Anabel lee

Anabel lee gy Natacamargoogc cbenpanR 12, 2016 6 pagos Edgar Allan Poe Hace de esto ya muchos, muchos años, cuando en un reino junto al mar viv[, vivía allí una virgen que os evoco por el nombre de Anabel Lee; y era su único sueño verse siempre por mí adorada y adorarme a mi. Niños éramos ambos, en el reino junto al mar; nos quisimos all[ con amor que era amor de los amores, yo con mi Anabel Lee; con amor que los án eles del cielo envidiaban a ella cua or6 to View nut*ge Y por eso, hace much en aa en el reino ante el m desde una nube sopl para siempre a mi hermosa Anabel Lee

Y parientes ilustres la llevaron lejos, lejos de mí; en el reino ante el mar se la llevaron hasta una tumba a sepultarla allí. iOh sü -no tan felices los arcángeles-, llegaron a envidiarnos, a ella, a mí. Y no más que por eso -todos, todos en el reino, ante el mar, sábenlo así-, sopló viento nocturno, de una nube, robándome por siempre a Annabel Lee. Más, vence nuestro amor; vence al de muchos, con mi esposa radiante Annabel Lee en la tumba,

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ante el mar, Annabel Lee.

El cuervo Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, nclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. «Es —dije musltando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más. » iAh! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor.

Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: «Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún vi que a deshora a mi cuarto a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía. Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más. Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, udando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahi proferida era el balbuceo de un nombre: «¿Leonora? » Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: «iLeonora! » Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. «Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio. » iEs el viento, y nada más! De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos.

Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto 31_1f6 sobre el dintel de mi puert cercenada y mocha —le dije no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. iDime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica! » Y el Cuervo dijo: «Nunca más. Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era.

Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la wsión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: «Nunca más. » Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: «Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas. » Y entonces dijo el pájaro: «Nunca más. Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, «sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tre hasta que su cantinela sólo tido, fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, mpecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pajaro de antaño quer[a decir granzando: «Nunca más. En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ique ella no oprimiría, iay! nunca más! Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. iMiserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! iApura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora! » «iprofeta! » _exclamé_ , icosa diabolica! iProfeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o Sl_1f6 por la tempestad a este re o e impávido, verdad te lo imploro, ?hay, dime, hay bálsamo en Galaad? iDime, dime, te imploro! » Y el cuervo dljo: «Nunca más. » «iprofeta! _exclamé , icosa diabólica! Profeta, sí, seas pájaro o demonio! iPor ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radlante virgen llamada por los ángeles Leonora! » Y el dijo: «Nunca más. » «iSea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! ??le grité presuntuoso. iVuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.

No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja ml soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. En el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su somb