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67530311 1 gy BettySanche702Ho cbenpanp 10, 2016 20 pagcs Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Sistema de Información Científica Jairo Libreros Megalópolis en américa latina Revista Opera, vol. 3, núm. 3, octubre, 2003, pp. 219-230, Universidad Externado de Colombia Colombia Disponible en: http://wvw/. redalyc. org/articuIo. oa? id=67530311 Revista Opera, ISSN (Versión impresa : [email protected] e Universidad Externad ¿Cómo citar? Fascículo completo 1657-8651 PACE 1 or20 Más información del artículo Página de la revista www. redalyc. org

Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto SEGURIDAD 219 centro fundamental de la toma de deci- siones gubernamentales. Su vida comercial, cosmopolita y multicultural atrae la atención de numerosos turistas, empresarios y profesionales extranjeros, dispuestos a invertir su capital. Son las ciudades del presente y el futuro urbano de la civilización. Dieciséis ciudades del mundo comparten esa denominación2. T0ki0 (26. 4), lleva la delantera. Karachi y Manila (10. 0), estrenan titulo. Bombay (16. 1) crece a pasos agigantados. París (9. 6), El Cairo (9. y Estambul (9. 0), se aproximan al umbral. En nuestro continente tenemos seis: dos en el norte, New York (16. 7) y Los Ángeles (13. 2); y cuatro en

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América Latina: Ciudad de México (18. 1), Sao Paulo (18), Buenos Aires (12) y Río de Janeiro (10. 7). Infortunadamente las urbes latinoamericanas padecen problemas enormes. Para quienes aspiran a elevar su calidad de vida en estos lugares, la sobrepoblaclón urbana puede llegar a convertirse en un * Analista político y profesor de seguridad y defensa nacional de la Universidad Externado de Colombia. 1. Borja, J. y Castells, M. (1997). Local y global.

La gestión de las ciudades en la era de la información, Madrid, Taurus; y wmv. discoverychannel. com. 2. Zwingle, E. Ciudades, en National Geographic -En Español-, núm. 5, nowembre de 2002, Bogotá D. C. POLÍTICAS PÚBLICAS Capítulo 1 POLí ICAS PÚBLICAS 2 OF alteraciones del orden público. Sin embargo, el principal problema es la violencia. Todos los días, los vecinos urbanos corren el riesgo de convertirse en víctimas del homicidio, secuestro, hurto, ataques callejeros y de las violaciones a los derechos humanos. Pero este fenómeno no sólo afecta la vida e integridad personal en las megalópolis.

Aquellos delitos también perturban la tranquilidad del 75% de los latinoamericanos que vivimos en las cuarenta ciudades que tienen más de un millón de habitantes. ¿Cuál es la situación del miedo en las urbes de América Latina? Inquietante, en el mejor de los casos. ¿Cómo enfrentar la violencia? La región ha formulado todo tipo de políticas públicas. Desde las autoritarias, cuyo resultado sólo aparece en el libro de las violaciones a los derechos humanos y en rimbombantes propagandas; hasta las democráticas, respetuosas de las libertades públicas. pero necesitamos avanzar, sin crisis humanitaria.

Quizá la respuesta la hallemos en la seguridad tecnológica. I . VIOLENCIA URBANA En América Latina el crecimiento de la población urbana es directamente proporcional al aumento de la violencia» Después de la Segunda Guerra Mundial, se desató el proceso de urbanización en la Gráfico 1 Millones de habitantes en ciudades de América Latin Ciudadanías del miedo, Caracas, Nueva Sociedad. 221 región, por cuenta de la inmigración de los europeos que huían de las miserias del conflicto y, sobre todo, por el traslado vertiginoso de los habitantes del campo hacia las ciudades.

Pero estas localidades staban preparadas para recibir a los nuevos vecinos. Las ciudades comenzaron a crecer sin planificación urbanística. Los nuevos asentamientos humanos se hacinaron sin las condiciones sanitarias mínimas para la subsistencia. Como no había lugar para tanta gente, los alrededores de las ciudades se convirtieron en dormitorios improvisados, después en cordones de miseria; y los espacios públicos terminaron como lugar de desencuentro cudadano, donde la ilusión de forjar una nueva vida se desvaneció con la realidad del desemple05. Con el paso del tiempo aparece la geografía del crimen.

La percepción de eguridad se deterioró por la incapacidad gubernamental para recuperar el espacio público, pero sobre todo con el aumento de la delincuencia y las prácticas represivas de la policía. Para el 2000, las estadísticas anunciaban quince muertes al año por cada cien mil habitantes para toda América Latina. Cada año, en la región mueren ciento cuarenta mil personas de Gráfico 2 ciudad perdida, Quito, Codel. 6. Rotker. Op. cit. POLITICAS PUBLICAS POLí ‘CAS PÚBLICAS 222 modo violento, y cada veinticuatro minutos hay ataques callejeros7.

Sin embargo, la historia de la violencia en nuestras urbes, puede er contada de otra forma. para la muestra dos ejemplos, que pudieron ocurrir en cualquier ciudad de América Latina, megalópolis o no. 1 . 1. El crimen de Avellaneda Corría el 26 de junio de 2002, en la megalópolis de Buenos Aires. La policia mató a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, dos militantes piqueteros, que son los grupos de desempleados argentinos dispuestos a luchar por sus derechos mediante la protesta social y el corte o bloqueo de rutas.

El cura Alberto Apagnuolo dice que los piqueteros son una colectividad política con un derrotero ideológico: «El poder no se toma, sino ue se construye, la idea de una pequeña comunidad que vive inmersa en unos valores diferentes a los del resto de la sociedad, que lucha contra la manera de pensar egoísta, individualista, del capitalismo»8. Los piqueteros estaban listos para un nuevo corte de ruta. Exigían el pago de un subsidio social creado upados de la crisis s OF económica de diciembre piqueteros. La protesta avanzaba sin inconvenientes.

Los manifestantes aprovecharon la ocaslón para expresar el rechazo que sentían por la clase política tradicional, y pedían un cambio de inquilino en la Casa Rosada, porque no se identificaban con Eduardo Duhalde. Por su parte, la policía observaba a lo lejos como crecía el ánimo de los desocupados. De un momento a otro, las partes comenzaron a enfrentarse. De un lado se lanzaban piedras, los otros respondían con gases lacrimógenos y balas de goma. La gresca se desbordó. La represión policial produjo las primeras víctimas.

Alguien había dado la orden a los uniformados de remplazar la salva por balas de plomo. Mientras que unos desempleados eran arrestados, los que seguían en pie de lucha atacaron con sus propias manos a los policías, quienes a su vez reaccionaron on más disparos y en completo desorden por la ausencia de un sistema de comuncaciones que los guiara. La policía empezó la persecución de los heridos que huían del lugar. uno de ellos era Maximiliano Kosteki, piquetero que recibió un disparo en el pecho. Sangraba copiosamente.

Ya en los brazos de uno de sus compañeros, lograron entrar a la es- 7. vmw. lanic. utexas. edu/project/violence/: Rising violence and the criminal justice response in Latin America. 8. Riera, D. Piqueteros, en Gatopardo, núm. 31, diciembre de 2002, Bogotá D. C. 6 OF medios posibles detener la hemorragia y salvarle la vida. Darío Santillán, otro piquetero, permanecía a su lado. Cuando la pollCla irrumpió en la estación le dijo a los demás acompañantes que continuaran la fuga, que él solo se encargaría de proteger a Kosteki. Pero los uniformados entraron a sangre y fuego.

Santillán no alcanzó a recobrarse y recibió una descarga mortal. El tiro salió del arma de dotación del comisario Alfredo Fanchiotti, responsable de la represión policial y quién dio la orden de disparar con proyectiles de plomo en contra de la manifestación. pero el comisario no llegó solo a la estación de Avellaneda. A su lado venía n oficial de apellido Quevedo, quien cerró la jornada con más violencia. Sin pensarlo dos veces, el oficial tomó el cuerpo indefenso del piquetero Kosteki, y lo levantó de las piernas para que se desangrara rápidamente.

Pocos minutos después, llegó la prensa a cubrir el evento. Los dos policías posaron ante las cámaras, convencidos que ésas serían las únicas imágenes que Argentina conocería sobre lo ocurrido. Afortunadamente, una videograbadora registró el crimen de Avellaneda. Las imágenes le dieron la vuelta al mundo. Fanchiotti y Quevedo están tras las rejas. 1. 2. La masacre de los Narezo Corría el 15 de noviembre de 2002 en la megalópolis de Ciudad de México.

Orlando Magaña y un tal Jorge Esteban -sin apellido-, protagonizaron uno de los capítulos más estremecedores en los últimos años en el país pr grandes telenovelas en A de toda una familia, siete en total: Ricardo, el papá; Diana, la madre; Andrea, Diana y Richard, los hijos; y las dos mujeres que trabajaban en los asuntos domésticos de los Narezo Loyola. Pero sobrevivió un testigo, un amigo de la casa, Juan Pablo Quintanag. Los dos criminales y la familia se conocían entre sí. Magaña era vecino de los Narezo y Jorge Esteban, su empleado. Durante años, victimarios y víctimas estaban acostumbrados a cruzarse todos los días.

Magaña, hijo de policía, quien no se dedicaba a nada diferente que aspirar cocaína, miraba con envidia, desde el andén de su casa, sobre todo a Richard a quien le vendió un carro que resultó reportado como hurtado en el registro de automotores de la policía. A pesar de la denuncia, la fuerza pública no reaccionó. Similar sentimiento de envidia les profesaba Jorge Esteban, el chofer de Ricardo Narezo. El indiscreto empleado sabía que su jefe iba a llevar a casa una importante suma de dinero para adquirir n vehículo. Esa mañana, cuando Maga- 9. Mej[a, F. «La masacre de la familia Narezo», en Gatopardo, núm. 4, marzo de 2003, Bogotá D. C. 224 en mano, los inmovilizaron, después los amordazaron y luego procedieron a tomar los objetos de valor y las tarjetas de crédito. pero en ese momento se percataron de dos novedades. Diana, la hija, estaba fuera de casa. Y Juan Pablo Quintana, un amigo de los Narezo, estaba en el lugar equivocado. ¿Qué hacer? Simplemente traer a la menor de la familia a casa, y mantener en ella al amigo. Magaña salió de la vivienda en compañía de Richard para justificar l encuentro con Diana. En cambio, Jorge Esteban se quedó en la escena del crimen.

Las víctimas quisieron aprovechar esta situación dirigiéndose a los captores para que los liberaran. Pero las solicitudes fueron infructuosas. No lograron convencerlos. por el contrario, todos quedaron más nerviosos. Reunidos de nuevo, los asaltantes y las ocho víctimas, aquellos le exigieron a Ricardo la entrega del dinero destinado a la compra del carro. Nazero se negó. Los insultó y en el acto perdió la Vlda. Magaña le cortó la garganta. Después, el criminal aplicó la misma fórmula con Diana y sus tres hijos. A las dos empleadas y a Quintana, les propinaron un tiro en la cabeza.

Ellas murieron, él quedó mal herido. Los delincuentes desaparecieron del lugar. Magaña en un coche, el que figuraba como hurtado y que nunca fue localizado por la pollc(a, ni siquiera cuando sobrevino el arresto. De Jorge Esteban, no se sabe nada. Las conjeturas que los mexicanos manejan sobre esta masacre van desde un simple ajuste de cuentas por parte del crimen organizado hasta posibles raficantes de drogas, de nacionalidad colombiana. ndo del debate es otro, vínculos con traficantes de drogas, de nacionalidad colombiana. Pero el trasfondo del debate es otro, y ellos lo saben.

Nadie quiere aceptar que su vecino, o un empleado, los pueda matar por unos cuantos pesos, y mucho menos que los policías sean los últimos miembros de la sociedad en percatarse y actuar. 2. SEGURIDAD TECNOLÓGICA En las megalópolis de América Latina, los ciudadanos se juegan su vida todos los días. En los espacios públicos o en la intimidad de su hogar. Las cifras que manejan las autoridades locales son dicientes10. En 2002, el gobierno de Rio de Janeiro reportó cerca de dos mil homicidios, mil seiscientos atracos callejeros, cinco mil saltos a establecimientos de comercio y el hurto de no menos de veinte mil vehículos. 0. Ver en Discovery Channel -televisión por cable-, los documentales Tecnometrópolis, Seguridad extrema y Equipos a toda prueba, julio y agosto de 2003. 225 En el mismo año, el gobierno de Sao Paulo registró veinte mil atracos, doce mil asaltos a oficinas bancarias, trescientos secuestros y el robo de nueve mil vehículos. Y en Ciudad de México y en Buenos Aires, se impone el secuestro express, práctica delictiva que no distingue clase social. Los delincuentes retienen a las víctimas, quienes deben pagar inm su rescate todo el dinero