un par de telefonos moviles. -? Un esguince? -pregunto Nunez con la vista puesta en la mano herida del visitante, que parecia estar envuelta en una serie de gruesas vendas elasticas. El hombre calvo asintio. -Resbale en el hielo hace una semana. Todavia me duele muchisimo. -Lo lamento. Pase, por favor.

Cojeando, el visitante paso por debajo del detector y la maquina emitio un pitido. El visitante fruncio el ceno. -Me lo temia. Bajo las vendas llevo un anillo. Tenia el dedo demasiado hinchado para poder sacarmelo, asi que los medicos me vendaron con el. -No hay problema -dijo Nunez-. Utilizare el detector manual. Nunez paso el detector de metales por la mano vendada del visitante. Tal y como esperaba, el unico metal que encontro fue una gran protuberancia en su herido dedo anular. Nunez estuvo un buen rato pasando el detector de metales por cada centimetro del cabestrillo y el dedo del visitante.

Sabia que seguramente su supervisor lo estaba monitorizando por el circuito cerrado del centro de seguridad del edificio, y Nunez necesitaba ese trabajo. «Siempre es mejor ser precavido. » Con cuidado, deslizo el detector manual por debajo del cabestrillo. El visitante hizo una mueca de dolor. -Lo siento. -No pasa nada -dijo el hombre-. Hoy en dia nunca se es suficientemente prudente. -Y que lo diga. A Nunez le gustaba ese tipo. Curiosamente, eso era algo que importaba mucho alli. El instinto humano era la primera linea de defensa contra el terrorismo en Norteamerica.

Estaba demostrado que la intuicion humana era un detector de peligro mas preciso que todos los artilugios electronicos del mundo: el «regalo del miedo», lo llamaba uno de sus libros de referencia sobre seguridad. En ese caso, los instintos de Nunez no advirtieron nada que le causara miedo alguno. Lo unico raro que habia visto, ahora que estaban tan cerca, era que ese tipo de aspecto tan duro parecia usar una especie de maquillaje bronceador o corrector en la cara. «Pero bueno. Todo el mundo odia estar palido en invierno. » -Todo en orden -dijo Nunez al completar la revision, y aparto el detector. Gracias -el hombre comenzo a recoger sus pertenencias de la bandeja. Mientras lo hacia, Nunez se dio cuenta de que los dos dedos que sobresalian del vendaje estaban tatuados; en la punta del dedo indice tenia la imagen de una corona, y en la del pulgar, una estrella. «Parece que hoy en dia todo el mundo va tatuado», penso, si bien a el la almohadilla de los dedos le parecia un lugar demasiado doloroso. -? Esos tatuajes no le dolieron? El hombre bajo la mirada hacia las puntas de sus dedos y se rio entre dientes. -Menos de lo que se imagina. -Que suerte -respondio Nunez-. El mio me dolio un monton.

Me hice una sirena en la espalda cuando estaba en el campamento militar. -? Una sirena? -El hombre calvo se rio entre dientes. -Si -dijo Nunez, algo avergonzado-. Un error de juventud. -Se a lo que se refiere -repuso el hombre calvo-. Yo tambien cometi un gran error en mi juventud. Ahora me despierto cada manana con el. Ambos se rieron mientras el visitante se alejaba. «Un juego de ninos», penso Mal’akh mientras se distanciaba de Nunez en direccion a la escalera mecanica que lo llevaria al edificio del Capitolio. Entrar habia sido todavia mas facil de lo que habia previsto.

La postura encorvada y la barriga acolchada habian ocultado su autentica constitucion, y el maquillaje de cara y manos, los tatuajes que cubrian su cuerpo. La verdadera genialidad, sin embargo, habia sido el cabestrillo, que camuflaba el poderoso objeto que acababa de introducir en el edificio. «Un regalo para el unico hombre en la Tierra que me puede ayudar a obtener lo que busco. » Capitulo 5 El museo mas grande y tecnologicamente avanzado del mundo es tambien uno de sus secretos mejor guardados. Alberga mas obras que el Hermitage, los Museos Vaticanos y el Metropolitano de Nueva York… untos. Y a pesar de esa esplendida coleccion, poca gente es invitada a cruzar sus extremadamente vigilados muros. Situado en el 4210 de Silver Hill Road, justo en las afueras de Washington, el museo es un gigantesco edificio con forma de zigzag que consta de cinco naves interconectadas, cada una de las cuales es mas grande que un campo de futbol. El exterior azul metalico apenas insinua su extrano interior: un mundo alienigena que contiene una «zona muerta», una «nave humeda», y mas de ciento ochenta mil metros cuadrados de armarios de almacenaje.

Esa noche, la cientifica Katherine Solomon no podia evitar sentir una gran inquietud mientras conducia su Volvo blanco hacia la puerta principal del edificio. El guardia sonrio. -? No le gusta el futbol americano, senora Solomon? -Bajo el volumen del programa de television previo a la eliminatoria de los Redskins. Katherine forzo una tensa sonrisa. -Es domingo por la noche. -Oh, es cierto. Su reunion. -? Ha llegado ya? -pregunto con ansiedad. El guardia echo un vistazo a sus papeles. -No veo su nombre en el registro. Llego temprano -dijo ella y, tras hacerle un amistoso gesto con la mano, Katherine siguio avanzando por el serpenteante camino de acceso hasta llegar al lugar en el que solia aparcar, al fondo del pequeno parking de dos niveles. Empezo a recoger sus cosas y, mas por costumbre que por vanidad, se echo un rapido vistazo en el espejo retrovisor. Katherine Solomon habia sido bendecida con la piel mediterranea de sus antepasados, e incluso con cincuenta anos seguia teniendo una suave tez aceitunada. Apenas se ponia maquillaje, y solia llevar su espesa cabellera negra suelta y natural.

Al igual que su hermano mayor, Peter, tenia los ojos grises y una elegancia esbelta y patricia. «Podriais ser gemelos», solia decirles la gente. Su padre habia sucumbido a un cancer cuando Katherine apenas tenia siete anos, y ella casi no lo recordaba. Su hermano, ocho anos mayor, y que contaba con quince cuando el padre de ambos murio, se vio obligado a comenzar el viaje para convertirse en el patriarca Solomon mucho antes de lo que nadie hubiera esperado. Aun asi, Peter asumio el papel con la dignidad y la fortaleza correspondientes al nombre de su familia.

Y todavia hoy protegia a Katherine como cuando eran ninos. A pesar de la ocasional insistencia de su hermano, y de haber tenido no pocos pretendientes, Katherine nunca se habia casado. La ciencia se habia convertido en su pareja, y finalmente su trabajo habia demostrado ser mas satisfactorio y excitante de lo que ningun hombre podria haber llegado a ser. No se arrepentia de nada. El campo que habia escogido -la ciencia noetica- era practicamente desconocido la primera vez que oyo hablar de el, pero en los ultimos anos habia comenzado a abrir nuevas puertas para comprender el poder de la mente humana. El potencial todavia sin explorar es verdaderamente sorprendente. » Los dos libros de Katherine sobre ciencia noetica la habian situado como la principal figura de ese oscuro campo. Sus mas recientes descubrimientos, cuando se publicaran, prometian convertir la materia en un tema de conversacion corriente en todo el mundo. Esa noche, sin embargo, la ciencia era la ultima cosa que tenia en la cabeza. Unas horas antes habia recibido una noticia verdaderamente inquietante en relacion con su hermano. «Todavia no me puedo creer que sea verdad. » No habia podido pensar en otra cosa en toda la tarde.

El leve golpeteo de la suave lluvia sobre el parabrisas hizo que Katherine volviera en si, y se apresuro a recoger todas sus cosas para entrar de una vez en el edificio. Estaba a punto de salir del coche cuando sono su telefono movil. Katherine miro el numero que la llamaba y dejo escapar un profundo suspiro. Luego se coloco el pelo por detras de las orejas y acepto la llamada. A diez kilometros de alli, Mal’akh deambulaba por los pasillos del edificio del Capitolio con un telefono movil en la oreja. Espero pacientemente a que descolgaran. Finalmente una voz de mujer contesto. -? Si? -Tenemos que volver a vernos -dijo Mal’akh.

Hubo una larga pausa. -? Va todo bien? -Tengo nueva informacion -anadio el. -Digame. Mal’akh respiro profundamente. -Lo que su hermano cree que esta escondido en Washington… -? Si? -Puede ser encontrado. Katherine se quedo anonadada. -? Me esta diciendo que es… real? Mal’akh sonrio para sus adentros. -A veces una leyenda que perdura durante siglos… lo hace por una razon. Capitulo 6 -? Esto es lo mas cerca que puede aparcar? -Robert Langdon sintio una repentina oleada de ansiedad mientras su chofer estacionaba el coche en First Street, a casi medio kilometro del edificio del Capitolio. Me temo que si -dijo el chofer-. Seguridad nacional. Los vehiculos ya no pueden acercarse a los edificios emblematicos. Lo siento, senor. Langdon miro la hora y dio un respingo al ver que ya eran las 18. 50. Una zona de obras alrededor del National Mall los habia ralentizado, y ahora solo quedaban diez minutos para el inicio de la conferencia. -Esta a punto de llover -dijo el chofer mientras salia del coche para abrirle la puerta a Langdon-. Sera mejor que se de prisa. -Langdon busco su cartera para darle una propina al chofer, pero el hombre la declino haciendo un gesto con la mano-.

Su anfitrion ya ha anadido una propina muy generosa a mis honorarios. «Tipico de Peter», penso Langdon mientras recogia sus cosas. -Muy bien, gracias por la carrera. Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer en cuanto Langdon llego a lo alto de la explanada que descendia suavemente hasta la nueva entrada «subterranea» para visitantes. El centro de visitantes del Capitolio habia sido un proyecto costoso y controvertido. Descrito como una ciudad subterranea que no se alejaba demasiado de ciertas partes de Disneylandia, ese espacio subterraneo ontaba con mas de ciento cincuenta mil metros cuadrados llenos de exposiciones, restaurantes y auditorios. Langdon tenia ganas de verlo, si bien no esperaba una caminata tan larga Se pondria a llover en cualquier momento, asi que finalmente echo a correr, a pesar de que sus mocasines apenas ofrecian traccion sobre el cemento mojado. «? Me he vestido para una conferencia, no para una carrera de cuatrocientos metros en pendiente y bajo la lluvia! » Llego a la entrada sin aliento y jadeante. Tras pasar por la puerta giratoria, Langdon se detuvo un momento en el vestibulo para recobrar el aliento y secarse un poco.

Mientras lo hacia, levanto la mirada para ver el recien finalizado espacio que tenia ante si. «Vaya, reconozco que estoy impresionado. » El centro de visitantes del Capitolio no era para nada lo que habia esperado. Como se encontraba bajo tierra, a Langdon le provocaba cierta aprension la idea de pasar por el. De nino habia tenido un accidente que le habia dejado toda una noche en el fondo de un profundo pozo, y ahora sentia una casi incapacitante aversion a los espacios cerrados. Sin embargo, ese espacio subterraneo era… espacioso. «Es luminoso.

Y esta bien ventilado. » El techo era una vasta extension de cristal, con una serie de luces teatralmente dispuestas que emitian su apagado resplandor por todos los nacarados acabados del interior. En circunstancias normales, Langdon se habria tomado una buena hora para admirar la arquitectura, pero apenas quedaban cinco minutos para el inicio de la conferencia, asi que bajo la mirada y recorrio a toda prisa el vestibulo principal en direccion al puesto de control y la escalera mecanica. «Relajate -se dijo-. Peter sabe que estas de camino. El evento no comenzara sin ti. En el puesto de control, un joven guardia hispano charlo con el mientras vaciaba sus bolsillos y se quitaba su antiguo reloj. -? Mickey Mouse? -dijo el guardia en un tono ligeramente burlon. Langdon asintio, acostumbrado a los comentarios sobre su reloj de Mickey Mouse. Esa edicion de coleccionista habia sido un regalo de sus padres por su noveno cumpleanos. -Lo llevo como recordatorio de que hay que relajarse y no tomarse la vida tan en serio. -Pues creo que no funciona -dijo el guardia con una sonrisa-. Parece tener usted mucha prisa. Langdon sonrio y dejo su bolsa en la maquina de rayos X. -?

Por donde se va al Salon Estatuario? El guardia le senalo la escalera mecanica. -Ya vera los letreros. -Gracias. -Langdon recogio su bolsa de la cinta transportadora y se dirigio hacia alli a toda prisa. Mientras subia por la escalera mecanica respiro profundamente e intento poner en orden sus pensamientos. A traves del cristal, echo un vistazo a la montanosa forma de la iluminada cupula del Capitolio, que quedaba justo encima de el. Era un edificio verdaderamente asombroso. En lo alto, a casi cien metros de altura, la estatua de la Libertad escudrinaba la neblinosa oscuridad cual fantasmal centinela.

A Langdon siempre le habia parecido ironico que los trabajadores que habian transportado hasta su pedestal cada una de las piezas de la estatua de bronce de seis metros de altura fueran esclavos (un secreto del Capitolio que rara vez incluian los programas de historia de ensenanza secundaria). De hecho, todo el edificio era un tesoro oculto repleto de extranos misterios, entre los cuales se encontraba una «banera asesina» responsable del neumonico asesinato del vicepresidente Henry Wilson, una escalera con una mancha de sangre permanente sobre la cual una exorbitante antidad de visitantes parecia tropezar, o una camara subterranea secreta en la que en 1930 unos trabajadores descubrieron el caballo disecado del general John Alexander Logan. La leyenda mas perdurable, sin embargo, era la de los trece fantasmas que pululaban por el edificio. Con frecuencia, se decia que el espiritu del disenador Pierre l’Enfant deambulaba por los salones en busca de alguien que le pagara la factura, vencida hacia ya doscientos anos. Tambien solia verse el fantasma de un trabajador que se habia caido de la cupula del Capitolio durante su construccion vagando por los pasillos y cargando herramientas.

Y, claro esta, la aparicion mas famosa de todas, avistada en numerosas ocasiones en el sotano del Capitolio: un efimero gato negro que merodeaba por la laberintica e inquietante subestructura de estrechos pasillos y cubiculos. Langdon bajo de la escalera mecanica y volvio a mirar la hora. «Tres minutos. » Recorrio a toda prisa el pasillo, siguiendo los letreros que le indicaban la direccion del Salon Estatuario, y repasando mentalmente los comentarios iniciales de su charla.

Langdon tenia que admitir que el asistente de Peter estaba en lo cierto: el tema de la conferencia era ideal para un evento que organizaba en Washington un prominente mason. No era ningun secreto que Washington poseia una rica historia masonica. La piedra angular de ese mismo edificio habia sido colocada en un ritual masonico por George Washington en persona. De hecho, la ciudad habia sido concebida y disenada por maestros masones -George Washington, Ben Franklin y Pierre l’Enfant-, mentes poderosas que adornaron su nueva capital con simbolismo, arquitectura y arte masonicos. Como no podia ser de otro modo, la gente ve en esos simbolos todo tipo de majaderias. » Muchos teoricos de las conspiraciones aseguraban que los padres fundadores masones habian escondido poderosos secretos por todo Washington junto con simbolicos mensajes ocultos en el trazado de sus calles. Langdon no les prestaba la menor atencion. La desinformacion sobre los masones era tan corriente que incluso muchos cultos estudiantes de Harvard parecian tener una concepcion sorprendentemente deformada sobre la hermandad. El ano anterior, un estudiante de primer ano llego a clase muy alterado con una hoja que habia sacado de Internet.

Era un mapa de Washington en el que habian destacado ciertas calles para elaborar asi diversas formas -pentaculos satanicos, un compas y una escuadra masonicos, la cabeza de Baphomet-, hecho que al parecer demostraba que los masones que habian disenado Washington estaban involucrados en una especie de oscura conspiracion mistica. -Divertido -dijo Langdon-, pero no demasiado convincente. Si uno se pone a dibujar suficientes lineas e intersecciones en un mapa, lo mas probable es que termine encontrando formas de todo tipo. -? Pero esto no puede ser una coincidencia! -exclamo el joven.

Con paciencia, Langdon le demostro al estudiante que las mismas formas se podian encontrar en un mapa de Detroit. El chico parecio quedar profundamente decepcionado. -No se desaliente -dijo Langdon-. En Washington se esconden muchos secretos increibles… , pero ninguno en su mapa. El joven se animo. -? Secretos? ?Como cuales? -Todas las primaveras doy un curso llamado Simbolos Ocultistas. En el hablo mucho de Washington. Deberia apuntarse. -? Simbolos ocultistas! -El estudiante de primer ano parecio entusiasmado de nuevo-. ?Entonces, en Washington si hay simbolos diabolicos! Langdon sonrio. Lo siento, pero por mucho que evoque imagenes de cultos satanicos, la palabra «ocultista» en realidad significa «oculto» u «oscurecido». En tiempos de opresion religiosa, el saber contradoctrinal se tenia que mantener escondido u «oculto», y como la Iglesia se sentia amenazada, redefinio «oculto» como algo maligno, un prejuicio que ha sobrevivido hasta nuestros dias. -Oh -el animo del muchacho se volvio a desplomar. A pesar de ello, esa primavera Langdon diviso a ese mismo joven en primera fila, mientras quinientos estudiantes se afanaban por entrar en el teatro Sanders de Harvard, un viejo auditorio de crujientes bancos de madera. Buenos dias a todo el mundo -exclamo Langdon desde el amplio escenario. Encendio el proyector de diapositivas y una imagen se materializo detras de el-. Mientras se acomodan, ? podrian decirme cuantos de ustedes reconocen el edificio que aparece en esta fotografia? -? El Capitolio de Estados Unidos! -prorrumpieron docenas de voces al unisono-. ?En Washington! -Si. En esa cupula hay cuatro mil toneladas de hierro. Una hazana sin precedentes del ingenio arquitectonico de la decada de 1850. -? Flipante! -solto alguien. Langdon puso los ojos en blanco. Desearia que alguien censurara esa palabra. -Muy bien, ? uantos de ustedes han visitado Washington alguna vez? Se alzaron unas cuantas manos. -? Tan pocos? -Langdon fingio sorpresa-. ?Y cuantos han ido a Roma, Paris, Madrid o Londres? Se alzaron casi todas las manos. «Lo de siempre. » Uno de los ritos de paso de los estudiantes universitarios norteamericanos era pasar un verano con un billete de tren Eurorail antes de tener que enfrentarse a la dura realidad de la vida. -Parece que muchos mas de ustedes han preferido visitar Europa antes que su propia capital. ?A que creen que se debe eso? -? En Europa no hay edad minima para beber alcohol! -exclamo alguien al fondo.

Langdon sonrio. -Como si aqui la edad minima les impidiera beber… Todos rieron. Era el primer dia de clase y a los estudiantes les costaba mas de lo habitual acomodarse. No dejaban de moverse en sus crujientes bancos de madera. A Langdon le encantaba dar clase en ese auditorio porque solo con el ruido de los bancos podia averiguar el grado de concentracion de sus alumnos. -En serio -dijo-, la arquitectura, el arte y el simbolismo de Washington son de los mas destacables del mundo. -Las cosas antiguas molan mas -dijo alguien. -Y por «cosas antiguas» -quiso aclarar Langdon-, supongo que se refiere a castillos, criptas, emplos y todo eso, ? no? Sus cabezas asintieron al unisono. -Muy bien. ?Y si les digo que en Washington hay ejemplos de todas esas cosas? Castillos, criptas, piramides, templos… , de todo. El crujido disminuyo. -Amigos mios -dijo Langdon, bajando el tono de voz y acercandose al frente del escenario-, en la proxima hora descubriran que nuestra nacion esta repleta de secretos e historia oculta. Y exactamente igual que en Europa, los mejores secretos estan escondidos a la vista de todo el mundo. Los bancos de madera quedaron en completo silencio. «Los tengo en el bote. Langdon bajo la luz y proyecto la segunda diapositiva. -? Quien puede decirme que esta haciendo George Washington aqui? La diapositiva era el famoso mural en el que George Washington aparecia ataviado con la tipica vestimenta masonica, de pie delante de un extrano artilugio: un enorme tripode de madera con un sistema de cuerda y polea del que colgaba un enorme bloque de piedra. Un grupo de elegantes espectadores permanecia de pie ante el. -? Levantando ese bloque de piedra? -aventuro alguien. Langdon no dijo nada, preferia que fuera otro estudiante quien lo corrigiera. En realidad -intervino otro-, creo que lo que esta haciendo Washington es bajar la piedra. Lleva un traje masonico. He visto fotografias de masones colocando piedras angulares con anterioridad. En la ceremonia siempre se utiliza un tripode como ese para bajar la primera piedra. -Excelente -dijo Langdon-. El mural retrata al Padre de Nuestro Pais utilizando tripode y polea para colocar la piedra angular del Capitolio el 18 de septiembre de 1793, entre las once y cuarto y las doce y media. -Langdon hizo una pausa y repaso la clase con la vista-. ?Puede alguien decirme el significado de la fecha y la hora? Silencio. -?

Y si les digo que ese preciso momento fue escogido por tres famosos masones: George Washington, Benjamin Franklin y Pierre 1’Enfant, el principal arquitecto de Washington? Mas silencio. -Basicamente, la piedra angular fue colocada en esa fecha y a esa hora porque, entre otras cosas, el auspicioso Caput Draconis estaba en Virgo. Todo el mundo intercambio miradas de extraneza. -Un momento -dijo alguien-. ?Se refiere a que la razon es la… astrologia? -Exactamente. Aunque una astrologia muy distinta de la que conocemos hoy en dia. Se alzo una mano. -? Esta diciendo que nuestros padres fundadores creian en la astrologia?

Langdon sonrio. -Y tanto. ?Que dirian si les dijera que la ciudad de Washington contiene mas signos astrologicos en su arquitectura (zodiacos, mapas celestes, piedras angulares colocadas en una fecha y una hora astrologicamente precisas) que ninguna otra ciudad del mundo? Mas de la mitad de los padres de nuestra Constitucion eran masones, hombres que creian firmemente que las estrellas y el destino estaban entrelazados, hombres que prestaron gran atencion al trazado de las estrellas a la hora de estructurar su nuevo mundo. -Pero todo eso de la piedra angular del Capitolio colocada mientras Caput Draconis estaba en Virgo… ? que mas da? ?No puede tratarse de una mera coincidencia? -Una coincidencia impresionante si tenemos en cuenta que las piedras angulares de las tres estructuras que componen el Triangulo Federal (el Capitolio, la Casa Blanca y el Monumento a Washington) fueron colocadas en distintos anos pero cuidadosamente programadas para que tuvieran lugar exactamente en esa misma condicion astrologica. La mirada de Langdon se encontro con una sala llena de ojos abiertos. Unos cuantos estudiantes agacharon la cabeza y empezaron a tomar notas. Al fondo de la clase se alzo una mano. -? Por que hicieron eso? Langdon se rio entre dientes. La respuesta a eso equivale al material de un semestre entero. Si esta usted interesado, deberia hacer mi curso de misticismo. De todos modos, no creo que esten ustedes emocionalmente preparados para oir la respuesta. -? Como? -exclamo esa misma persona-. Haga la prueba. Langdon se encogio de hombros. -Quiza deberian unirse a los masones o a la Estrella de Oriente y aprender al respecto directamente de la fuente. -No podemos -afirmo un joven-. ?Los masones son una sociedad supersecreta! -? Supersecreta? ?De verdad? -Langdon recordo el enorme anillo masonico que su amigo Peter Solomon llevaba con gran orgullo en la mano derecha-.

Entonces, ? por que los masones llevan anillos, alfileres de corbata o insignias masonicas a la vista? ?Por que los edificios masonicos estan senalizados? ?Por que sus encuentros se anuncian en los periodicos? -Langdon sonrio a sus alumnos, que lo miraban con caras de desconcierto-. Amigos mios, la masoneria no es una sociedad secreta… , es una sociedad con secretos. -Es lo mismo -murmuro alguien. -? Ah, si? -lo desafio Langdon-. ?Consideraria la Coca-Cola una sociedad secreta? -Claro que no -dijo el estudiante. -Muy bien, y si llamara a la puerta de sus oficinas centrales y les pidiera la formula, ? que pasaria? Que no me la dirian. -Exactamente. Para conocer el secreto mas profundo de la Coca-Cola deberia unirse a la compania, trabajar durante muchos anos, demostrar que es digno de confianza, y finalmente acceder a los mas altos escalones de la jerarquia. Quiza entonces compartirian con usted esa informacion. Pero para ello deberia jurar mantener el secreto. -? Esta diciendo que la francmasoneria es como una empresa? -Solo en la medida en que mantienen una estricta jerarquia y se toman los secretos muy en serio. -Mi tio es mason -intervino una joven-, Y mi tia lo odia porque ni siquiera con ella comenta nada.

Dice, mi tia, que la masoneria es una especie de religion extrana. -Un equivoco muy comun. -? No es una religion? -Hagamos el test de Litmus -dijo Langdon-, ? Quien de los presentes esta haciendo el curso de religion comparada que imparte el profesor Witherspoon? Varias manos se alzaron. -Muy bien. ?Cuales son, pues, los tres requisitos indispensables para considerar que una ideologia es una religion? -PCC -contesto una mujer-. Prometer, Creer, Convertir. -Correcto -dijo Langdon-, Las religiones prometen la salvacion; las religiones creen en una teologia precisa, y las religiones convierten a los no creyentes. Hizo una pausa-. La masoneria, sin embargo, da negativo en los tres casos. Los masones no prometen ninguna salvacion; no tienen una teologia especifica, y no quieren convertirte. De hecho, dentro de las logias masonicas, las discusiones sobre r