Arte y pintura en el siglo XIX Ecuador

Arte y pintura en el siglo XIX El paso de la dependencia a la libertad política se dejó sentir en todo el ambiente social de la nueva República. Como contribución directa se impuso el dos por ciento de los haberes individuales. En el Registro correspondiente a 1825, se hace constar la lista especificada de los contribuyentes. Ahí figuran los pintores, los escultores y los plateros. La proporción de bienes registrados indica la situación económica, generalmente escasa, que vivian los artistas. A la cabeza —468. se hallaban, entre los pintores, Antonio

Salas y Diego Benalcázar con el haber de quinientos pesos y la contribución de diez anuales; segura José Olmos, calificado de pintor y escultor, con cuatrocientos pesos y la cuota de ocho; venían luego Javier Navarrete Matías Navarrete, con trescientos y el impuesto de seis con doscientos cincu Mariano González, A Mariano Flor, José Pá doscientos pesos y c an Esteban Riofrío, OF6 spués se hallaban Svipe next pase nioV no lacrés, José Díaz, María Riofrío, con ‘mente, Mariano Unda, Mariano Rodr[guez, Javier Pazmiño, Agustín Vaca, Ignacio

Mora, Joaquín Paz y Baltazar González, con ciento cincuenta pesos de haber y tres de contr Swige to Wen next page contribución. Entre los escultores figuraban

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Manuel Puente, Manuel Jara y Toribio Escorza, el primero con doscientos cincuenta y los dos restantes con doscientos pesos y la cuota de cinco y cuatro, respectivamente. Los maestros plateros constaban todos con tres pesos de impuesto, que correspondían al haber de ciento cincuenta.

Eran Antonio Rui4 Miguel Solís, Juan Mogro, Eugenio Aguirre, José Solís y Aldana, José Antonio Mogollón y Andrés Solano. En 1825 estaba todavía fresco el recuerdo de Manuel Samaniego, quien había muerto y repentinamente el año anterior. Su mujer, Manuela Jurado y Solís, otorgó su testamento el 19 de agosto de 1830, dejando por heredera a su hija Brigida Samaniego, casada con José Fortiml 38. Samaniego era deudo de Bernardo Rodríguez por el apellido materno Jaramillo y, por su esposa, tenía parentesco con los plateros de apellido Solís.

En este ambiente de arte se formó Antonio Salas, quien demostró su afecto a Samaniego, bautizando a una de sus hijas con el nombre de Brígida, que era el de la heredera del maestro. Entre los artistas, Antonio Salas fue favorecido con un don excepcional, el de una descendencia en que perpetuó 469 – su nombre y la afición a la pintura. De su primera esposa doña Tomasa Paredes, tuvo a Ramón, quien fue padre de Camilo y Alejandro, ambos pintores que alcanzaron este siglo y dejaron una sucesión de nuevos ar y Alejandro, ambos pintores que alcanzaron este siglo y dejaron una sucesión de nuevos artistas.

Del segundo matrimonio con doña Eulalia Estrada y Flores nacieron Rafael Salas, becario en Roma, como Luis Cadena y compañeros más tarde en el rofesorado en la Escuela de Bellas Artes, fundada por Garcia Moreno; Diego que optó por la medicina, sin renunciar al ejercicio de la pintura; Brígida, de notable habilidad pictórica y muy cotizada por sus obras de tema religioso y Josefina, madre de Antonio Salguero, tronco, a su vez, de una nueva generación de artistas. or lo visto, de Antonio Salas procede una larga descendencia que se ha prolongado hasta el presente. Antonio Salas ofrece, en su personalidad de artista, el caso típico de la evolución ante las circunstancias de la vida. Nacido antes e 1790 y muerto en 1860, participó del espíritu de la colonia y de la Independencia. De sus Maestros Rodríguez y Samaniego aprendió la pintura, caracterizándose desde el principio por su dibujo y colorido personal.

Del ambiente de la Colonia heredó la temática religiosa, en que hubo de satisfacer a clientes, como se demuestra en los lienzos de la Muerte de San José y la Negación de San Pedro en la iglesia Catedral; el Hijo Pródigo en el Carmen Antiguo; la Dolorosa en el Museo Colonial; los cuadros de la Vida de la Virgen en los claustros de San Agustín y San Francisco de Sales, d 3 Colonial; los cuadros de la Vida de la Virgen en los claustros de San Agustín y San Francisco de Sales, de propiedad particular.

La etapa de la libertad política le ofreció un nuevo tema a su pincel. A vista del artista posaron Bolívar y Sucre y los generales y coroneles que lucharon por la independencia. La galería de estos retratos se exhibe hoy en el Museo Jijón y Caamaño. un episodio singular le amargó la vida con experiencia triste el 19 de marzo de 1824, cuando se disponía a concurrir al Palacio de Gobierno para proseguir una obra de encargo del general Juan José Flores, quiso a suerte que se encontrara con su amigo Antonio López, el cual le convidó a libar unas copas.

Prolongose la tenida hasta medio día, hora en que se acordó que era cila festivo. Oída la misa de mediodía en la Catedral y vuelto a la casa, sacó una daga y, en estado casi de inconciencia, vengó una injuria que la víspera había recibido de una negra llamada Nicolasa Cansino. Procesado ante la justicia fue condenado a cinco años de prisión en el fuerte de Punta de Piedra, que luego se cambió por el confinio en Loja, donde hay memoria de haber dejado algunas obras 139. El 31 de enero de 1852 debe tenerse como una fecha simbólica para el Arte Ecuatoriano.

Ese día memorable se inauguró la sociedad llamada Escuela Democrática de Miguel de Santiag0140 Con el nombre del máximo pint llamada Escuela Democrática de Miguel de Santiag0140. Con el nombre del máximo pintor de la Colonia se organizó una entidad social, que propiciaba el cultivo del arte, pero que no pudo prescindir del ambiente político, que anhelaba la liberación definitiva del influjo del general Flores. Como objetivo de la sociedad se señalaba «cultivar el arte del dibujo, la Constitución e la República y los principales elementos del Derecho Público», bajo el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La Instalación de la Sociedad revistió el carácter de un acontecimiento público. Invitados oficialmente concurrieron a ocupar sus puestos los Presidentes de las Sociedades de la Ilustración, doctor Miguel Riofr[o, y de la Filarmónica, don Baltazar Antonio Guevara. «Abierta la sesión con los señores protector doctor Javier Endara, presidente Ramón Vargas, vicepresidente Juan Agustín Guerrero, noventa y dos socios y el secretario don Fernando Polanco, se leyó y aprobó el acta de la sesión anterior».

Luego una comisión nombrada por el Presidente fue a conducir al Gobernador de la Provincia Comandante don Daniel Salvador, quien acudió con las demás autoridades públicas. Cabe destacar de paso las observaciones sobre la pintura ecuatoriana, que todavía se encerraba en la temática religiosa y en la imitación y necesitaba interpretar la naturaleza y propender a la originalidad. El acto de 5 la imitación y necesitaba interpretar la naturaleza y propender a la originalidad. El acto de pleno matiz artístico fue la intervención de

Zaldumbide con sus versos «A la música» y luego la ceremonia de la coronación, con el discurso del doctor Miguel Riofr[o, Director de la Ilustración. Se procedió luego a la premiación de los triunfadores en la Exposición. Para el veredicto se había previamente designado un jurado calificador, compuesto por Antonio Salas, José Páez y Medrano y José Ildefonso Páez y Juan Pablo Sanz como Secretario. A juicio de esta comisión resultaron acreedores a los premios en el orden siguiente: uis Cadena, por su cuadro La Aldea Campesina. 2. 0- Juan Pablo Sanz, por su dibujo del templo de la Compañía. 0- Agustín Guerrero, por su lámina intitulada El Pudor. 4. 0- Ramón Vargas, por su lienzo que representaba: Dos Profesores de pintura retratándose el uno al otro. 5. 0- Leandro Venegas, por su cuadro Oración del Huerto y sus retratos de los protectores de la Escuela Democrática y de la Filarmónica. 6. 0- Vicente Pazmiño, por sus cuadros de Los Reyes de Judá. 7. 0- Nicolás Alejandrino Vergara, por su miniatura Rosa Elena. Puede advertirse que los temas que preocupan a los pintores fueron, aparte de los motivos religiosos, el retrato y el paisaje.