Autoconciencia

Autoconciencia gy Nicolas-GucIman OcopaTlR 10, 2015 16 pagos l. Autoconciencia personal y descubrimiento de la verdad El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante [… ] después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwltz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios (Víctor E.

Frankl, El hombre en busca de sentido). 1 . Conocimiento de la realidad y antropología Los distintos reduccionismos sean estos planteamientos conductistas,l estructuralistas,2 sociobiológicos,3 etc. 4 degradan al individuo humano al nivel del animal o incluso de la máquina5 to nex: page cfrando la diferencia PACE 1 16 animales a un conjun de En efecto, luego del « inado metamorfoseado a del cuerpo», la cual t mas especies cuantitativos. . in do con Platón y revino la «venganza a los materialismos del siglo XIX.

Si bien vuelve a tomarse en consideración el concepto de mente reconociendo la existencia de aquello que otrora designaban los términos alma o espíritu,6 la cuestión ebatida pasa a

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ser sobre el quid sit, es decir aquella que intenta precisar SI la mente es algo distinto del cerebro. Lo que aqui está en juego no es simplemente una cuestión dialéctica (mente- cerebro), sino que en verdad se está poniendo en cuestión que el hombre sea algo más que mero objeto.

Si el hombre es más que algo fisico (máquina) o biológico (organismo) habrá que dar razón de ese más, sea como se le llame (mente, pslque, espíritu, conciencia, self, etc). Lo curioso es que comienza a escucharse un modo de hablar -también entre materialistas- que reconoce la existencia de propiedades nuevas e irreductibles a la física, a química o la biología. 7 El cerebro parece no poder explicar a la mente.

Aunque haya quienes -como Lam Entralgo- afirmen la identidad de la mente-cerebro, creyendo incluso con ello, ser fieles a su fe en el Dios creador,8 y se empecinan en rechazar toda distinción real entre el alma y el cuerpo -incluso la de Tomás- por conslderarla dualista. Como no puede ser de otro modo, la teología se interesa en el debate «mente-cerebro» adoptando una posición, tanto frente a las antropologías materialistas como a las dualistas, puesto que cree que el hombre es un sujeto de derechos inviolables; s el «tu» de Dios, creado a su imagen y amado por Él como fin, no como medio.

Es un ser que por su libertad está exento de determinismos y ha de comportarse como sujeto -no objeto- capaz de respuesta libre: responsable, quien además posee una vocaclón y destino que sobrepasan la muerte y se concretan con la Resurrección. Pues bien, esto último confirma dos cosas: a) el valor del cuerpo (es inadmisible una lectura dualista); b) que el hombre es el ser anclado en la memoria divina. P 2 OF cuerpo (es inadmisible una lectura dualista); b) que el hombre es el ser anclado en la memoria divina.

Por todo ello, la fe cristiana no puede aceptar las propuestas reduccionistas (teoría de la identidad psiconeural;9 materialismo eliminativo; 10 programas de la inteligencia artificial (IA) fuerte y la robótical 1) que parten de un reduccionismo ontológico que identifica la mente con el cerebro y, a fortiori, a éste con la máquina. 12 Pero tampoco acepta la propuesta dualista aunque las razones de fondo por las cuales se propongan sean humanísticas. 3 Puesto que si bien se afirma la existencia de la mente, 14 la cual es una entidad dinámica-reIacional,15 encarnada16 sin embargo es presentada or los distintos dualismos como independiente en relación para con el cuerpo, 17 haciendo recaer en suma el «pondus» del «yo» en la mente. Ella «es el ejecutante cuyo instrumento es el cerebro», «actúa, sufre, evoca el pasado y planea y programa el futuro, espera y dispone» y además es quien «toca el cerebro del mismo modo que un pianista toca el piano». 8 Como vemos el hombre del dualismo se acerca considerablemente al robot- humano del fisicalismo, ya que la res extensa (el cuerpo/el hardware) es un mecanismo gobernado por la res cogitans (la mente/el software). En suma, el hombre es cuerpo pero no es sólo cuerpo es también «alma». Pues bien, lo que se quiere significar con esta «idea» es insustituible para la teología. 19 Con ella, se expresan y tutelan una serie de mínimos antropológicos innegoci teología. 9 Con ella, se expresan y tutelan una serie de mínimos antropológicos innegociables para la fe cristiana. Tales mínimos son fundamentalmente dos: la irreductible singularidad del ser humano (el hombre vale más que cualquier otra realidad mundana) y su apertura constitutiva a Dios. 20 En los cuales a su vez se incluyen las notas de libertad, personalidad, validez bsoluta de cada hombre, y la capacidad de trascender el mundo y el tiempo, propias de su condición encarnada.

De modo que quien quiera declararse personalista no podrá pasar por alto la significación del concepto alma, ya que con esta idea se involucran principios y valores no meramente teóricos, sino incidentes en la esfera social y política. En efecto, si como hacen las antropologías fisicalistas o biologistas —que reducen toda la realidad a lo material predecible-, se comienza negando la libertad del hombre, ¿cómo podré seguir hablándose de libertades sociales?.

En definitiva, si quiere defenderse el alor singular del hombre «no puede eludirse el plano de lo ontológico por ello] habrá que esclarecer el problema del alma, entendiendo por tal, el problema de la constitución ontológica del ser humano». 21 Si ha de afirmarse que el hombre vale más (cualitativamente hablando) que cualquier otra realidad mundana, es porque dicha afirmación se apoya en un plus de ser. Concluyendo, que el hombre es uno, es para la antropología cristiana un dato vinculante,22 pero esto no significa que ha de afirmarse sin más el monismo. 0F cristiana un dato vinculante,22 pero esto no significa que ha de afirmarse sin más el monismo. Dicho de otro modo el ser humano no es sólo materia, ni sólo espíritu. Es carne animada y espíritu encarnado. Es evidente que esta mentalidad positivista ha ido ganando terreno en el ámbito de la investigación científica. 23 Dicha visión olvida y desprestigia cualquier relación para con la metafísica y la moral ateniéndose tan sólo al mundo fenoménico. Sin embargo, es necesario afirmarlo, física y meta-física no pueden divorciarse tan fácilmente.

En efecto, la «visión de la realidad» que maneja la ciencia es algo previo e indeducible de los resultados de la inquisición científica. Disputas científicas en el pasado y en el presente no se han resuelto, ni se resuelven con argumentos estrictamente físicos (a posteriori), sino que intervienen en buena dosis, argumentos metafísicos y mistico-religiosos (a priori). De modo que la racionalidad científica no es tan «ocluida», sino que tiene fisuras por donde se cuelan otros «usos» de la razón tales como la filosófica24 e incluso la teológica. 5 Es sabido que el propio Kant, para quien no es posible una metafísica como ciencia,26 puesto que las metafísicas resbalan sobre la realidad sin alcanzarla,27 reconoce que hay problemas ue atormentan a la razón, y que ésta no puede evitar porque se los plantea su propia naturaleza. Ahora bien, dichos problemas no pueden ser resueltos porque superan la capacidad de la razón humana. 28 De modo que si bien Kant cor s OF pueden ser resueltos porque superan la capacidad de la razón humana. 8 De modo que si bien Kant corrobora el determinismo de la física de Newton, por otra parte, presenta a la metafísica como «un saber del que no podemos prescindir en absoluto». 29 Wittgenstein también conocerá esta ambivalencia. Por un lado nos dice que «la mayor parte de las proposiciones e interrogantes ue se han escrito sobre cuestiones filosóficas no son falsas, sino absurdas»,30 pero, por otra parte confesará que «sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo». 1 En suma, el filósofo austriaco parece declarar que la ciencia, en su totalidad, no «roza» la vida. Y, por ello, la pregunta metafislca es invocacón: «Orar es pensar en el sentido de la vida». 32 Dicho de otro modo, encontramos al menos sugerido —en Wittgenstein que hay «funciones» no ientíficas del lenguaje que son sumamente importantes para nuestra vida. Este pensador comprendía que más allá del mundo de los hechos, hab[a «algo» que al estar «fuera del espacio y el tiempo» dejaba al hombre en silencio. 33 «Lo inexpresable, ciertamente existe.

Se muestra en lo mistico». 34 Pero, sobre lo que no se puede hablar, es preciso callar. 35 Pero incluso, más adelante, el propio filósofo vienés sustituirá la teoría del lenguaje entendido como representación proyectiva de los hechos, por el modelo de los juegos de la lengua. 36 De este modo quedaba rot 6 OF royectiva de los hechos, por el modelo de los juegos de la lengua. 36 De este modo quedaba rota la aspiración de un lenguaje ideal, y se desvanecen las manías reductivistas. Wittgenstein afirma ahora que no hay propiamente un uso fijo y específico para las palabras. 7 Es decir, pueden nacer nuevos juegos de la lengua, mientras otros pueden incluso caer en el olvido. 38 Lo importante de todo esto, es que el lenguaje, deja de considerarse como una variable independiente de toda posible cultura. Ahora queda claro que él pertenece a la cultura humana. 39 Estamos lejos del angosto criterio de verificación. De modo que, ciertos lenguajes (entre los que se encuentra el religioso) los cuales no pueden ser medidos desde la lógica proposlclonal -verdadero o falso— constituyen fecundos ámbitos de investigación.

Lamentablemente, la mentalidad cientificista, en su pretensión exclusivista desoyó al mismo Wittgenstein y procedió a la «voladura» de la realidad, dejando tan sólo lo mensurable. Su credo reza: sólo hay superficie, es decir, la realidad objetiva de la física. Este postulado metodológico inhabilita a la racionalidad cientifica a alcanzar una visión coherente de «toda» la realidad. 40 De allí que voces autorizadas como las de Popper ,41 Bateson42 y Prigogine43 digan que con la ayuda de las cienclas sólo arañamos la superficie.

En suma, el campo propio de las ciencias es «la realidad empírica»; no «la realidad en sí». Olvidar, o descuidar este postulado conduce al reduccionismo cientificista en realidad en SI’». Olvidar, o descuidar este postulado conduce al reduccionismo cientificista en el cual la «realidad» no presenta saltos cualitativos, sino que queda reducida a «lo» cuantificable y objetivo, negando la realidad subjetiva: el hombre. Así, tanto el neopositismo en la figura de Carnap,44 como luego la ntropología estructural decretaron cumplido lo que Foucault afirma de Nietzsche: «más que de la muerte de Dios [… , lo que anuncia el pensamiento de Nietzsche es el fin de su asesino». 4S Por otra parte, la cr[tica a la pretensión ilustrada que partía de una razón universal ha originado la fragmentación de la razon -tal como propugna el pensamiento débi146- escindiendo la cultura a esferas independientes (ciencia, ética, estética) como si cada una de ellas tuviera una fundamentación racional absolutamente independiente sin la más mínima pretensión de alcanzar una teoría unificadora y universal.

Este relativismo defiende que sólo pueden establecerse criterios correctos de comprensión y de acción dentro de un entorno cultural determinado (contextualismo), sin posibilidad de extenderlos más allá del contexto cultural concreto. Nada claro acerca de la verdad y la bondad de nuestras teorías y acciones puede adquirirse. Todo está permitido, y, por tanto en la lógica de lo humano se impone la fuerza o los equilibrios fácticos por encima de la lógica de la razón.

Sin embargo, hemos de afirmar que este relativismo es inhumano. 47 En efecto, en no pocas ocasiones habilita la violencia, firmar que este relativismo es inhumano. 47 En efecto, en no pocas ocasiones habilita la violencia, la falta de respeto a los derechos humanos, y la legitimación de situaciones injustas. Según lo dicho, el conocimiento de la realidad objetiva no es indiferente a la cuestión antropológica, sino que repercute de forma impactante.

De allí se desprende una gran posibilidad: cuanto más el hombre «conoce la realidad y el mundo tanto más se conoce a si mismo como ser único en su género y le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. »48 Este ser particular que es el hombre -por naturaleza- no se contenta con lo novedoso y el cambio permanente, rindiendo culto a lo efímero,49 sno que busca la verdad, sin contentarse con verdades parciales. «Su búsqueda tiende hacia una verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida». 0 pues bien, en esta tarea, la fe cristiana le ayuda ofreciéndole la posibilidad concreta de ver realizado dicho objetivo. «En efecto, superando el estadio de la simple creencia la fe cristiana coloca al hombre en ese orden de gracia que le permite participar en el misterio de Cristo, en el cual se le ofrece el conocimiento verdadero coherente de Dios Uno y Trino. Así, en Jesucristo, que es la Verdad, la fe reconoce la llamada última dlrigida a la humanidad para que pueda llevar a cabo lo que experimenta como deseo y nostalgia. ?51 La razón del hombre, capacitada para conocer el ser de las cosas, «iluminada por la f nostalgia. »51 La razón del hombre, capacitada para conocer el ser de las cosas, «iluminada por la fe, es liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la desobediencia del pecado y encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio de Dios». 52 Pero también, dicha iluminación abre orizontes inesperados para que el hombre se conozca a sí mismo.

En efecto, Jesús nos trae la verdad sobre Él, la verdad sobre nosotros y sobre nuestro destino trascendente. 53 «En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado [… ] Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación». 54 De modo que todo aspecto del humanismo auténtico está estrechamente ligado a Cristo. 55 Él es el hombre pleno querido por el Padre «que realiza en plenitud la xistencia humana». 6 Podemos afirmar que si el hombre fuese excluido del acceso a la verdad, éste se alienaría y perdería su horizonte. De allí que en nombre del humanismo ha de insistirse en que es posible para el hombre conocer la verdad, acceder a ella comprendiendo que la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es Cristo. 57 En Cristo y su historia se encuentra la respuesta a los interrogantes fundamentales de la existencia «¿quién soy? ; ¿de dónde vengo y a dónde voy? ; ¿por qué existe el mal? ; ¿qué hay después de esta por ello podemos afirmar