Ellas

Ellas gy Ambar-Mayo cbenpanR 10, 2016 4 pagos Ellas. Nunca debiste acercarte a este lugar. Este lugar es de ellas. Y cuando ellas te atrapan, ya no hay salida. Mysteria. Nadie sabe nada de ella. Nadie la ha visto reir jamás. Se sienta día tras día en el mismo pupitre. Auriculares camuflados entre el pelo. Nadie sabe que escucha. Le llaman Mysteria. Y ella busca cómo llamarse a sí misma. Lena. Otra lágrima cae. Plica Resuena sobre sus m Ya no sabe quién es. Ya no sabe por qué I plic. pli Hace Frio. ora to View nut*ge os

Ya no sabe dónde acaban sus lágrimas y dónde empieza la nieve. Cada vez hace más frio. Y ella deja que su corazón se vuelva cristal. Y ella deja de luchar. Permanece allí mucho tiempo. Y, llegado el momento, también las lágrimas dejan de caer. Arabella. Medias hasta la rodilla. Sonrisa amable. Te el café. pelo. Le sonrie al Sol, sin razón. Nunca ha necesitado razones. Ella es la misma definición de libertad. Le cae una gota de agua en la nariz. Y llora. Son razón. Nunca las ha necesitado. Y se aplica en ambos sentidos.

Las razones nunca la necesitan. Ocurren, de repente.

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Una ráfaga de viento. Y ella echa a correr. Sin razón. Sin nadie que la juzgue. Sin nadie que la busque. Libre. Ella es una chica gris. Camina con la cabeza gacha. Habla en voz baja. Nunca se enfada. Apenas reacciona. Solía ser cazadora. Solía ser fuerte. Solía ser pantera. Hace tiempo que Iris perdió su arco. Hace tiempo que dejó de sonre(r. Y lo que solía ser, ya no es. Reed. “Esta es la carretera a la ruina, y empezamos al final”. La música resuena en sus oídos. El autobús para.

Ella no baja. Siguiente parada. “Adiós” parece ser la palabra más difícil. Con lágrimas en los ojos, cogió firmemente el boligrafo y escribió aquellas palabras que tanto le dolían. Aquellas palabras que acabarían con toda aquella agridulce relación que había mantenido. Lo siento. No puedo hablar contigo. No intentes hablarme. No cuentes nada de todo lo que hablamos si he significado algo para ti. Sé feliz. P. D: Te quiero. No permitió que las lágrimas fluyeran. Mantuvo la tormenta dentro. Destrozando todo a su paso. Consumiéndose a sí misma.

Ella. Ella fue la que te hizo comprender por qué las tormentas tienen nombres de personas. Elle. Ella dejaba que decidieran su vida. Dividida entre hacer felices a los demás o ser feliz ella. Ella era como un crayón de color en una caja de ápices de grafito. Ella hablaba más alto, reía más fuerte, miraba más profundo. Cometía más errores. ¿Y qué? En un mundo donde todos eren cuadrados, ella era una estrella. Pero ella cambiaba pequeños detalles. Pequeños detalles que le permitían ser ella. Alaska. Subió a lo alto del tejado.

Respiró las luces de la ciudad. Escuchó el abismo. Sonrió. Gritó. 3Lvf4 infinita. Sarah. Ella te miraba desde lejos. Ella tenía miedo de acercarse a ti. Ella no tenia miedo al rechazo. Ella tenía miedo de que la amaras también. Porque eso supondría tener esperanza. Y la esperanza siempre duele más. Juneau. Ella pensaba en páginas, Amaba en capítulos, Soñaba en libros, Y sangraba en tinta. Ella es como la luz del sol. Bonita y brillante. Y se te escapa entre los dedos. Tengo algunas cosas que aclarar. Allá voy. No soy un pájaro.

No soy la luz que se cuela por tu ventana los domingos por la mañana, cuando “deberías” estar en misa. No soy una santa, y nunca he dicho lo contrario. No soy una buena persona. Las buenas personas… ¿Existen de esas ya? No lo sé. Pero yo no soy una. No soy un verso bonito. No soy un verso, punto. El alfabeto no me llega. A ti tampoco. No soy eterna. No soy Inamovible. No soy sabia. A veces me olvido de ello. No soy un laberinto que puedas explorar. No soy una cuerda de guitarra rota que puedas reponer una vez te recuperes del susto. No soy lo que como.

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